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» TN
Fecha: 22/01/2026 09:53
Durante años, el binge-watching ver varios episodios de una serie de manera consecutiva cargó con una reputación negativa, asociada al sedentarismo, la falta de sueño y el aislamiento social. Aunque hoy muchas plataformas prefieren hablar de maratones para darle a la situación un tono más amable, la pregunta sigue abierta: ¿qué hay detrás de este consumo intensivo de series? Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Huangshan, en China, aporta una mirada que pone el foco en la salud emocional. Según sus hallazgos, quienes realizan maratones de series con frecuencia podrían estar atravesando sentimientos de soledad y utilizando este hábito como una forma de afrontamiento. Cuando mirar series se vuelve una forma de escape El equipo de investigación analizó el comportamiento de personas durante y después de los confinamientos por la pandemia de COVID-19, un contexto que intensificó el aislamiento social en gran parte del mundo. En ese escenario, observaron que el 60% de las personas encuestadas describió el consumo excesivo de series como una vía de escapismo. Los adictos a los maratones de series podrían estar evitando situaciones negativas y, al mismo tiempo, buscando aumentar emociones positivas, señalaron los investigadores. Es decir, mirar series de manera compulsiva no necesariamente responde solo al disfrute del contenido, sino también a la necesidad de regular estados emocionales difíciles. El estudio encontró que las personas con mayor tendencia al binge-watching manifestaban con más frecuencia sensaciones de aislamiento, falta de vínculos cercanos y menor red de apoyo social. En contraste, quienes no mostraban signos de consumo problemático de series no reportaban esos mismos niveles de soledad. Asociación no es lo mismo que causa Un punto clave del trabajo es que los investigadores fueron claros en marcar los límites de sus conclusiones. Si bien detectaron una asociación entre maratones de series y soledad, aclararon que no pudieron establecer una relación causal. Leé también: Maratones de series: así afecta a la salud ver varios capítulos seguidos Esto significa que el estudio no determina si la soledad lleva a ver series en exceso o si el hábito de estar frente a la pantalla termina profundizando el aislamiento social. Tampoco se descarta que ambas situaciones se retroalimenten. Además, el análisis se centró exclusivamente en el consumo de series y no incluyó otros formatos digitales de visualización continua, como videos en plataformas sociales. Según los autores, este tipo de consumos también podría funcionar como una forma de atracón, pero no fue evaluado en esta investigación. Entre el disfrute y el bienestar emocional El binge-watching no es, en sí mismo, una conducta patológica. De hecho, otros estudios han mostrado efectos positivos del consumo de series en determinados contextos. En agosto del año pasado, una investigación de la Universidad de Georgia sugirió que mirar series en exceso podría ayudar a mejorar la memoria y la capacidad de manejar el estrés. La clave, entonces, no estaría solo en cuánto tiempo se pasa frente a la pantalla, sino en para qué se utiliza ese tiempo. Cuando las series funcionan como una actividad placentera compartida, un momento de descanso o una elección consciente, el impacto es distinto a cuando se transforman en la única vía para evitar el contacto social o anestesiar emociones persistentes de soledad. El fenómeno también está ligado a la forma en que las plataformas distribuyen los contenidos. Desde que en 2013 se lanzó en streaming la primera serie original con la temporada completa disponible desde el primer día, el consumo en modo maratón se volvió una práctica habitual. Aunque muchas producciones aún estrenan episodios semana a semana, el modelo de todo junto favorece este tipo de visualización prolongada. Mirar series puede ser una fuente de disfrute, conexión cultural y descanso. Pero cuando se convierte en la principal respuesta frente a la soledad, el aburrimiento o el malestar emocional, vale la pena detenerse y preguntarse qué necesidad está cubriendo. Reconocer el sentido que tiene el consumo de pantallas en la vida cotidiana es un primer paso para cuidar la salud mental sin demonizar hábitos que, usados con equilibrio, también pueden ser una forma legítima de bienestar.
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