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  • Raúl Guglielminetti, el espía menos secreto, condenado por asesinatos y torturas, que adoraba las esvásticas

    » La Nacion

    Fecha: 22/01/2026 16:32

    Raúl Guglielminetti, el espía menos secreto, condenado por asesinatos y torturas, que adoraba las esvásticas Fue, durante mucho tiempo, el espía menos secreto de la Argentina. Sin embargo, a Raúl Antonio Guglielminetti nunca pareció incomodarle su fama. Concedía entrevistas a diarios y revistas. Posaba en su chacra de Mercedes, junto a sus animales. O en el living de su casa de Acassuso, sosteniendo una bala de cañón o junto a una vitrina decorada con cruces esvásticas. No soy nazi ni mucho menos. Las esvásticas tienen un trabajo artístico que me gusta. Tienen buen diseño, ¿no?, decía con tono provocador. Más tarde apareció también una foto donde se lo veía luciendo insignias y símbolos del Tercer Reich: Fue un chiste, en una reunión con amigos, se justificó. Todos conocían su nombre de guerra: Rogelio Angel Guastavino. Fue personal civil de inteligencia del Ejército e integró el Batallón de Inteligencia 601. Sin formación militar, se hacía llamar mayor Guastavino. También realizó trabajos para la SIDE y fue personal de seguridad de Casa de Gobierno. Su historia, estremecedora, se repite como leyenda. Nació el 2 de noviembre de 1941 en Buenos Aires. Comenzó su trabajo como espía en Neuquén, donde usaba como coartada un carné de periodista del diario El Sur Argentino y de la radio LU5. También fue contratado para la Universidad de Comahue. Después, durante la dictadura militar, participó activamente de la represión ilegal. El 24 de marzo de 1976, día del golpe de Estado que dio comienzo a la dictadura más sangrienta en la historia argentina, Guglielminetti detuvo al maestro Orlando Balbo. Lo interrogó en La Escuelita, el centro de torturas y exterminio que ya funcionaba en el Batallón de Ingenieros 188. Balbo sobrevivió gracias a las gestiones del obispo Jaime de Nevares. Muchos años después, pudo declarar en la Justicia. Fue el primer testigo citado por el tribunal que enjuició a Guglielminetti. Pero necesitó traductor de señas porque las torturas que le aplicó Guglielminetti personalmente lo habían dejado sordo. A través de distintos juicios, Raúl Guglielminetti fue condenado por homicidios, secuestros, tormentos, tenencia de armas de guerra, guerra, robo, estafa... Sin embargo, durante años, se manejó con una impunidad pasmosa. Fue cuando concedía entrevistas, posaba como un artista y repetía aberraciones como nunca secuestré para pedir plata. Con el regreso de la democracia, Guglielminetti fue incorporado a un grupo de inteligencia que funcionó en Leandro N. Alem 218. El nuevo organismo, conocido como la SIDE paralela, fue creado por el gobierno radical para evitar a los servicios históricos que habían participado del proceso militar y vivían, lógicamente, bajo sospecha. El proyecto Alem 218 duró un suspiro y en Casa de Gobierno nadie pudo explicar cómo se les infiltró el mayor Guastavino... Más increíble aún, Guglielminetti formó parte de la custodia del presidente Raúl Alfonsín. Las fotos de la época lo muestran caminando a su lado en distintos actos y en Casa Rosada. En realidad, desde marzo de 1978 integraba la Agrupación Seguridad e Inteligencia de la Casa Militar y había escoltado a otros presidentes, como Reynaldo Bignone, el último de facto en la historia del país. Durante un tiempo, nadie le pidió explicaciones por los crímenes que cometió durante la dictadura. Su principal dolor de cabeza fue haber sido acusado de haber participado en el intento de secuestro y asesinato del empresario Emilio Naum, el 22 de julio de 1984. Curiosamente, Raúl Guglielminetti apareció en la escena del crimen al mismo tiempo que la policía. Hay fotos suyas dando vueltas alrededor del BMW del dueño de McTaylor. Siempre se dijo inocente, insistía que la casualidad lo llevó hasta allí: Venía de mi casa, iba a Alem 218. Como oficial de inteligencia, nunca repito el camino. Y de pronto me crucé con una boleta terrible. Se convirtió en el principal sospechoso. Cuando se sintió acorralado por la Justicia, escapó. En junio de 1985, Raúl Guglielminetti fue arrestado en Marbella y deportado. Compareció ante el juez que atendía la causa por el secuestro de Emilio Naum, pero fue inmediatamente liberado y absuelto. Fue en ese contexto que debutó en los medios de comunicación como un entrevistado arrogante e impune. Cuando su imagen trascendió al público, cuando se convirtió en el espía secreto más conocido, comenzaron a lloverle todo tipo de denuncias. La mayoría refería a su pasado como parte del aparato de represión ilegal, pero también estaban quienes lo asociaban a bandas de delincuentes, principalmente secuestradores, conformada por la mano de obra desocupada de los servicios de inteligencia. Lo acusaron de haber participado en los secuestros que más impactaron en