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  • La influencer siniestra: daba consejos de crianza y fue condenada a 30 años de prisión por abusar de menores

    » TN

    Fecha: 17/01/2026 05:41

    ¿Cuál es el límite para la maldad y la locura humana? ¿Cuánto puede sorprender la realidad? ¿Cuántas veces la realidad puede hacer sonrojar al mejor guionista? Jodi Hildebrandt era terapeuta y coach de vida (así se hacía llamar: en este hemisferio vendría a ser coach ontológico). Tenía un sitio web muy visitado en el que daba consejos sobre cómo criar hijos. Ella no tenía ninguno pero eso no le parecía un obstáculo. Su socia en ese emprendimiento era Ruby Franke que tenía seis hijos y había sido una youtuber exitosa mostrando el día a día de la crianza de su familia numerosa. Leé también: Lo recibían con sonrisas y él los mataba: el médico que se convirtió en el mayor asesino serial de Inglaterra Hoy las dos están en la cárcel y enfrentan una condena de 30 años de prisión. Fueron encontradas culpables por maltratar y abusar de dos de los hijos menores de Ruby Franke. Un chico de 12 y una nena de 10. Los sometieron a un trato inimaginable, atroz. 30 de agosto de 2023. Un nene toca la puerta de una casa desconocida. Tiene 12 años pero parece menos. Pide algo de agua y comida. Se está muriendo de hambre y de sed. Literalmente. No hace falta ser médico ni pedir un análisis de laboratorio para descubrir que está famélico. En su cara hay vergüenza y tristeza. Es la tercera puerta que golpea. El chico es como una aparición. Es Ivins, un pueblo de Utah de unos cientos de casas lujosas en medio de un terreno desértico, cactus y algunas montañas de fondo. Un hombre mayor sale a hablar con él. Hay cierto recelo. No entiende qué es lo que está sucediendo. Pero ve lo evidente: el chico está en mal estado. Le pide que se siente y le cuente qué pasa, cómo llegó hasta ahí. Le cuenta que se escapó de la casa en la que vive. La esposa del señor sale con un vaso de agua y algo de comida y le ordena a su marido que llame a la policía. El hombre habla con el 911, narra la situación, describe el estado del chico, responde preguntas hasta que le preguntan si tiene heridas. El hombre, siempre con el celular en la oreja, camina hacia el chico que está siendo atendido por su esposa. Ve las heridas y los vendajes con papel film que tiene en brazos y piernas muy finitos -raquíticos-, esas heridas profundas cubiertas por un extraño ungüento y mientras trata de transmitirle eso a la operadora del 911, se pone a llorar. La policía llega de inmediato. También una ambulancia: urge que el chico sea atendido por médicos. Está desnutrido, golpeado, con laceraciones en todos los miembros. Cuenta que se escapó de la casa de Jodi Hildebrandt donde también vive Ruby Frankle, su madre. Y que su hermana de 10 años todavía está en la casa y que corre peligro. Los policías le creen de inmediato. Solo hace falta ver el estado del chico y sus ojos vacíos, vencidos, con la opacidad que provoca un dolor inexplicable. Rápido, los investigadores consiguen una orden de allanamiento con el único fin de rescatar a la chica de la casa, por el peligro para su vida. Los recibe Jodi Hildebrandt, la dueña de casa. Duda cuando le preguntan si hay alguien más en la casa, si hay una nena de 10 años. La mujer tiene el teléfono en la mano y se comunica con su abogado. Los policías están acompañados por alguna fuerza de combate tipo Swat. No esperan la respuesta de Jodi. Buscan habitación por habitación, hasta que llegan a un vestidor y encuentran a la chica sentada, sin moverse y aterrada. No habla. Está paralizada y no confía en nadie. Todavía no sabe que esos hombres y mujeres que no conoce la están alejando del infierno. Leé también: Buscaba un medicamento para el corazón y creó el LSD: el error de un científico que cambió a una generación La historia de Jodi Hildebrandt, Ruby Frankle y sus abusos volvió a los medios gracias al estreno en Netflix del documental La Influencer Siniestra: la historia de Jodi Hildebrandt. Esa secuencia del nene de 12 años pidiendo ayuda y de la hermana