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  • David Bowie: su camaleónica carrera, sus personajes, las canciones icónicas y el disco con el que se despidió hace diez años

    » La Nacion

    Fecha: 10/01/2026 00:28

    El autor de Heroes, el entrañable Duque Blanco, dejó un legado tan rico como extenso que vale la pena repasar a un década de su muerte - 10 minutos de lectura' El 10 de enero de 2016 el mundo sucumbía ante la noticia de su fallecimiento, que sucedió dos días después de sacar su último disco. Tras años de estar a la vanguardia, se despidió con un testamento que abría la puerta hacia un nuevo comienzo. Su muerte fue como su vida: una obra de arte. Así describió el final de David Bowie el productor Tony Visconti, que trabajó en buena parte de sus álbumes, tras el fallecimiento del artista, el 10 de enero de 2016, apenas dos días después de haber cumplido 69 años y de haber sacado su último disco, Blackstar, que fue su perfecto canto del cisne, una forma críptica de decir adiós tras haber atravesado un cáncer terminal en el más absoluto hermetismo, y su oportunidad para cerrar el círculo de su magnífica discografía, aunque siempre mirando hacia el futuro, incluso cuando éste, para él, había llegado a su fin. Blackstar no es fácil de digerir. A diferencia de lo que fue The Next Day (2013) -su primer álbum tras una década de silencio, en el que condensó de forma magistral el sonido de sus diferentes etapas artísticas-, aquí optó por incursionar en el free jazz, pero hecho a partir de su propia relectura del género, en el que también fue influenciado por el hip-hop de Kendrick Lamar. La música, en este caso, se puso al servicio de sus canciones y no al revés. De esta manera, Bowie escribió su carta de despedida con un lenguaje sonoro muy diferente al que había desarrollado a lo largo de los años y dejó abierta una nueva paleta para explorar, de esas que adquieren mayor importancia con el correr del tiempo. Parte de esas nuevas canciones nacieron para Lazarus, un musical que escribió junto al dramaturgo Enda Walsh que continúa la historia de Thomas Newton, el alienígena que protagoniza la novela de Walter Tevis, The Man Who Fell To Earth, que el cantante encarnó en la adaptación cinematográfica de 1976. Fue su primer protagónico en un largometraje y el personaje lo marcó tanto que se apoderó de él completamente y lo llevó a crear uno de sus alter egos más famosos y polémicos, el delgado Duque Blanco. Fue una de sus épocas más oscuras, en la que vivía subsumido bajo los efectos de la cocaína y públicamente expresaba su apoyo al fascismo, al punto que fue retratado haciendo el saludo nazi a sus fans en Londres, aunque luego afirmó que la foto era engañosa. En esos años también grabó Station to Station, donde experimentó por primera vez con el krautrock, la variante alemana del rock progresivo, donde predominan los ritmos uniformes y mecánicos y sintetizadores etéreos como en la música electrónica ambient. Bowie popularizó esa música en la trilogía de álbumes que grabó en Berlín a finales de los 70 -Low, Heroes y Lodger-, en los que tomó sus mejores elementos y los hizo más accesibles, en especial en el clásico Heroes, donde utilizó las guitarras texturadas típicas del rock teutón y las puso al servicio del pop. Además de buscar inspiración, Bowie fue a la capital alemana para alejarse de la fama y de las drogas (aunque en esto último no fue tan exitoso). Lo acompañó su amigo Iggy Pop, a quien le produjo su debut solista, The Idiot, que encaja perfectamente en la obra que compuso David en esa época. Él fue quien reencauzó la carrera de la Iguana, que había quedado tambaleando después de la separación de The Stooges, banda que él mismo intentó rescatar del abismo en 1972 produciendo el álbum Raw Power. Lou Reed fue el otro artista al que el inglés salvó del ostracismo. Luego del fracaso del primer álbum en solitario que grabó tras abandonar The Velvet Underground -grupo que Bowie veneraba-, el autor de Life on Mars? y su guitarrista Mick Ronson produjeron Transformer, el disco que le dio su primer hit, Walk on the Wild Side. Como habitué de los lugares más sórdidos y marginales de Nueva York, Reed quedó fascinado con la estética glam y andrógina que el joven músico había cultivado en The Man Who Sold the World y Hunky Dory, discos en los que todavía estaba buscando su sonido, entre el rock crudo y el folk de sus primeros trabajos, como Space Oddity, el tema que lo puso en el mapa después de varios años buscando el éxito. David Robert Jones, tal su nombre de nacimiento, empezó a tocar rock and roll en la adolescencia. Formó parte de diferentes bandas que no fueron hacia ningún lado hasta que inició su carrera solista. Su LP homónimo, editado en 1967, con su mezcla de pop, psicodelia y music hall, pasó inadvertido. Space Oddity salió con un timing perfecto, apenas unos días antes de la llegada del hombre a la luna, y funcionó como la banda sonora ideal de la misión Apollo 11. Sin embargo, fue en el mismo año en el que