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Fecha: 10/01/2026 06:58
Fue el director de la que para muchos es, al mismo tiempo, la mejor pelÃcula navideña y la mejor pelÃcula de acción de la historia: Duro de Matar. Fue desde fines de los años 80 hasta bien entrados los 90 uno de los realizadores más importantes de Hollywood. TenÃa prestigio crÃtico, sus pelÃculas rompÃan la taquilla, todas las estrellas aceptaban trabajar en sus pelÃculas, de Bruce Willis a Travolta, de Sean Connery a Schwarzenegger. Predator, La Caza del Octubre Rojo, Duro de Matar 3, El Último Gran Héroe fueron otras de sus pelÃculas. Después, una cadena de fracasos, discusiones con los ejecutivos de los estudios y los problemas judiciales que lo terminaron mandando a la cárcel. Desde lo más alto al calabozo y a pasarse casi un cuarto de siglo sin filmar. La de John McTiernan fue una de las caÃdas más estrepitosas de Hollywood. Leé también: Duro de matar, la pelÃcula que convirtió a Bruce Willis en un héroe de acción y renovó el género Es difÃcil saber con exactitud cuando comenzó la debacle. El Último Gran Héroe con Arnold Schwarzenegger como protagonista fue rechazada por la crÃtica en el momento del estreno aunque ahora sea considerada una pelÃcula de culto; su rendimiento económico no fue el esperado pero estuvo lejos del desastre que muchos supusieron. Después vinieron la tercera parte de Duro de Matar y la remake de El Affaire de Thomas Crown con Pierce Brosnan, buenas pelÃculas que rindieron bien en taquilla. Y, sobre todo, en las que se veÃa el pulso narrativo de McTiernan, un extraordinario contador de historias. Acción, suspenso, aventuras y humor. El siguiente proyecto fue 13 Guerreros (The 13th Warrior) con Antonio Banderas, basado en una novela de Michael Crichton -entre otros libros suyos venÃan de adaptar Jurassic Park, que estrenada una semana antes habÃa eclipsado a El Último Gran Héroe. Crichton terminó convirtiéndose en un gran obstáculo para la carrera de McTiernan, que a esa altura parecÃa inexpugnable y unos pocos años después ya era insalvable. 13 Guerreros eran un proyecto extraño, un musulmán como héroe, vikingos, una adaptación libro del Beowulf y una dirección errática de McTiernan. Crichton, que además era el productor -sentado sobre los millones de Jurassic Park era un hombre muy poderoso en la industria-, tomó a cargo el proyecto, realizó cortes, volvió a filmar el tercer acto y rehizo la pelÃcula en la sala de montaje. Lo que se estrenó fue un enchastre que no conformó a nadie. Fue la pelÃcula que más dinero perdió de todas las estrenadas en 1999, más de cien millones de dólares. Un fracaso absoluto. Pero McTiernan seguÃa siendo McTiernan. Todos sabÃan que habÃa cambiado el cine de acción con Duro de Matar, sabÃan que podÃa lidiar con estrellas y que podÃa, también, contar historias con un músculo como ningún otro en la industria. Y las ofertas le seguÃan llegando. Una remake de Rollerball fue la ruina total para McTiernan El siguiente proyecto fue el que determinó su ruina total: económica, moral y personal. Le ofrecieron hacer una remake de Rollerball, una pelÃcula futurista-deportiva-apocalÃptica de 1975 dirigida por Norman Jewinson e interpretada por James Caan. Reactualizar la historia de ese deporte sanguinario con las posibilidades técnicas del nuevo siglo era tentador. ParecÃa el vehÃculo adecuado para relanzar su carrera. Pero apenas comenzó a desarrollarse el proyecto, como en los anteriores, McTiernan tuvo problemas con los productores, en especial con Karl Rove, un hombre poderoso de la industria. Ya antes de empezar a rodar los criterios eran muy diferentes y el director veÃa como la pelÃcula se iba de sus manos. Y eso podÃa ser lapidario para su futuro en el mundo del cine. Fue en ese momento que John McTiernan tomó la peor decisión de su vida. Llamó a Anthony Pellicano. En esos años, Pellicano era el investigador privado más famoso de Hollywood. En 1992 habÃa trabajado para Clinton ayudándolo a desmontar una de las denuncias que tuvo por comportamientos impropios con mujeres. Cada vez que las grandes estrellas tenÃan un problema lo llamaban. Pamela Anderson y Tommy lo contrataron para averiguar quién habÃa sido el que habÃa robado y filtrado su video Ãntimo y Pellicano resolvió el caso. Era