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» La Nacion
Fecha: 10/01/2026 00:28
En crisis: el cine perdió el 32 por ciento de espectadores en todo el mundo: el fracaso de los tanques y el impacto de las plataformas En una época hoy tan lejana como el meteorito que acabó con los dinosaurios, las noticias sobre las idas y vueltas del negocio del espectáculo sólo les importaban a quienes apostaban por o vivían de él. Hoy incluso en las redes sociales los mal llamados cinéfilos disputan la calidad de un film de acuerdo con el monto recaudado por el entretenimiento de marras. Hay listas de ganadores y de perdedores que, por supuesto, sólo apelan al contexto o a la morigeración de datos cuando no coinciden con las expectativas de quienes más invirtieron. O cuando decepcionan a la persona menos indicada. Lo más divertido del asunto es que fingimos demencia respecto del estado real del cine en todo el mundo, el verdadero tamaño del negocio. A eso vamos. En aquel rutilante universo anterior a la sopa de murciélago y su hijo Covid-19, la Argentina vendía aproximadamente 50 millones de entradas, y los Estados Unidos, unos 10.000 millones de dólares en tickets durante el año. Podía variar para arriba o para abajo: 2019 fue, en el norte de América, un annus mirabilis en el que se llegó a los 11.000 millones. Luego vino la debacle pandémica, el cierre de gran parte de las actividades humanas y, especialmente, del entretenimiento gregario. No vamos a repetir que las grandes empresas decidieron invertir aceleradamente en las plataformas, ni que la pandemia aceleró los tiempos porque es un lugar común. Aunque, como todo lugar común, guarda algo de verdad, en este caso, mucho. Se preveía que iba a haber una recuperación a cinco años. Estamos a casi seis y la recuperación -es decir, alcanzar el mismo nivel de ventas que antes de la debacle- bien, gracias, vamos viendo. En 2023 parecía que todo cambiaba para mejor con el Barbenheimer, fenómeno que puso dos películas con más de 1000 millones de dólares de recaudación global en una misma ventana de exhibición. Hubo otros éxitos, por cierto, y se recortó camino. En 2024, el fracaso indudable de muchos grandes tanques hizo que la taquilla estadounidense (tomemos el fiel de la balanza) quedara alrededor de un 23% por debajo de la de 2019, cuando se esperaba no más de un 15%. Se pensó que 2025, con el regreso de Superman y Los 4 Fantásticos (de las marcas del mundo superhéroes más globales, aunque no tanto como Batman) más un nuevo Pixar (en 2024 Intensa Mente y Mi villano favorito 4 morigeraron la caída de la recaudación) y algunos otros prospectos generaban la esperanza de que sí, volveríamos a crecer. No pasó: Pixar no tuvo éxito, los fantásticos, Superman y otros superhéroes apenas sí recuperaron costos, y la película más vista fue una animación china (Ne Zha II) que sólo funcionó en su país (funcionó unos 2000 millones de dólares, quinta película más vista de la historia...sin actualizar por inflación, claro). Hollywood no vendió más que unos 8000 millones de dólares. Un 20% menos que en 2019. Pero muchas, muchas menos entradas. Porque hay un truco: los números estadounidenses ocultan que se cortan menos tickets porque suben los precios y porque una gran parte es de gran formato, como el IMAX, cuyas oscilan entre los 15 dólares promedio de una entrada común a unos 40 y hasta 50 dólares con aditamentos premium. Y muchos filmes (Pecadores, F1-La película, etcétera) hicieron su agosto y más meses gracias a esos formatos. Pero la verdad es la siguiente: la baja global de asistencia en salas de cine se estima en un 32%. Y eso está maquillado por el precio de las entradas. Por eso los Estados Unidos son caso clave: el precio promedio del ticket en 2019 era de 9,16 dólares mientras que en 2025 es de 11,31 dólares. El aumento nominal es del 23,5% pero la inflación en el período fue de 26%, lo que significa una ligera disminución real en precios (2,5%). Lo mismo pasa, con diferencia mínima, en Europa Occidental y China. Así que, si bien la recaudación es alrededor de un 22% más baja que en 2019, la disminución del público es diez puntos porcentuales mayor. Esto hace que el tanque sea cada vez más inviable, porque el recupero de la inversión por venta de entradas es menor al aumento de presupuestos por la inflación. Y dado que los cines se llevan el 50% de lo recaudado en el país de origen, una película de 200 millones de dólares de producción que, además, gasta lo mismo en marketing, debería recaudar al menos 800 millones de dólares globalmente para salvar la ropa, porque en países como China el recupero es menor, sin contar las diferencias del precio de entradas (en la Argentina, hoy el promedio es de 4,3 dólares, en línea con el precio histórico aunque llegó a los 7 dólares a mediados de este año). Y por último, si no hay un incentivo muy grande (IMAX, por ejemplo), el 30% del público espera a que la película pase por las plataformas. ¿30%? Sí, consistente con esa baja global. Cuando James Cameron dice que se requieren por lo menos 1500 millones de dólares para recuperar la inversión de Avatar: Fuego y cenizas, no exagera. Es ingeniero, aparte: sabe de números. Este es, en suma, el verdadero tamaño del cine, que está en crisis incluso -podemos decir sobre todo- en el campo del gran entretenimiento, porque los costos son cada vez más difíciles de recuperar. ¿Y dónde queda el arte en todo esto? Avatar... es un atisbo: la película se construye sobre todo por el poder visual y la experiencia inmersiva que propone en el 3D y el gran formato. La historia -incluso si está bien narrada- es mínima porque lo que importa es la experiencia. El anuncio de La Odisea rodada íntegramente con cámaras y formato IMAX va en el mismo sentido: más grande, más fastuoso, más envolvente. Y, por cierto, menos riesgo, originalidad o novedades.
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