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» Clarin
Fecha: 18/01/2026 07:30
En plena temporada alta, el desorden es el verdadero protagonista cada noche en la terminal de Buquebus de Puerto Madero, sobre la avenida Antártida Argentina, a metros del Río de la Plata. La pantalla del hall informa el arribo de dos barcos a Buenos Aires. Uno procedente de Colonia a las 22 horas y otro de Montevideo, a las 22.30. En el interior, muchas personas se sientan a esperar a sus familiares. El primero llega con veinte minutos de retraso y completo. Las compuertas se abren y lo que debería ser una salida fluida de pasajeros se convierte rapidamente en un cuello de botella. El cansancio, el amontonamiento de valijas y la ansiedad por llegar a casa se apoderan del lugar. No podía zarpar. Hoy el barco vino lleno y con 20 minutos de retraso. Muchas veces no me agarra el viaje en esta zona y eso que estoy cerca. La salida se satura, podés estar 20 minutos o media hora, esperando, cuenta Cristian a Clarín, que viaja seguido a Colonia por trabajo. Cristian viajó en el Buquebus que debía llegar a las 22 desde Colonia. No es una excepción. Para muchos pasajeros, el problema no es el cruce del Río de la Plata, sino todo lo que pasa después. Florencia también acaba de bajar del Buquebus desde Colonia. Viaja entre dos o tres veces por mes por trabajo. Gracias a la experiencia, aprendió a anticipar el desorden. En realidad desde que bajamos al barco es bastante ordenado, a veces como que se acumula gente ahí en la parte del escáner. Y después en la salida se amontona mucha gente porque cuesta conseguir Uber y sale todo el mundo esperando para que llegue el remís, señala la joven. Para evitar quedar atrapada en la marea humana, Florencia tiene su propia estrategia. Generalmente, me avivo y pido el Uber en cuanto bajo del barco porque si esperas llegar acá, es un montón de espera después. Más ahora, en enero viaja mucha gente y esto tiene que ver porque en el barco abren y salen todos juntos. Primero salen los que pagan VIP o business y después el resto de los mortales, explica. Pero un testimonio que grafica el caos que se vive después de la llegada de cada barco es el de Manuel Buscalia, quien viaja a Uruguay cada dos meses por trabajo. Allí se dedica a la producción de sesiones musicales y contenidos publicitarios en un espacio llamado Portal Bosque, donde se realiza la Portal Session, un ciclo por el que pasan músicos muy conocidos. Un trabajo que lo obliga a cruzar el río con frecuencia y que lo enfrenta al desorden que se genera cada vez que desembarca. La vuelta es un desastre. Se juntan todos, hoy la fila era como de cinco cuadras, una cola de serpiente. No había lugar ni para moverse, no había aire, dice a Clarín. Para él, no es un episodio aislado, sino una escena que se repite cada vez que viaja con Buquebus. Cada vez que vuelvo en buquebus, o sea, es igual. La verdad está cada día peor. Cada vez que viajo es peor, explica Manuel. Y agrega: La vez pasada me pasó que hay una fila para llegar a migraciones, y es un pasillo angosto del ancho de hombros, y nos quedamos trabados ahí como 40 minutos. El espacio que tienen es muy chico para su capacidad. Puertas angostas, pasillos estrechos, familiares esperando dentro de la terminal y controles que no funcionan como deberían. Un combo perfecto para una salida caótica. Cambios de horarios y fallas en los controles Desde Buquebus no quisieron brindar declaraciones ante la consulta de este medio. Sin embargo, algunos empleados hablaron al ser consultados en su lugar de trabajo, en la terminal de Puerto Madero. Por la cantidad de gente que hay se llena todo porque está en obra, están agrandando. Igual es mucha gente, son 1.100 personas por barco, explican empleados de la empresa. Desde el sector del área de transporte, aportan una mirada más amplia sobre el problema. Según cuentan, en los días de temporada alta es posible que se generen algunas demoras a veces por falta de documentos, cambios de fechas y horarios o por defectos propios. A veces es falta de personal en controles de aduanas o en migraciones pero no ha habido problemas de gravedad, señalan. Y apuntan especialmente al sistema de control de scanners e identificación facial a cargo de la empresa privada Veridos S.A. El software que utilizan sería otro de los elementos que estaría provocando demoras adicionales en todo el proceso. Mientras tanto, en Puerto Madero, los pasajeros salen en oleadas con sus valijas. La mayoría busca señal y actualiza aplicaciones de transporte, mientras esquiva la serpiente humana que se forma en la salida. El barco llegó, pero para muchos el viaje a casa recién empieza. PS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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