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» Clarin
Fecha: 17/01/2026 06:47
Hace unos meses me llegó un libro formidable que no permite olvido, La vida interrumpida (Catarata, Madrid), del venezolano Pedro Plaza Salvati. El autor narra ahí su propia historia como ciudadano de Caracas que regresaba a su país (vive en Barcelona) cuando caía sobre éste (y sobre el mundo) la terrible pandemia del siglo XXI. Todos los días de su vida allí, de regreso por un tiempo que se alargó meses, salió a la calle para contar lo que vivía, para retratarlo, para explicarlo, para tratar de entender la ciudad callada que fue el lugar de su nacimiento. Leí el libro hoja a hoja, marcado por el amor a Caracas de este canario que soy y por la capacidad de Pedro Plaza para trasladar la esencia de su reencuentro. Él es autor de otros libros y ha tenido varios premios, pero este es, me parece, el libro de su corazón. Por eso le pedí que me respondiera a algunas preguntas acerca del país que está ahora viviendo una pandemia distinta, un estupor que aun no tiene nombre propio. --Desde aquel regreso, ¿qué has sentido por tu país? --Cada vez que regreso a mi país, o más específicamente a Caracas, la encuentro distinta, alterada, surrealista. Nunca es la misma que dejaste la última vez. Los sentimientos son pérdida y arraigo al mismo tiempo. --Y aquel momento, que duró trece meses, ¿qué te dio que pensar? --Te respondo con uno de los epígrafes del libro, el de Joan Didion: La vida cambia de prisa. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba. --Aquel recuerdo, leído por tus lectores de otros lugares, producía la sensación de que habías estado dentro de un mundo amargo, pero de ficción. ¿Lo sentiste así? --Ese mundo amargo que parece ficción a algunos lectores es la realidad en mi país. En mis caminatas, el asombro era la regla de cada día. Mi mirada era la de un local pero que, al no vivir en la ciudad, podía distanciarme para notar lo que no ve el ojo acostumbrado a lo absurdo y a la desproporción. --Ahora la realidad es la que acaba de acontecer. ¿Cómo has sentido en esta semana última lo que ahora parece, de nuevo, una ficción? --Siento que al consolidarse un sector duro del chavismo, aliado ahora con Trump, se aleja, al menos temporalmente, la posibilidad de tener un país normal. Quizás sea un mal necesario en esta etapa de transición. --En la prensa española de este último domingo leí algunas opiniones de los que siguieron con Trump la noche del apresamiento de Maduro. Decía Marco Rubio: Es algo histórico. J. D. Vance: Ha dado esperanza a Venezuela. ¿Qué sensación te producen esos comentarios? --Sentimientos encontrados. No deja de ser histórico, sin duda alguna, pero se trata de la reedición de la doctrina instaurada por el presidente estadounidense James Monroe en la que advertía a las potencias europeas no meter sus narices en el Hemisferio Occidental bajo la premisa de América para los americanos. Cabe notar el uso etnocéntrico del que se apropia el lenguaje en Estados Unidos al llamarse a sí mismos americanos. Todos somos americanos. --La escritora Siri Hustvedt se preguntó en El País: ¿Importa saber si al régimen que ha consolidado su poder en Estados Unidos a toda velocidad debemos llamarlo totalitario o fascismo? ¿Cómo reaccionas ante esa pregunta? --Los ojos vendados de Siri Hustvedt es una inquietante y extraordinaria novela, perturbadora, llena de sorpresas que sacude la psique y las emociones del lector. Ella no tiene los ojos vendados para ver la realidad política actual estadounidense. El trumpismo me parece que no se puede encasillar. Trump es un empresario que creció en el mundo de las mafias inmobiliarias neoyorquinas. Es la persona que en El aprendiz sentenciaba sin escrúpulos: ¡Estás despedido!. Imagínate esa forma de pensar siendo ahora gobernante del país más poderoso del mundo y sin balances internos. --Ahora la realidad es la que es, aunque sigue pareciendo una ficción. ¿Cómo la vives? --En general tengo la sensación de un mundo que se derrumba. ¿Podemos llamarlo Nuevo Desorden