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  • Nadie puede llorar a Maduro; tampoco aplaudir el discurso de Trump

    » Clarin

    Fecha: 10/01/2026 20:19

    Es una película que recién comienza. Trump se cargó al dictador Maduro y a su esposa Cilia Flores, que controlaba más que el propio Maduro al poder judicial, y ninguna persona decente puede sentirse mal por eso, más allá de la polémica por la intervención norteamericana y el brutalismo explicativo de Trump, casi siempre pasado de rosca y que cree que lo que él cree puede ser impuesto a todos. Pero Maduro era la cabeza de un estado policial, fragmentado en tribus con vínculos con el narco y prácticas de vigilancia digital, que te metía preso si encontraba algo raro en tu celular. Para no olvidar: en los últimos años hubo unas 20.000 detenciones y 1.443 desaparecidos en Venezuela. Las cifras son de Naciones Unidas. Por el colapso de la economía, y tuvieron que poner mucho empeño para volcar la economía de un país que tiene más reservas petroleras que cualquier otro, incluida Arabia Saudita, la pelea de todos los días es por la subsistencia. O por irse: el éxodo es comparable al de un país en guerra. Entre 8 y 9 millones escaparon del chavismo, casi un tercio de la población. Muchos no se van no porque no quieren sino porque no pueden. Se fueron, en su mayoría, los jóvenes. El socialismo siglo XXI deja una nación de gente mayor. El ex chofer de subtes en Caracas y gran demócrata bolivariano (con perdón de Bolívar), ungido por influencia cubana sucesor de un Chávez moribundo en 2013 y que decía que Chávez le hablaba desde el más allá reencarnado en un pajarito, llamaba a elecciones en las que no había ninguna chance de que perdiera. Un simulacro de elecciones para poder decir que había democracia. La oposición está proscrita y no existe división de poderes ni prensa libre. Lo que existe son extorsiones y represión. Están a los ojos de quien quiera mirar los comandos parapoliciales que patrullan las calles para meter miedo. Son razones de sobra para ponerse contentos de que a Maduro le haya pasado lo que le pasó, aunque el chavismo, después de casi tres décadas, siga vivito y coleando. Estados Unidos se propone domesticarlo y cocinar al régimen con figuras del mismo régimen. A fuego lento, en su propia salsa, controlando el cambio del poder desde afuera del poder. La pregunta no es la del millón porque hay muchas más, pero le anda cerca al millón: ¿funcionará? Otra: ¿Y si Delcy resulta peor que Maduro? Es más inteligente, más formada y más dura. Pero los americanos están escaldados por intervenciones similares sin una transición del viejo al nuevo sistema, que se les volvió en contra. Les pasó en Irak y Haití y también en Libia, donde aún continúa la anarquía y la guerra entre bandas armadas. Obvio, la mayor controversia es la legalidad de la intervención. La carta de las Naciones Unidas impide meterse en los asuntos internos de otro país. Es la base del derecho internacional. El problema salta a la vista: las víctimas de tiranías eternas, que violan sistemáticamente los derechos humanos o promueven el narco o el terrorismo y que el sistema no sabe o no puede resolver. Según el ex procurador Saravia Frías, Trump se guía por un dictamen de la secretaría de Justicia que justificó la captura del dictador panameño Noriega, condenado y preso en Estados Unidos por narcotráfico, la misma acusación que a Maduro. Y por fallos de la Corte que avalaron la jurisdicción penal norteamericana en casos parecidos. Trump los convirtió en su ley, que choca contra el orden multilateral. Una contradicción que nadie sabe cómo termina. Entre paréntesis: los norteamericanos tienen cosas fantásticas. Ya no le cargan a Maduro lo del Cartel de los Soles, que fue borrado del registro de grupos terroristas, pero entre otros 25 cargos lo acusan de portación de armas de guerra. Falta que lo acusen de resistencia a la autoridad. Una cosa bastante clara, pese a lo confuso de la situación es que Trump se metió en Venezuela para apresar un dictador y se olvidó de lo que había causado el dictador. Ni una palabra sobre las víctimas de Maduro ni sobre el retorno a la democracia. Como el desarrollador inmobiliario que fue y sigue siendo, únicamente habla de futuros negocios con el petróleo venezolano. Y con la misma fórmula del brutalismo realista, su vice Vance dijo que la operación los ayuda a controlar vastos recursos naturales, ganar influencia sobre nuestros enemigos y demostrar nuestra excelencia militar. De esto último, no hay duda: le dieron una paliza histórica al sistema ruso S300 de radares y misiles desplegado en Caracas y al cuerpo de élite cubano que custodiaba a Maduro. Como si hiciera falta decir algo más, dijo que en nuestra vecindad, tenemos la última palabra. Volvió el imperio. Trump puso la frutilla del postre: los recursos que deje el petróleo venezolano serán usados para comprar productos fabricados en Estados Unidos. Cualquier parecido con un mensaje electoral no es casualidad. Recién el jueves apareció otra política. El canciller Rubio informó al Congreso que proyectan tres etapas: una de estabilización, después de recuperación de los mercados y la última, con la vuelta de la oposición. Como Onganía, tienen objetivos y no plazos. Otra cosa que hicieron fue presionar a los hermanos Rodríguez (Delcy, la presidente y su hermano Jorge, jefe de la Asamblea Nacional) para liberar presos políticos. Están en eso, más lentos que el general Alais. No se sabe si es a propósito o porque los presos no dependen del gobierno sino de las tribus que comparten el gobierno. Cada una tiene licencia para detener con sus propios jueces, fiscales, grupos de represión y cárceles. Los presos son una mercancía. Los Rodríguez mandan pero no del todo y obedecen pero tampoco del todo. Ni bien asumieron cepillaron al general Marcano Tabata, jefe de Inteligencia y un puesto que durante muchos años ocupó otro líder bolivariano caído en desgracia, Hugo el pollo Carvajal, preso en Estados Unidos y acusador de Maduro. Carvajal declaró que Chávez enviaba valijas de dólares a los Kirchner. El kirchnerismo todavía califica al chavismo de régimen autoritario, no de dictadura. Queda un falso progresismo que machaca sobre el miedo que tienen de ser tildados de reaccionarios. Otro anacronismo que sigue en pie. Sobre la firma Newsletter Clarín

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