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» TN
Fecha: 10/01/2026 05:53
Las piñatas son parte importante de la tradición mexicana: decoran los cumpleaños infantiles y unen a la gente en las celebraciones previas a la Navidad. Pero para María de Guadalupe Huesca, oriunda de Ciudad de México y radicada en la Argentina desde hace cinco años, tienen un significado mucho más profundo: no solo son parte del recuerdo de su abuela materna, sino que se convirtieron en su emprendimiento. Leé también: Qué es el tufting: la técnica con la que un artista de Tierra del Fuego crea alfombras inspiradas en su hogar María fue criada por sus abuelos maternos, según le contó a TN. Su abuela le enseñó a leer y a escribir, y también la instruyó en otros oficios importantes, como cocinar, hacer piñatas o coser. Recuerda que su primera piñata, con la forma de Mickey Mouse, la hizo a los ocho años. La realizó de la manera tradicional, con una olla de barro cubierta de papel y rellena de frutas y dulces. Ese momento fue uno de los tantos recuerdos que valora de su infancia. También aprendió a hacer la piñata de siete picos (que representa los siete pecados capitales), que se parte al final de Las Posadas mexicanas, una fiesta que recrea el peregrinaje de José y María antes de que esta diera a luz a Jesús. Ya como adulta, este arte formaba parte de su acervo. Pero jamás imaginó que cobraría tanta importancia en su nueva vida tras emigrar. Empezar de cero Aterrorizada por la inseguridad y el peligro que representa el narcotráfico en México, María decidió emigrar para alejar a sus tres hijas de un futuro cada vez más amenazante. El lugar elegido fue Buenos Aires. Ella, su esposo y sus hijas llegaron con los ahorros y la esperanza de comenzar de cero en el país. Pero se instalaron en febrero, a pocas semanas de que se decretara el aislamiento obligatorio y de repente, la pandemia truncó el proceso de adaptación. No tenían amigos ni familiares en su nuevo hogar. Sin embargo, María se encargó de proteger a sus hijas de la incertidumbre. Para que las nenas se sintieran más cerca de casa, les fabricó una piñata en sus cumpleaños, con el mismo amor con el que su abuela cosía vestidos para ella cuando era pequeña. Cuando las restricciones por el COVID-19 se redujeron un poco, pudo hacerle una fiesta a una de sus hijas en una plaza, con su respectiva piñata. Muchos de sus compañeros de jardín asistieron, y a la madre de uno de ellos le gustó tanto el trabajo, que le preguntó a María si fabricaba para vender. De México para el mundo Hasta ese momento, María Huesca no había considerado convertir este oficio en un negocio. De hecho, se licenció en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en México y realizó una maestría en la UBA, por lo que su principal objetivo era trabajar en ese rubro. Sin embargo, decidió emprender. Siempre he tenido una patita en un lado y otra en el otro. Lo de las piñatas surgió y le agarré cariño. A veces, pienso volver al ámbito profesional o académico, pero siempre pasa algo que la piñatería no me suelta, bromea. Además de hacer las de siete picos, crea muchas otras figuras que representan la cultura mexicana y también personajes de películas o animales. En 2021, creó la cuenta de Instagram @pnateriamexicana, donde muestra su trabajo. Ese mismo año, participó en su primer evento en la Ciudad: Buenos Aires celebra dedicado a su país. El año siguiente, se sumó a la organización México en Argentina (MENAR), con quienes participa en distintas convocatorias. En 2023, la ONU le otorgó un fondo semilla que le permitió consolidar el negocio. Ahora, además de hacer piñatas para cumpleaños, también hace minipiñatas para que los invitados las decoren y dicta talleres de manera ocasional. Uno de sus proyectos a futuro es poder dictar talleres para los adultos que, como ella, quieran aprender este arte. María disfruta compartir algo tan valioso de su identidad con todo el que esté dispuesto: Me encanta lo que se arma de convivir en el espacio, es el compartir, afirma. Leé también: Perro Bueno: así es el vino que dona parte de sus ganancias a refugios de animales en Mendoza y Buenos Aires Gracias a las piñatas, María se integró a su comunidad en la Argentina, pero también comenzó a darse a conocer entre los argentinos y el resto de la comunidad migrante como una embajadora, según define. Cada mexicano fuera de su país es como un embajador cultural de México. Es llevar tu país contigo y, a la vez, compartirlo con el resto del mundo. La piñatería me ha traído muchas alegrías y muchas amistades. Con sus creaciones, se propone homenajear a sus raíces. Tengo muy presente el legado de mi abuela, resalta. Además, cada encargo es especial. Cada vez que me piden una piñata, es una gran responsabilidad: tiene que ser perfecta, que brille, que esa persona la ame, resalta.
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