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» La Nacion
Fecha: 18/01/2026 08:51
¿Qué hubieras hecho con el dinero?, es la pregunta relevante ¿Qué pronosticaría usted que le ocurriría a un casino si, en la ruleta, los apostadores pudieran ubicar sus fichas una vez que la bola se hubiera ubicado en determinado casillero? Seguramente que pronosticaría la bancarrota de la sala de juegos. Pero, ¿no es algo parecido a lo que está ocurriendo en la liquidación de algunos juicios laborales, donde el monto nominal originalmente en disputa es actualizado por el índice más favorable al trabajador con el diario del lunes? Al respecto, conversé con el norteamericano James Newton Morgan (1918 - 2018), quien estudió en las universidades Northwestern y Harvard, y enseñó en las universidades Brown y de Michigan. ¿Por qué es usted recordado entre los economistas? Porque durante la década de 1960 desarrollé search (búsqueda), un programa para el análisis de datos, por lo cual a partir de 1968 me transformé en el primer director de Estudios de panel de la dinámica del ingreso, iniciativa que permitió analizar la evolución en el tiempo de 18.000 hogares. Cuando fallecí, se dijo de mí que exploró e iluminó, en vez de ignorar, la complejidad de las estructuras del comportamiento humano; sus trabajos siempre le prestaron atención al resto de las ciencias sociales. Además, a lo largo de su carrera mostró que el diseño y la recolección de los datos constituyen una parte integral del análisis económico. Es autor de 5000 familias americanas. Sendas de progreso económico, publicado entre 1972 y 1983. Como los juicios laborales no se desarrollan en un instante, en economías inflacionarias es preciso ajustar el monto nominal en litigio. Es lógico, particularmente en un país como la Argentina, en el cual las disputas laborales insumen años antes de ser finalmente zanjadas. La cuestión es la variable que se utiliza para actualizar el valor nominal original. Efectivamente. En un país donde todos los precios se modificaran al mismo ritmo, y donde todas las oportunidades de inversión tuvieran la misma rentabilidad, el problema no existiría. Es más, en un país en el cual todos los precios se movieran a la misma velocidad, ¿para qué queremos el Indec si observando la evolución de cualquier precio sabríamos cual fue la tasa de inflación? Tal país no existe, y la Argentina es un buen ejemplo de extrema heterogeneidad en materia de cambios en los precios relativos y oportunidades de inversión diversas. ¿Por qué estamos conversando sobre esta cuestión? Porque en una economía inflacionaria, fallar a favor del trabajador implica que los jueces eligen la variable que aumentó más, entre el momento en que se produjo el hecho que generó el litigio, y aquel en el cual el empleador tiene que abonar. Criterio que tanto se puede plantear en el caso de variables conocidas como en el de la mera conjetura. Explíquese. En los últimos tiempos tanto el precio del bitcoin, como el del oro, aumentaron mucho más que el precio del dólar, los precios al consumidor, los salarios, etc. Además de lo cual, a la luz de los resultados, el trabajador podría argumentar que si hubiera cobrado la indemnización al contado hubiera instalado una fábrica de colchones, cerca de Bahía Blanca, cuya demanda aumentó de manera notoria como consecuencia de la inundación. En este plano la imaginación del lucro cesante es infinita. ¿Qué debería hacer el trabajador en el momento en que comienza el juicio? Declarar qué hubiera hecho con el dinero, si hubiera cobrado al contado. Porque, siguiendo con el ejemplo del casino, esto es equivalente a poner la ficha en rojo, o negro, y jugársela. No degrade una disputa laboral, equiparándola con una jugada en un casino. No degrado nada, ambas situaciones son iguales desde el punto de vista de cómo se procesan los riesgos y las incertidumbres. ¿Qué ocurriría si un trabajador, al comenzar el juicio, elige una alternativa que resulta tan valiosa que luego es imposible de pagar? Joderse, como dirían los españoles; pero le aclaro que aunque se trata de un escenario posible, resulta muy poco probable. ¿Por qué dice eso? Porque la enorme mayoría de los seres humanos, en la enorme mayoría de las situaciones, somos adversos al riesgo. En 1948 Milton Friedman y Leonard Jimmie Savage lo explicaron de manera nítida, señalando que la enorme mayoría de los seres humanos, de repente jugamos algún billete a la lotería o a la quiniela, pero principalmente procuramos tener nuestras casas. Cabe esperar que, si se implementara mi propuesta, la enorme mayoría de los trabajadores elegiría algún índice de salarios, o de precios al consumidor. El Banco Central acaba de crear la Tasa de Intereses Moratorios (TIM), aplicable a juicios comerciales y laborales. Ignoro los detalles, pero supongo que busca que cualquier índice financiero que se utiliza para actualizar montos nominales no sea alimentado por las tasas de interés más extremas. Pero debería ser utilizado en la órbita judicial comercial, más que en la laboral. ¿Y si en el momento en el cual comienza un juicio laboral el trabajador está endeudado? El dinero es fungible, de manera que el asalariado argumentará que, como consecuencia del despido, dejó de pagar la deuda y se acumularon intereses, o perdió el bien para el cual se había endeudado. Otra vez, no descarto casos individuales, pero como criterio general la evolución de las tasas de interés no es un buen criterio para actualizar montos en los litigios laborales. El Congreso Nacional está a punto de discutir un proyecto de reforma laboral. Buena idea, pero no nos detengamos en la enunciación de los grandes principios: ni para alabar lo que se está por aprobar, ni para desestimarlo de plano. Como bien se dice, con frecuencia el Diablo está en los detalles. ¿Qué significa esto? Que para mejorar la realidad, es preciso contar con diagnósticos precisos. Volviendo a lo que motivó esta conversación; ¿es un problema de legislación, de jurisprudencia, de discrecionalidad de determinados jueces, la forma en que se actualiza el monto en un juicio laboral? El interrogante es pertinente porque no está clara la medida en que los cambios en la legislación pueden modificar la práctica judicial. Al respecto, Daniel Kahneman, Olivier Sibony y Cass Robert Sunstein son contundentes. Así es. Al comienzo de Ruido: una falencia en la evaluación humana, argumentan a favor del uso de la inteligencia artificial mostrando el nivel de discrecionalidad exhibido por un conjunto de jueces, a quienes se les proporcionó la misma información, referida a un caso en el cual la persona fue encontrada culpable, y se les pidió que fijaran la pena. Oscilando entre varios meses y varios años. No me gustaría que me dictara sentencia un robot, pero... Don James, muchas gracias.
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