Internacional? Los acontecimientos, unidos al avance tecnológico en la manera de comunicarnos y la duda acerca de lo real y lo creado a partir de la inteligencia artificial, crea una gran inseguridad. Todo esto es tan abrumador que nos parece una ficción. --Escribiste algunas consideraciones que yo mismo recibí. Te pregunto sobre ellas. Dijiste: La felicidad de ver a Maduro caído duró poco ¿Qué estado de ánimo te mueve ahora como ciudadano venezolano, y como persona, esta rara felicidad? --Me mueve un estado de ánimo oscilante, como los intervalos de un electrocardiograma. Es necesario que regrese la alternabilidad democrática y la separación de poderes al país, que se implante un marco jurídico de manera tal que pueda darse la recuperación de una sociedad devastada. --La soledad de Caracas forma parte de mi imagen de la ciudad desde que leí tu libro. ¿Aquel libro te parece una premonición en este momento? --La soledad de Caracas en los momentos de pandemia me permitió descubrirla cada día en sus calles. Los venezolanos estamos tristemente acostumbrados a grandes acontecimientos que se tornan violentos. Por solo citar un ejemplo, Caracas amaneció bajo el estruendo de un F-16 que rompía la barrera del sonido sobre la ciudad seguido de escenas de bombardeos aéreos en el segundo intento de golpe de estado de 1992. Ahora lo vivido el 3 de enero de 2026. Siempre llega el silencio y la soledad. Luego fingimos normalidad y seguimos adelante. --¿Qué impresión te produce ahora la figura de Corina Machado? ¿Qué se ha roto por ese lado? --María Corina Machado es una líder que se ganó a pulso, esfuerzo, tenacidad y constancia el respaldo popular mayoritario. El merecido Premio Nobel de la Paz se debe a esa constancia y por, siempre de forma pacífica, haber instaurado el sistema de comanditos que permitió recabar las actas de las elecciones de julio de 2024, que se encuentran en custodia en el Banco Central de Panamá. En lo que sí no estoy de acuerdo es que le dedicara el premio a Trump y que además insistiera, semanas más tarde, en entregárselo a pesar de los desplantes que le ha hecho. --En aquellas consideraciones también te referiste a la alegría de la liberación de los presos. Los presos durante años han sido el símbolo de la maldad de Chávez y de Maduro. ¿Qué significan ahora? --Hubo una gran alegría por el anuncio de la liberación de los presos políticos, porque significa un paso gigantesco hacia la normalización de la vida del país. Lo malo es que se ha dado a cuentagotas. --Ahora parecen juntos, o así lo siento, Trump y Chávez ¿Este es un país nuevo o es, como tú sugieres, un protectorado gringo? --En este momento gobierna una alianza entre los dirigentes del gobierno (excepto Maduro) y los representantes de Trump. De proseguir la tendencia de los acontecimientos debería redundar en elecciones libres, la reinstauración de las libertades y la separación de poderes. Con el costo de un tutelaje económico. Pero ¿no es eso acaso preferible a estar sometidos al subimperialismo cubano y a las alianzas con Rusia e Irán? --Dices: Trump no durará toda la vida. ¿Es un consuelo? --Trump se juramentó el 20 de enero de 2025 y le quedan solo tres años de su segundo mandato. Las llamadas Midterm Elections se harán este año, que bien pueden desviar el actual curso de la relaciones de poder en el congreso. --En tu libro combinas el dolor y el regreso. ¿Qué símbolo de aquel viaje y de este momento se guardan en tu corazón? --El espíritu del venezolano. Aunque golpeadísimo, se mantiene y es ello el gancho afectivo y el por qué uno se siente tan bien al llegar al país, a pesar de todos los problemas y adversidades. --¿Y ahora qué?, como dice una canción de Alejandro Sanz, (quien por cierto hace cinco años salió en favor de Guaidó cuando aquella esperanza fallida). --Uno no tiene control de los acontecimientos. Toca esperar, cruzar los dedos y, cada uno con su conciencia y los medios que tiene a su alcance, contribuir al rescate del país. Sobre la firma Newsletter Clarín
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