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» Clarin
Fecha: 25/01/2026 10:20
Con El desvelo de Eros, y entre el arte y la política, Fátima Pecci Carou se pregunta dónde quedó el erotismo en estos tiempos de hiperconexión convulsivos. Y qué posibilidades hay para el amor, para las parejas estables, incluso para el enamoramiento en la economía de la permanente disponibilidad. Aquel título agrupa a un conjunto de pinturas y cerámicas que se exhiben en la galería Cott. Fueron producidas especialmente y mediadas por conversaciones que la artista tuvo a lo largo de todo el año con las curadoras de distintas generaciones, Andrea Giunta (1960) y Danila Desirée Nieto (1994). El tema es abordado cada vez por más pintoras. En esta muestra se fragmenta en tres núcleos, y es intervenido por una serie de citas a la historia del arte: los paisajes ingleses del siglo XVIII, con sus caninos y su vegetación, y los interiores del barroco del siglo XVII que en algunos casos son acá escenarios. Contrastan, a la vez, con referencias de géneros posteriores, como los dibujos animados de los años 30 o el manga moderno, la primera educación de Pecci Carou, según rememora. Hay también un salón de cerámicas eróticas en técnica china, con un auténtico velo tornasolado que hay que correr para ingresar. Licenciada en Artes Visuales, estudiante de Historia del Arte (UBA) y parte de la Asamblea de Trabajadoras del Arte Nosotras Proponemos, Pecci Carou recibió premios, pasó por bienales, museos y galerías de distintos puntos del mundo. En el primer bloque de esta muestra, figuras femeninas pasan tiempo en soledad y halos de luz brillantes las atrapan como sedas brillosas y acuáticas, que reflejan el descubrimiento. Al mismo tiempo, irrumpen en esas escenas las actuales apps de citas: una mujer recostada en un sillón swipea en su teléfono un catálogo viviente de personas que quedan en el aire, remarca la artista. La elección infinita no tiene mucho que ver con el amor, infiere, mientras observa la pieza. Los espacios interiores le interesan porque ahí sucede la intimidad, dice. El bloque del medio tiene que ver con lo consumado: en El amor es una aventura de peligros y delicias, dos mujeres andan en moto como en un paraíso de pasión turquesa. El deseo es eso que perseguís y perseguís, y cuando lo tenes, ¿qué haces?, se pregunta en este diálogo con Ñ. Otra de las parejas, en otra de las obras, es una de adultos mayores, que postula una inquietud sobre el tiempo: Pienso en cómo es el encuentro con el otro cuando ese amor requiere un cuidado, o cómo sostenerlo cuando el cuerpo está frágil y ya no podemos dar lo mismo. En la pared izquierda de esta galería cuelgan las tres pinturas que marcan la última parte, la que Fátima sostiene como el fin del recorrido: las mismas chicas que viajaban en moto en la obra central del bloque previo lloran ahora en un cuarto. Las separa una distancia, una está sentada y la otra parada, esta última sostiene una llave con la que está por abrir la puerta de la casa que las acoge. Recuerdos y proyectos que no fueron flotan en unas nubes verdes a su lado como dimensión paralela, realidad alternativa. En otra pieza, las lágrimas de una joven que habita la eterna espera de un mensaje caen sobre el teléfono. El celular está afectando cómo nos comunicamos con el otro todo el tiempo. La tecnología está muy presente en la muestra. ¿Las apps realmente nos conectan?, apunta. Para las curadoras, a la par de estas transformaciones epocales, Fátima atravesó desde el derrotero de la familia tradicional al miedo a la soledad, la vida de los encuentros desde las apps. Ahora el swipe despliega personas en su vida como un supermercado infinito. En esa hiperabundancia, todo parece reemplazable. Ella propone una etnografía emocional de experiencias que exceden lo autobiográfico y atraviesan generaciones, dicen. ¿Podemos formar una familia desde las citas casuales, existen aún los vínculos estables? ¿Qué sucede con el amor en tiempos en los que parece dominar la crueldad? La sensibilidad social se convierte en botín: proliferan especialistas en manipulación emocional y campañas de desinformación que operan a través de bots para vender servicios a la política, arremeten las investigadoras. La génesis conceptual de este conjunto fue una separación: Cuando volví al mundo del amor y las citas me encontré con que todo había cambiado, pero también había cambiado yo. Otro puntapié fue volver a conectar con el deseo y el erotismo después de haber sido madre y de haber estado en pareja diez años, analiza. La producción acompañó sus inquietudes, pero también lo hizo el blog que creó, El trabajo de buscar ser elegida, en el cual cruzó amor, arte contemporáneo y vida cotidiana. Quise indagar en aquello que sentimos cuando nos elige desde una pareja, un concurso o un trabajo hasta el propietario de un departamento en ZonaProp. Todas esas búsquedas fueron un trabajo, y esa inversión y ese tiempo están a la vez mediados por la tecnología, recalca. En otra pieza dos empleados comparten un ascensor. El hombre parece mandar un audio desde su celular. La mujer también está en lo suyo. Pero la pintura tiene dos registros: el de lo que pasa y el de lo imaginado, que se superpone a eso otro en colores vivos y trazos que dejan entrever un edén de ocio y carnalidad. En contraste, la dureza de sus trajes de oficina, su gris frío y monocromo. Hay mucha falta de deseo y de iniciativa, pasa en todas las edades: hay una gran crisis de los vínculos. En la música es más normal hablar de amor; sentí que en el arte no estaba siendo tan explorado. Cuando empezás a conocer a alguien, al principio esa persona está filtrada por si misma, pero también por vos. Correr el velo es ver al otro como realmente es, y develar ese amor va en contra de la inmediatez que proponen la tecnología y las redes, lleva tiempo, concluye. - El desvelo de Eros - Fátima Pecci Carou - Lugar: Cott, Perú 973 - Horario: mar. a sáb. de 14 a 19 - Fecha: hasta el 7 de marzo - Entrada: gratuita Sobre la firma Newsletter Clarín
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