rescatada está mostrada con las cámaras de seguridad y las go pro de los policías. Unas semanas antes subió Disney+ El Diablo en la Familia: El Caso de Ruby Frankle, una miniserie documental de tres capítulos que trata el mismo caso a través de los testimonios del marido y de los dos hijos mayores de Ruby Frankle. Jodi Hilbebrandt era terapeuta. Contaba con el apoyo del obispo mormón de la Iglesia de Jesucristo de Los Santos de los Últimos Días Muchos de los fieles eran derivados por el religioso hacia Jodi. En algún momento se transformó en coach de vida. Mucho después se supo por qué dejó de promocionarse como terapeuta; tenía la matrícula suspendida por violar el secreto profesional: comunicó al trabajo y a la familia de un paciente una supuesta adicción de éste a la pornografía. La especialidad de Jodi pasaron a ser las relaciones de pareja. La mayoría de las parejas jóvenes de la comunidad mormona que atravesaban alguna crisis la consultaban. Ella muy rápidamente se ganaba su confianza- en especial la de la mujer- y comenzaba a tener mucha influencia en la dinámica de esos matrimonios. En poco tiempo solía convencer a la mujer que el marido era adicto a la pornografía (calificaba como tal el que consumía pornografía al menos una vez al año) o un perverso (calificaba como tal el que de tanto en tanto deseaba tener relaciones sexuales con su esposa). La solución que solía imponer era que el marido dejara el hogar conyugal hasta que se recuperara. Un alejamiento preventivo. Ella era la que determinaba cuándo el hombre estaba para el alta y reanudar la vida matrimonial. Pero eso se postergaba indefinidamente y hubo hombres que pasaron más de dos años alejados de su esposa y sus hijos. Jodi vivía muy bien. Tenía muchos pacientes. En honorarios recaudaba alrededor de 50.000 dólares al mes. Su casa, en la que encontrarían a los chicos abusados, valía alrededor de 5 millones de dólares. Los Franke, Ruby y Kevin, llegaron al consultorio de Jodi. Hasta ese momento, eran influencers de crianza. Ruby llevaba adelante un Vlog en el que mostraba la vida cotidiana de su familia. Se llamaba 8 Passengers. Sus hijos tenían entre 2 y 12 años. Tuvo mucho éxito. Llegó a tener 2 millones de suscriptores y más de mil millones de visualizaciones acumuladas. Una estrella de las redes. La familia populosa llamaba la atención y divertía con sus historias. Ruby hablaba del poder de una madre y de disfrutar de los chicos tal como son. Hasta que los usuarios comenzaron a notar que los métodos de crianza eran muy estrictos y a veces excedían los límites. El hijo mayor contó que lo castigaron haciéndolo dormir durante varias semanas sobre un puff fuera de su habitación por haberle hecho una broma pesada a uno de sus hermanos. En otra ocasión dejó sin almuerzo a la hija de seis años. Muchos de los seguidores comenzaron a quejarse y hasta abrieron un change.org para que las autoridades tomaran cartas e hicieran una inspección en la casa. En ese tiempo Jodi, además de sus consultas privadas, tenía un programa en la web llamado ConneXions en el que instaba a la gente a vivir en la verdad. Se acercó a la familia Frankle como consejera. Comenzó a imponer sus condiciones y a lavar el cerebro de Ruby. Al tiempo se fue a vivir con ellos aduciendo problemas personales. Pocas semanas después había desplazado del dormitorio principal al marido. Era ella la que dormía con Ruby y la que parecía dirigir la casa y la voluntad de Ruby. El marido terminó por orden de Jodi alejado de la casa y de los hijos. Juntas empezaron otro proyecto por la web, eran socias en un sitio en los que daban consejos de crianza. Jodi aspiraba a que la siguieron algunos de los millones de seguidores que Ruby había tenido en su proyecto previo. Leé también: Dirigió Duro de Matar, fue el rey de Hollywood y terminó en la cárcel: la historia de John McTiernan El tenor de la relación entre las dos mujeres es debatido. Jodi le aseguraba el infierno a los que practicaran relaciones homosexuales y a todos los integrantes de la comunidad LGTB+. Proclamaba que era la peor de las perversiones. Pero la relación