la opinión pública. Dijeron que estaba con la banda de Aníbal Gordon cuando raptaron a Guillermo Patricio Kelly. Se dijo sin comprobarlo jamás- que en el sótano de su quinta había estado secuestrado Enrique Menotti Pescarmona. Se lo asoció con el secuestro del hijo del empresario Meller, pero no como autor de delito, si no por haber mejicaneado a los secuestradores. Cobró dos millones de dólares de rescate. Y el ex subcomisario José Ahmed, alias El Turco, integrante de La Banda de los comisarios que secuestró, entre otros, a Mauricio Macri, se refería a Guglielminetti como un jefe natural. Su defensa, en una entrevista con la periodista Gabriela Cociffi, en 1986, demuestra su nivel de impunidad. -¿Acaso usted nunca secuestró?, preguntó Cociffi. -Secuestros extorsivos ninguno la lucha contra la subversión fue otra cosa, si a eso usted hacía referencia. Otra cosa. Pero no secuestro gente para pedir rescate. Extorsivos ninguno yo no hago esas porquerías, respondió Guglielminetti. Un año más tarde, en Madrid, en una nueva entrevista, esta vez con Alfredo Serra, maestro de periodistas, volvió a hablar de los secuestros: Si los casos Sivak, Pescarmona, Lanusse, Meyer hubieran caído en mis manos, los hubiera sacado adelante. Los medios que tendría que haber utilizado son los que le repugnan al común de la gente ¿Qué medios? Dejalo ahí, ese es mi trabajo. Sólo te digo que hay dos maneras de llegar a la verdad, de interrogar: una es de pie y la otra acostado, dijo. Se convirtió, por un tiempo, en un fantasma. No fui un represor, sí un agente que estuvo en una guerra, decía. Volvió a Madrid donde dijo, pero nadie le creyó, que quería poner un restaurante. Las crónicas periodísticas de la época relatan, con sorpresa, el nivel de las casas que alquilaba y los autos que utilizaba. Decían que jamás podía justificar semejante fortuna. En 1987 fue encarcelado por primera vez, condenado a seis años de prisión, pena unificada por tenencia de armas de guerra (encontradas en su quinta de Mercedes) y un robo. Fue liberado en agosto de 1991, tras cumplir las dos terceras partes de su condena, pero apresado tres meses después, cuando se preparaba para fugarse de su casa de Acassuso, acusado de estafa. Durante un tiempo, amparado por la Ley de Obediencia Debida, ignoró las acusaciones referidas a su actuación durante la represión ilegal. En agosto 2003, el gobierno de Néstor Kirchner anuló las leyes del perdón (Punto final y Obediencia Debida). Sin embargo el arresto del mayor Guastavino se demoró tres años más... El miércoles 9 agosto de 2006, finalmente, por la mañana, Raúl Guglielminetti fue apresado por una comisión de Interpol en su casaquinta La Mapuche, de 13,9 hectáreas, en Mercedes. Fue en el marco de la causa por desapariciones en Automotores Orletti. Por esa causa fue condenado a 20 años de prisión. Pero poco después, en 2021, fue sentenciado a prisión perpetua por homicidios, secuestros y tormentos en el centro clandestino Escuelita VII-Taffarel, en Neuquén, y en sucesivos procesos fue condenado a 25 años de cárcel en 2010 por hechos cometidos en diversos centros ilegales de detención de la ciudad Buenos Aires; a diez años en 2022 en el juicio Chavanne, y a ocho años de prisión en 2016 en el caso Escuelita IV-Castelli, en Neuquén. Nunca más salió. Sobre su trabajo como agente de inteligencia, decía: Cuando los gobiernos que en determinado momento tienen problemas graves cuando se agota el camino de la diplomacia o hay que preparar el camino de la guerra- entonces es ahí donde actúan los servicios de inteligencia. Y exigirle después a los servicios transparencia en todo su accionar me parece un poco ingenuo. Los servicios de inteligencia bucean siempre en las aguas más turbulentas. No se hace inteligencia ni en la catedral ni en la Biblioteca Nacional, ni en un colegio de monjas. La última foto La última imagen de Raúl Guglielminetti que trascendió a la prensa fue tomada el 11 de julio de 2024 en el Complejo Penitenciario Federal I, ubicado en el partido de Ezeiza. La fotografía, testimonio de la visita de seis diputados de La Libertad a militares y represores condenados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, desató un escándalo político. Y derivó en la primera fractura del bloque oficialista. En el fondo del grupo, cerca de Alfredo Astiz, al lado de Honorio Martínez Ruiz (alias Pajarovich, condenado a perpetua por crímenes en Automotores Orletti), algo tímido, asoma media cabeza Raúl Guglielminetti. Fue su último retrato público. Murió en su quinta de Mercedes, donde fue trasladado en el mes de septiembre de 2025, con problemas de salud. Lo cuidaban su esposa y uno de sus cuatro hijos. Durante un tiempo se dijo que era custodio de un archivo de los servicios de inteligencia, que guardaba detalles nunca revelados de la represión ilegal. Jamás fue comprobado. De ser cierto, se llevó el secreto a la tumba.

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