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  • La ciudad brasileña que es famosa por una historia que nunca ocurrió y un negocio que ya no existe

    » La Nacion

    Fecha: 09/01/2026 11:57

    En el sur de Bahía, la ciudad que Jorge Amado convirtió en mito hoy invita a recorrer bares, burdeles, iglesias y antiguas fazendas de cacao donde el viaje se lee como una novela abierta - 8 minutos de lectura' SALVADOR DE BAHÍA.- Decir Ilhéus es nombrar la tierra de Jorge Amado, es evocar al pujante comercio del cacao, es recordar a Gabriela, clavo y canela. Sin embargo, el escritor brasileño no nació en esta ciudad del Estado de Salvador de Bahía -aunque muy cerca-; hoy por hoy son escasas las fincas de la región que cultivan el fruto del chocolate como negocio y Gabriela no existió en la vida real, sólo es una criatura biplana -pura tinta y papel-, protagonista de un relato de ficción que, junto a Doña Flor y sus dos maridos consagró a la literatura latinoamericana de Amado en el mundo entero. Sea como fuere, esta es la esencia que se respira en Ilhéus, una localidad en el nordeste brasileño con pueblo portuario y algunas playas bravas en las que las casas de fin de semana y los resorts están llenos de turistas locales todo el año gracias a un clima invariantemente caluroso y también, ¿por qué no?, a la fama ganada a través de los libros. Viaje literario Por todo esto, sería una gran picardía casi un sinsentido llegar a Ilhéus sin haber leído a Jorge Amado. Gabriela, clavo y canela es la puerta de entrada ideal e incluso la mejor guía turística: abre las papilas, afina la mirada y permite degustar los sabores de un lugar donde la ficción se volvió una realidad palpable, creíble y visitable. Así, a nadie sorprenderá pasar por el Vesúvio y alucinar con Nacib atendiendo las mesas; adivinar a la deseable y gozosa Gloria asomada a un balcón o visitar el Cabaret Bataclán sin poder distinguir si aquello que explican sobre el grosor de las paredes capaz de mantener al resguardo todos los secretos y bochinches impúdicos- es algo que Amado vio y escribió o una idea nacida y criada dentro de su best seller. En Ilhéus, esa confusión no sólo es posible: es parte del encanto. Vale la pena dejarse llevar sin certezas por esta ciudad colonial. ¿Qué visitar en Ilhéus? Vesúvio, el bar donde una novela sirve la mesa En la Praça Dom Eduardo, frente al mar, el Bar Vesúvio funciona desde 1919 y es uno de los establecimientos comerciales más antiguos de la ciudad. Fundado por dos inmigrantes italianos de ahí su nombre, en alusión al volcán que sepultó Pompeya, pasó luego a manos de un portugués y su mujer bahiana, una eximia cocinera de quibes fritos. Dicen que en ese cruce de culturas Jorge Amado -habitué del lugar, al que iba diariamente a observar y escribir- encontró la inspiración para dar vida al turco Nacib y a Gabriela, con su sensualidad y sus dones culinarios capaces de enloquecer sin restricciones. El edificio, hoy declarado monumento histórico, permaneció cerrado mucho tiempo y reabrió en 2017. Está frente a una pequeña plaza donde una estatua de Jorge Amado observa la escena cotidiana y una banda de bossa nova marca el ritmo por las noches, en un baile donde lo sucedido y lo inventado se superponen, como los pasos determinantes de Nacib y su pasión por la mulata que nunca existió. El Bataclán, memoria de un esplendor sin pudores Desde la época dorada del cacao, el Cabaret Bataclán fue territorio de coroneles, bohemios, marineros, mafiosos, bailarinas y prostitutas. Su momento de mayor esplendor se dio entre 1926 y 1938, cuando funcionaba como burdel de lujo y centro neurálgico de una ciudad donde las riquezas proliferaban en exceso. Comandado en aquel entonces por la legendaria madama Maria Machadão, se puede visitar la habitación en la que sus chicas recibían a los coroneles... o la puesta en escena de algunas de las situaciones narradas por Amado. El Bataclán actualmente es restaurante y centro cultural donde además de hacer un paseo se pueden beber tragos de autor, probar especialidades de la zona y ver muestras fotográficas además de recorrer con un guía que parece un personaje más. La catedral y los pecados de entrecasa A pocos pasos, la Catedral de São Sebastião se impone como