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Concordia » Diario Junio
Fecha: 15/01/2026 20:00
De desconocido a campeón: el misionero que superó a sus rivales y a la desorganización de la Maratón de Reyes El sábado pasado, Edgardo Franco, un atleta de la localidad de Azara (Misiones) llegó a Concordia como un anónimo. No figuraba en el listado de atletas de elite que distribuyó la organización. Sin embargo, en octubre pasado, había ganado por cuarta vez la Media Maratón de la Triple Frontera, superando al tucumano Ezequiel Chavarria, quien representa a la Argentina a nivel mundial. Franco -en diálogo telefónico con DIARIOJUNIO ayer a la tarde luego de ser contactado en las redes sociales- admitió que hace tres años que quería venir pero no podía por diferentes motivos. El viaje, el gasto y todo eso, dijo. El corredor admitió que una semana antes de la competencia no tenia muchas ganas de venir: estaba preinscripto, había pagado el monto que fijó la organización a cargo de la carrera, la agrupación Los Galgos, pero nadie le contestaba los mensajes ni las llamadas para saber si tenía el alta en el sistema y si estaba todo en orden. Me cansé de llamar para saber si me daban a dar de alta o no, dijo. Franco, de 30 años, hace 10 que practica atletismo. A la par, desde hace 11 años trabaja en un aserradero nueve horas por día haciendo pallets de madera. La exigencia fisica es demandante tanto en los entrenamientos como en el aserradero. Para entrenar, debe levantarse a las cuatro de la mañana para hacer un primer turno. Y aunque esté acostumbrado al trajín diario, sostuvo que debe hacer un esfuerzo para superar el cansancio. Las ganas de mejorar los tiempos pueden más, indicó. Franco sostuvo que recién hace tres años comenzó con un entrenamiento que le permitió ganar varias competencias el año pasado. Además de la Media Maratón de la Triple Frontera, en abril se quedó con la Media Maratón de Corrientes. No obstante, luego de inscribirse para Reyes, nadie le contestaba el teléfono. Franco aclaró que no estaba pidiendo que le regalen la inscripción. Yo quería ir pero no quería ir allá para que me digan: no, no estás inscripto, dijo. El temor era gastar en un viaje sin saber si iba a poder competir. Tuvo que pedirle a una persona conocida domiciliada en la provincia que corroborase si estaba inscripto. Y luego debió pelear para que lo inscriban en elite. A un número de teléfono de uno de los organizadores le había pasado el tiempo que había registrado en un campeonato nacional argentino: 30:37 minutos en los 10 km. No me contestó, dijo. Cuando llegó a Concordia, no le dieron el dorsal requerido para elite y le dijeron que no tenían mas. Si largaba detrás, no tenia chances. Traté de pelear para largar adelante. Por ello, en las transmisiones por radio o streaming o sabían quien era el N° 1090. No sabían los que estaban transmitiendo; no me conocían. La carrera Sabia que iba a haber buen nivel, admitió. Pero, al mismo tiempo, confiaba en sus chances. Sabia que podía entrar entre los tres primeros. Estaba en mi mejor momento de entrenamiento. Venia entrenando hace dos meses para esta carrera, remarcó. Franco remarcó que el circuito es hermoso. Y admitió que el público lo motivó muchísimo en las calles. Nunca corrí una carrera con tanta gente en la calle; con la pasión que le tienen al atletismo; el aliento que te empuja cuando vas cansado. El corredor sostuvo que en el km 3 decidió acercarse al uruguayo Nicolás Espinoza y al concordiense Martín Méndez. El uruguayo venia haciendo cambios de ritmo en las subidas desde el primer km. Cuando hizo los primeros cambios de ritmo, dije: es bueno en subida. Va a tratar de querer dejarme atrás en las subidas. Yo no me prendía en el juego ese y trataba de analizar que en algún momento se podía quedar, dijo. Por lo tanto, corrió pegado a Méndez. Cuando llegaron al final de calle Lamadrid, al encarar la cuesta de Boulevard San Lorenzo, el uruguayo les sacó 15 metros a Franco y a Méndez. Pero cuando llegaba a la parte superior, Espinoza se quedó. El misionero aprovechó la oportunidad y metió un cambio de ritmo: bajó a 2:52 (min/km) durante un tramo de 400 metros. Ahí hice la diferencia y