un personaje estentóreo, acaso demasiado visible para ser un detective. Se decÃa que siempre andaba armado, que en el asiento trasero de su auto siempre habÃa un bate de béisbol para ser usado en caso de que fuera necesario y que, cualquiera fuera el trabajo, el primer pago debÃa ser de al menos 25.000 dólares. Era vox populi que su actuación era eficaz aunque los métodos que utilizaba muchas veces bordeaban lo ilegal (o directamente se sumergÃan en lo ilegal). Leé también: Un productor de Hollywood fue condenado a 146 años de prisión por drogar y matar a dos chicas en una fiesta McTiernan contrató al detective para pincharle el teléfono al productor Karl Rove. QuerÃa saber qué planes tenÃa para su pelÃcula y, en especial, registrar si hablaba mal de los directivos del estudio o de alguien muy poderoso en la industria para poder aprovechar luego esa información, ya fuera delatando a Rove con sus superiores o extorsionando a éste a cambio de que sacara las manos de su pelÃcula. Pellicano no encontró gran cosa en las conversaciones interceptadas y Rollerball fue un desastre colosal. Se estrenó en 2002 y fue un fracaso absoluto. La crÃtica la demolió (en Rotten Tomatoes tiene sólo el 3% de aceptación) y nadie fue a verla. Perdió millones. Tanto el rodaje como el montaje fueron traumáticos con enfrentamientos entre el director y el productor. Hubo escenas reescritas, cortes, nuevos montajes. Después de las primeras pasadas en los focus groups, el estudio intentó rehacerla quitando más escenas, poniendo algunas que habÃan quedado afuera y modificando el lugar de otras. El resultado fue una historia inconexa, difÃcil de comprender, sin nervio. Eso ya hubiera significado una debacle para McTiernan que al año siguiente también fracasó, aunque no tan estrepitosamente, con Básico y Letal, la pelÃcula que volvÃa a tener, después de Pulp Fiction, a Travolta y Samuel L. Jackson como pareja protagónica. Después de tantos traspiés consecutivos, de sus peleas, de los millones perdidos y conductas erráticas en los rodajes, McTiernan ya no fue visto como alguien confiable por los estudios. Aunque cada tanto algún proyecto caÃa en su escritorio. Una tarde de 2006 mientras desarrollaba una nueva idea, unos agentes del FBI, llegaron para interrogarlo. Le preguntaron si alguna vez habÃa contratado a Anthony Pellicano para algún trabajo. McTiernan les dijo que no tenÃa idea de qué estaban hablando y los despidió. Creyó que se habÃa salido con la suya. A los pocos dÃas fue citado ante un juez. Lo acusaban de haber mentido al FBI, de haber cometido perjurio en una investigación federal, y le informaron que la pena podÃa ser de 5 años de prisión. Los agentes tenÃan grabaciones de conversaciones suyas con Pellicano en la que hablaban de espiar a Rove y de un pago de McTiernan de 50.000 dólares. HacÃa mucho tiempo que los federales investigaban a Pellicano por sus actividades ilegales y esperaban que algunos de los implicados, a cambio de impunidad, declararan en su contra. Por consejo de su abogado, McTiernan llegó a un acuerdo: se declaró culpable y se convirtió en colaborador en la causa. Con eso parecÃa saldado el tema mientras la causa contra el investigador privado continuaba (terminó recibiendo una condena de 15 años de prisión: cuando allanaron sus oficinas encontraron una decena de gente trabajando, una enorme cantidad de computadoras que hackearon teléfonos y grababan conversaciones privadas y un arsenal con armas de todo tipo). Pero McTiernan volvió sobre sus pasos. Semanas después, ya con un abogado nuevo, pidió desconocer el trato alcanzado. Dijo que el abogado lo habÃa engañado y que habÃa trabajado mal, que no era cierto que tuviera un trato estrecho con Pellicano y pedÃa que quedara sin efecto el acuerdo. El fiscal opinó que McTiernan les seguÃa mintiendo y que estaba ocultando otros trabajos que le encargara a Pellicano. El juez le preguntó varias veces si estaba seguro de retrotraer el acuerdo. Cuando Mc Tiernan respondió afirmativamente, el Juez lo condenó a cuatro meses de prisión efectiva y a pagar una multa de 100.000 dólares. Lo hizo con un discurso encendido, enojado: Usted está convencido de estar por encima de la ley. No muestra ningún remordimiento. Siempre vivió una vida de privilegios y pretende seguir viviéndola