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Parana » Lasexta
Fecha: 10/01/2026 11:02
Resumen IA supervisado Donald Trump ha desarrollado una obsesión similar a la de Gollum con su anillo: el Nobel de la Paz. A pesar de sus esfuerzos por obtenerlo, el premio fue otorgado a la opositora venezolana María Corina Machado, lo que desató su rencor. Trump llegó a afirmar que aceptaría el Nobel de Machado si se lo ofrecieran, convencido de que lo merece por haber "parado ocho guerras en ocho meses". Sin embargo, la organización del Nobel aclaró que el premio no puede ser revocado ni compartido. Esta frustración refleja la visceralidad de Trump, que influye en sus deseos y decisiones, con países como Irán, Cuba y Groenlandia en su punto de mira. * Resumen supervisado por periodistas. Donald Trump tiene una obsesión. Una al margen del dinero. Del negocio. Una que le hace incluso parecer un personaje de 'El Señor de los Anillos'. Sí, porque el republicano y Gollum tienen algo en común. Tienen en común el ver algo como un tesoro. Porque si uno tiene un anillo el otro tiene el Nobel de la Paz. Tiene algo con lo que no ha dejado de soñar desde hace meses. Algo que no le han dado. Algo que ha perdido. Algo sin lo que se ha quedado. Para compensar, le otorgaron el FIFA de la Paz en la primera y a saber si última vez que se concede dicho galardón. Tal es su obsesión, su desmedida obsesión, que ha llegado a afirmar que aceptaría el obtenido por María Corina Machado si llegara a ofrecérselo. Porque dice que "nadie en la historia" se lo merece más que él. Porque, acostumbrado a tenerlo todo, considera que es merecedor por haber parado "ocho guerras en ocho meses". Ocho, según él. Según alguien que dice que resuelve guerras mientras lanza reproches constantes a la organización del Nobel y amenaza, advierte o avisa a Dinamarca y a Groenlandia: "Haremos algo, les guste o no. Queremos llegar a un acuerdo por las buenas, pero si no lo haremos por las malas". Y así quiere el Nobel de la Paz. Uno que él pensaba que tenía cerca y que, de repente, vio cómo se lo daban a María Corina Machado. A la opositora venezolana. Y eso le escoció. Tanto fue así que, desde ese momento, dio comienzo una especie de telenovela con ambos de protagonistas. Machado se convirtió en la víctima del rencor de Trump. Tanto que, una vez estalló lo de Venezuela, ni la tuvo en cuenta para liderar al país venezolano. "No cuenta con el respeto del país", dijo ante los medios en una comparecencia en la que la palabra 'petróleo' apareció en casi 30 ocasiones. La de 'democracia', prácticamente ninguna. Tan poco apareció que una vez capturado Nicolás Maduro ha sido Delcy Rodríguez, su vicepresidenta, quien tiene el 'poder' en Venezuela. 'Poder' entre comillas, porque es Trump quien se ha autoproclamado tutor del país venezolano con el petróleo en mente. Y con el Nobel también. Tanto que incluso Trump ha dicho "sí" a la oferta de María Corina Machado a compartir su premio. Sí, porque para él compartir es vivir... pero va a ser que no. Va a ser que la organización le ha cortado las alas. Porque una vez anunciado el Nobel, como afirman, "no puede ser revocado, compartido ni transferido a otras personas". Y así acaba, al menos de momento, el gran sueño de Donald Trump. Así se ha demostrado esa visceralidad del presidente de Estados Unidos, que es la que guía tanto sus deseos como sus decisiones. Irán, Cuba y Groenlandia, en su punto de mira.
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