traté de mantenerme en 3 (min/km), acotó. Además, en ese momento, su reloj titiló y sabia que le quedaban dos km. Franco admitió que pudo sostener la marcha, en parte, por el aliento de la gente. Fue impresionante. Me ayudó a no bajar el ritmo, dijo. ¿Qué lugar ocupa la Maratón de Reyes en tu historial? Ahora ocupa el primer lugar dice riéndose. Hasta el sábado, ese lugar estaba reservado a la Media Maratón de la Triple Frontera. Más que nada por el público, por la pasión que tienen al atletismo. El maratonista se preocupó por dejar en claro que no le molestó la gente en la calle ni que le tapaban el circuito, tal como publicó un diario local. Todo lo contrario; nada que ver. Sin premios para la elite Franco admitió que cuando se inscribió pensaba que iba a haber efectivo para los ganadores. Pero luego supo que no iba a haber premiación porque leyó el deslinde de la competencia. Estaba entre que iba y no iba, dijo. Pero se decidió por la última opción para mantener la palabra empeñada: había vendido rifas con ese objetivo y le había dicho a todos que iba a venir a Concordia. La gente colaboró mucho y entonces fuí. Los únicos premios fueron para los grupos de running: para los cinco más numerosos se entregaron desde $ 1 millón hasta $ 200.000. La única explicación de la organización de la carrera en la conferencia de prensa realizada dos días antes era que se optó por mejorar la calidad de la carrera para luego focalizar en lo deportivo, por lo cual se buscó premiar a grupos de trote, así fomentar el sentido de pertenencia, entendiendo que su fortalecimiento permitirá ampliar la cantidad de atletas en un futuro cercano. La realidad es que se intentó incrementar la cantidad de corredores que habia empezado a decrecer en las últimas ediciones respecto del récord de mas de 4.000 corredores. Pero Franco admitió que se sintió molesto porque había muchos inscriptos y nada de efectivo. Lucran con los atletas, fustigó. El atleta dijo que el corre porque le gusta y lo mismo pasa con todas las personas que realizan ese deporte. Pero pidió que se mida con la misma vara a todos, incluyendo a los organizadores. Si la exigencia es que corran no importa si hay plata o no hay plata, entonces que organicen por amor al deporte y sin ningún beneficio para ellos. Incluso, sostuvo que cuando terminó la carrera mantuvo una charla con el intendente Francisco Azcué quien se acercó para felicitarlo. Le dije que dejaba mucho que desear la organización porque cuando fui a buscar el kit había gente con bebés en la fila y llovía a las cuatro de la tarde del sábado. Estuvieron dos horas en la lluvia esperando. Se armó un quilombo ahí, dijo. Sostuvo que eso mismo habia pasado en los días previos y remarcó que se deberían haber cambiado el lugar de inscripción de entrega de kits para hacerlos esperar en un lugar cerrado. Cabe aclarar que, el viernes 9 sucedió eso: la inscripción se mudó de la Peatonal Mitre al Centro Cívico por la lluvia. Al final, Franco aclaró que la única finalidad de sus criticas eran para que la organización sume y no reste competidores. Pero las quejas fueron numerosas y no solo por los premios. Hay que recordar que, a fines del año pasado, se había diagramado un circuito alternativo para 2026 que no conformó a nadie y luego debieron volver al circuito original. Luego de la carrera, los reproches siguieron: no había remeras para todos el ultimo día, no hubo sorteos, no había quien entregase una medalla a los participantes a la llegada, etc. DIARIOJUNIO se comunicó telefonicamente con Marcelo Flores, el responsable de Los Galgos, para consultarlo sobre esas cuestiones. Flores se excusó, explicó varias de las quejas planteadas pero de manera informal. Por ello, se comprometió a ofrecer una entrevista al medio el lunes pasado. No obstante, luego no atendió más llamados ni mensajes. A pesar de las dificultades, los desacuerdos con la organización y la ausencia de un premio en efectivo, Franco fue el primero en cruzar la meta e inscribió su nombre en el listado de ganadores. El aplauso, el aliento hasta el final y el reconocimiento de la gente fue la recompensa que se llevó a Misiones.
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