símbolo de la ciudad. Diseñada por el arquitecto Salomão da Silveira en un estilo ecléctico, comenzó a construirse en 1931 y recién se inauguró en 1967, tras más de treinta años de obras, discusiones y pausas. Su bóveda principal alcanza los 48 metros de altura. Cuenta la leyenda alimentada por la pluma de Amado que mientras las esposas asistían a misas interminables, sus maridos pedían al párroco permiso para ir a hacer negocios al almacén de la vuelta. De almacén tenía solo fachada: adentro funcionaba el Bataclán. Huellas de Amado, omnipresente En Ilhéus, Jorge Amado está en todas partes. Estatuas, murales, nombres de platos, souvenirs. A veces da la sensación de estar en una especie de Disneylandia literario donde el escritor es Mickey. La casa donde vivió durante parte de su vida, en pleno centro, funciona como museo donde se exponen objetos como máquinas de escribir o prendas de ropa y obras del autor. Aun cerrada por reformas -como está hoy-, su fachada es punto obligado de fotos y relatos que alimentan la mitología local. Cacao, tesoro divino A comienzos del siglo XX, Ilhéus fue el mayor exportador de cacao del mundo. El monocultivo generó una riqueza extraordinaria: los coroneles -como se llamaba a los dueños de las fincas- levantaron palacios, financiaron obras públicas, construyeron el puerto y llevaron electricidad a la ciudad. Desde los años 30 hasta 1980, el cacao fue moneda de cambio. Hasta que llegó la escoba de bruja, un hongo devastador que arrasó las plantaciones. Sumada a la caída de los precios internacionales, la plaga provocó una catástrofe económica de la que la región nunca terminó de recuperarse. Hoy, algunas iniciativas -comerciales y turísticas- buscan devolverle valor y sentido a ese pasado para disfrute de los turistas que pueden espiar y revivir las historias. Capela Velha, el renacer del cacao Entre Ilhéus y Uruçuca, sobre la BA-262 la Estrada do Chocolate, la Hacienda Capela Velha es símbolo de ese impulso. Fundada en 1887 y abandonada durante dos décadas, fue reacondicionada, volvió a funcionar y recibe visitas. En un predio de 142 hectáreas, la Casa Grande fue restaurada respetando su estructura original. Más de la mitad de la hacienda está dedicada al cultivo de unos 80 mil cacaoteros. Recorrer Capela Velha es aprender cómo se cultiva el cacao, cómo se produce, cómo se fabrica el chocolate y qué otros productos se hacen -miel, melaza, licores, infusiones- con este fruto de una gran belleza visual que primero fue flor, que maduró con el sol, que no cae del árbol y hay que cosechar manualmente. Un cultivo que demanda una gran habilidad ya que es una planta que se estresa muy fácilmente. Un fruto que exige trato cuidadoso y recompensa generosamente. Más allá de la ciudad Al sur, Ilhéus reparte su impronta en playas amplias y muy agrestes, reservas naturales y senderos selváticos. Entre la amplia oferta hotelera, el complejo Cana Brava es uno de los más antiguos de la zona. Su origen fue bajo la modalidad de tiempo compartido, sin embargo reconvirtió el formato a all inclusive familiar en 2017, junto con el resurgimiento de la ciudad como destino turístico. Además de ofrecer una amplia gama de actividades recreativas para todas las edades, gastronomía típica e instalaciones tan simples como confortables que están alineadas a principios de sustentabilidad, organizan visitas a las comunidades aborígenes de la reserva donde está emplazado el resort. En la comunidad Taba Jairy, reconocida como pueblo originario en 2009, Airá Tupám hijo del cacique recibe a los visitantes. Son 14 familias que conservan tradiciones ancestrales de agricultura, pesca y medicina natural. Valda, esposa del cacique, trabaja con plantas medicinales y las presenta una a una: pitanga para la tos, guayaba para shampoos, uba-uba para regular el azúcar en sangre. En celebraciones, visten faldas de fibras de biribá, plumas de gavilán y collares de semillas. Hoy la mayor riqueza ya no está en el oro marrón que alguna vez exportó al mundo, sino en esa fusión de múltiples historias que son raíces, pasado e identidad, con una particular frontera borrosa que hace posible que la literatura se vuelva paisaje y la ficción, un recuerdo.

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