sin importar la manera. McTiernan y su abogado no quedaron conformes y apelaron la sentencia al tiempo que pagaba una fianza para continuar en libertad. Cada nueva idea era peor que la anterior. Acorralado, en lugar de entregarse con mansedumbre o de intentar reducir los daños, McTiernan siempre levantaba la apuesta. Sus movimientos se volvieron más audaces. En 2008 mientras seguÃa batallando en los juzgados y presentando apelaciones a mansalva, McTiernan anunció un documental sobre su caso que demostrarÃa que todo se trataba de una gran operación del gobierno de Bush para perjudicar a Clinton y al Partido Demócrata. Y el gran orquestador era, nada más ni nada menos que, Karl Rove, el productor de Rollerball, al que McTiernan le habÃa pinchado los teléfonos. El director sostenÃa que Pellicano era perseguido -y él habÃa caÃdo de rebote- por sus simpatÃas demócratas y su antiguo pasado colaborando con Clinton. Leé también: Se conocieron las primeras imágenes de la detención del hijo de Rob Reiner después del crimen de sus padres McTiernan nunca consiguió financiación para su documental. De todas maneras lo hizo. Él fue el camarógrafo y también la voz en off, se llamó The Political Prosecutions of Karl Rove (algo asà como Los juicios con fines polÃticos de Karl Rove). Ninguna prueba, ningún indicio muestran que lo que afirmó McTiernan fuera cierto. Se trató nada más de la paranoia y la facilidad para abonar teorÃas conspirativas de John McTiernan. O de su facilidad, de su propensión, para la mentira. La vocera de Rove contestó que el documental mostraba que McTiernan habÃa perdido el foco, que parecÃa fuera de sus cabales. No parecÃa faltarle razón. La justicia aceptó la apelación de McTiernan. Eso fue una pésima noticia para él. Porque el caso se reabrió y nuevas acusaciones y pruebas fueron incorporadas. A la antigua acusación de perjurio por las escuchas a Rove, se sumó otra por haber interceptado las comunicaciones de su exesposa en medio del divorcio y una nueva acusación por mentir, esta vez al juez porque en la causa original habÃa jurado que el abogado no lo habÃa entrenado para lo que tenÃa que declarar y en su presentación siguiente, cuando cambió de defensor, sostuvo que habÃa dicho lo que el letrado le habÃa sugerido aunque no fuera verdad. En esa instancia, era muy factible que la condena a cinco años de prisión se hiciera realidad. Una vez más llegó a un acuerdo con la fiscalÃa. Aceptó la culpabilidad en tres cargos y la condena a un año de prisión. El juez aceptó el acuerdo no sin antes aclarar que si hubiera sido por él, si no hubiera existido el pacto con el fiscal, él hubiera aplicado una pena mayor. De la cárcel a la imposibilidad de administrar sus bienes por mentir En 2013, John McTiernan ingresó al penal de Yankton en Dakota del Sur, una de las cárceles menos rigurosas del sistema penitenciario de Estados Unidos. Sin embargo, su nueva esposa pidió varias veces su libertad porque dijo que McTiernan estaba muy deprimido y que se estaba desintegrando ahà dentro. A los 10 meses el juez le otorgó la prisión domiciliaria para cumplimentar la condena. A esa altura ya hacÃa 11 años que no dirigÃa ninguna pelÃcula pero no perdÃa las esperanzas. Sus finanzas estaban muy deterioradas. Entre la falta de trabajo, el divorcio y los gastos legales sus ahorros se habÃan evaporado. Ante la presión de los acreedores se declaró en bancarrota. Pero otra vez una mentira en el medio lo complicó. TenÃa varias propiedades, entre ellas, el lugar en el que vivÃa, un gran rancho en Wyoming cotizado en más de 10 millones de dólares. El abogado dijo que McTiernan iba a poder pagar sus deudas porque tenÃa entre manos dos proyectos de grandes pelÃculas. Pero la pesquisa judicial determinó que esos proyectos no existÃan y que estaba escondiendo dinero para no pagar la sentencia de divorcio a la esposa. El juez dijo que fue una quiebra maliciosa y le sacó la posibilidad de administrar sus bienes. Los bienes pasaron a manos de un curador para satisfacer a los múltiples acreedores. John McTiernan hoy cumple 75 años. Cada tanto es invitado a algún festival de cine europeo para hablar de su obra. Dice que tiene un gran proyecto entre manos y que espera muy pronto volver a filmar.
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