16/01/2026 01:35
16/01/2026 01:34
16/01/2026 01:15
16/01/2026 01:05
16/01/2026 01:00
16/01/2026 00:51
16/01/2026 00:47
16/01/2026 00:37
16/01/2026 00:27
16/01/2026 00:25
Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 16/01/2026 00:24
Cada 16 de enero, la croqueta deja de ser un simple bocado para convertirse en protagonista mundial. Su historia culinaria, su expansión cultural y su vigencia explican por qué tiene un día propio El Día Internacional de la Croqueta se celebra cada 16 de enero como una jornada dedicada a uno de los platos más versátiles y reconocibles de la cocina popular. Presente en bares, hogares y restaurantes, la croqueta ha cruzado fronteras y épocas sin perder su esencia: una mezcla cremosa, un rebozado crujiente y una capacidad infinita de adaptación. La fecha busca rendir homenaje a un alimento que nació como solución práctica y terminó convertido en símbolo cultural, capaz de representar identidad, memoria y placer cotidiano. El origen culinario de la croqueta y su evolución histórica La palabra croqueta proviene del término francés croquer, que significa crujir, una referencia directa a su característica textura exterior. Su antecedente más remoto se sitúa en la cocina francesa del siglo XVIII, cuando preparaciones a base de bechamel y restos de carne comenzaron a servirse empanadas y fritas. En aquel contexto, la croqueta surgió como una receta funcional, pensada para aprovechar sobrantes y transformarlos en un plato refinado. Con el paso del tiempo, esta preparación se extendió por Europa y encontró en España un territorio fértil para su desarrollo. Allí, la receta fue adaptándose a los ingredientes disponibles y a las costumbres locales. Jamón, pollo, pescado o verduras se incorporaron a la masa, consolidando una versión propia que hoy forma parte del recetario tradicional. La croqueta dejó de ser un plato de aprovechamiento para convertirse en una especialidad apreciada, presente tanto en la cocina casera como en la restauración. La evolución del plato también estuvo marcada por la técnica. La mejora en los procesos de fritura, el perfeccionamiento de la bechamel y la estandarización del rebozado permitieron una mayor regularidad en el resultado final. Esa combinación de sencillez y técnica explica por qué la croqueta logró mantenerse vigente durante generaciones sin perder atractivo.
Ver noticia original