entre ellas cada vez fue más estrecha. Hasta se mudaron a la casa de Jodi junto a los dos hijos menores de Ruby. Los dos más grandes se fueron a la universidad y los dos adolescentes de 14 y 16 quedaron solos en la casa de la familia Frankle y luego algunas familias amigas se hicieron cargo de ellos. En la casa de Jodi, los dos menores fueron sometidos a condiciones de vida durísimas y a castigos inconcebibles. Se les privaba de comida, los ataban con sogas y, como el varón alguna vez escapó, le sumaron esposas en las muñecas y los tobillos. Para curar las heridas que les provocaban les ponían una mezcla de miel y pimienta de cayena y recubrían la extremidad con papel film que fijaban con tela adhesiva. Al ser detenida, Jodi alegó que se trataba de una persecución en su contra. Negaba su culpabilidad y hablaba de una campaña para perjudicar su imagen. Citaba versículos bíblicos comparándose a profetas incomprendidos y rechazados. El siguiente allanamiento a su mansión fue concluyente. Con las dos mujeres ya en un calabozo, los policías encontraron en la mansión una enorme cantidad de material incriminatorio. En el sótano había una panic room. Un búnker cuya puerta era como la de una gran caja fuerte (Jodi había dicho que esa habitación había estado cerrada durante años y que no recordaba la contraseña); adentro escondidas en un cajón estaban las esposas y las sogas con las que había sido maniatado el chico de 12 años: Jodi las tiró allí cuando se dio cuenta que la policía llegaba a la casa. También encontraron varios cuadernos, los diarios personales de Jodi, en los que registró día a día, y con gran detalle, los vejámenes a los que sometieron a los niños. Una confesión indubitable e inesperada que dejaba poco espacio a la especulación o a una defensa eficaz de las dos mujeres. En esas páginas también planteó la idea de mudarse a una casa en medio del campo -ya había adquirido el terreno- y dejar allí abandonados a los chicos. Otro hallazgo: una enorme cantidad de alimentos no perecederos, de víveres por si llegaba el fin del mundo, circunstancia que Jodi estaba convencida sucedería en breve. Después de negar durante algunos días las acusaciones, Jodi y Ruby aceptaron declararse culpables de cuatro de los seis cargos que les imputaron. Jodi dijo que esquivaba el juicio por amor a esos chicos, para que no tuvieran que declarar y enfrentar la presión del tribunal y a la prensa. Ruby Frankle, abatida, frente a la jueza dijo: Estaba tan desorientada que creía que la oscuridad era luz y lo correcto era incorrecto. Me hicieron creer que este mundo era un lugar malvado, lleno de policías que controlan, hospitales que hieren,agencias gubernamentales que lavan el cerebro, líderes religiosos que mienten y son lujuriosos, maridos que se niegan a proteger y niños que necesitan abuso. Reconociendo que había sido abducida por Jodi. Luego pidió perdón a sus hijos. El día que se conoció la condena que declaró culpable a los dos mujeres y por la que pueden llegar a pasar 30 años en prisión, Shari Frankle, la hija mayor festejó la condena por las redes sociales: Hoy es un gran día. Mi familia y yo estamos muy satisfechos de que se haya hecho justicia. Durante años quisimos alertar a las autoridades que esto estaba sucediendo. El año pasado, Shari publicó unas estremecedoras memorias en la que narró la relación con su madre, los cambios que produjo la llegada de Jodi a su familia, cómo la disgregó y el maltrato y los abusos que se cometían contra ella y sus hermanos. Leé también: El día que volvieron a capturar al Chapo Guzmán: una actriz mexicana, muchos tacos y un túnel bajo la bañera Kevin Frankle, el padre, obtuvo la tenencia exclusiva de los cuatro hijos menores y volvió a vivir con ellos. Un año atrás se casó. Shari compartió las fotos de la nueva boda de su padre en las redes sociales. Ninguno de los Frankle espera con ansias la salida de Ruby de la cárcel. Jodi sigue convencido que es una enviada, una especie de divinidad, que está atravesando una trampa que lo pusieron sus enemigos.

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