elevó las figuras de Iggy Pop y Lou Reed que alcanzó el estrellato mundial. Su personaje Ziggy Stardust estaba inspirado en ellos dos y su presencia magnética sobre el escenario atrajo a un público que lo vio como el nuevo salvador del rock, un concepto que quedó plasmado en The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, su primera obra maestra. Enseguida sacó Aladdin Sane, que funcionó como una secuela. Escrito durante una gira por los Estados Unidos e inspirado en su cultura, lo consideró el disco en el que Ziggy va a América. Bowie finalmente alcanzó la fama que buscaba creando un rockstar con todos los clichés y aprovechando un contexto en el que la imagen y la teatralidad estaban transformando al rock, además de explotar la polémica que provocaba su supuesta bisexualidad. El éxito tuvo consecuencias porque el personaje se apoderó de él y perdió el control de sí mismo. Toda mi personalidad se vio afectada y la situación se volvió muy peligrosa. Llegué a tener serias dudas sobre mi propia cordura, admitió. Por eso decidió terminar con él y pasar a la etapa siguiente: el plastic soul, que, según su concepción, era la forma sintética que a los blancos como él les salía tocar esta música que, creía, solo a los afroamericanos les nace de forma genuina. No es solo rock lo que se llevó de su gira norteamericana. El soul y el funk influyeron en sus siguientes trabajos, Diamond Dogs -que en Rebel Rebel contiene su último grito de glam-, y Young Americans, que le dio su primer número uno en los Estados Unidos gracias a Fame, una colaboración con John Lennon con un groove que ningún Beatle llegó a igualar. En los 80 volvió a abrazar la música negra de la mano de Nile Rodgers de Chic, que produjo Lets Dance, uno de sus discos más vendidos. De la mano del tema homónimo y de Modern Love, David Bowie se aferró al pop más que nunca. Tomó elementos de la new wave, del dance pop y de toda la música que estaba de moda en esa época y la tradujo a su propio idioma. El resultado fue un nuevo pico de popularidad que incluyó una alta rotación en MTV, colaboraciones con Queen (Under Pressure), Giorgio Moroder (Cat People), Tina Turner (Tonight) y Mick Jagger (el cover de Martha and The Vandellas Dancing in the Street), y una actuación estelar en el mega concierto benéfico Live Aid. También profundizó su carrera actoral como protagonista del musical de Broadway, The Elephant Man y de las películas Absolute Beginners, de Julien Temple; Merry Christmas, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima y Laberinto, de Jim Henson (que hoy es un film de culto), y un cameo estelar en el rol de Poncio Pilatos en La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese. Lejos de caer en la categoría de artista clásico, él siguió marcando tendencia, siempre un paso adelante que los demás. Estaba tan a la vanguardia que a finales de los 80 formó Tin Machine, una banda de hard rock cuyo sonido se anticipó a la explosión del grunge y que estaba alineado con la escena alternativa que se estaba cultivando desde el underground con grupos como Pixies, Mudhoney, Sonic Youth y The Jesus and Mary Chain. El proyecto fue un fracaso comercial, pero le sirvió para revitalizar su carrera. Para bien o para mal, me ayudó a precisar qué aspectos de ser artista disfrutaba y cuáles no. Siento que ese proceso fue clave para recuperarme creativamente, explicó en su momento. En la década siguiente, mientras el rock volvía a conquistar el mainstream, él optó por volcarse a la música electrónica, desde el clásico house hasta nuevos géneros como el jungle y el drum and bass, que tienen breakbeats acelerados y líneas de bajo profundas, y que estaban revolucionando las raves en Inglaterra. Sus discos Black Tie White Noise, la banda sonora de The Buddha of Suburbia y Earthling fueron en esa dirección, mientras que en Outside experimentó con la música industrial que Nine Inch Nails había popularizado en los 90. De hecho, la banda de Trent Reznor fue ungida por David para acompañarlo en la gira en la que presentó este álbum que es casi un anacronismo dentro de su discografía y que constituye un nexo entre la metálica trilogía de Berlín (comparten la producción de Brian Eno) y Blackstar. En esos años también hizo públicas sus pinturas, una faceta que había mantenido en un perfil bajo. La portada de Outside, de hecho, es un autorretrato. Los últimos capítulos El nuevo milenio puso a Bowie en una posición más conservadora. Sus últimos discos se volcaron hacia un pop rock más convencional, sin dejar del todo su ambición por probar cosas nuevas. Hours surgió de la banda sonora que compuso para el videojuego Omikron: The Nomad Soul, en el que él y su esposa, la modelo somalí Iman Abdulmajid, pusieron sus voces. Heathen y Reality, mucho más directos, fueron el camino para actualizar el sonido que había desarrollado en el pasado. Esa nueva música fue concebida para ser tocada en vivo, pero en 2004 una obstrucción arterial lo obligó a abandonar las giras y a disminuir sus apariciones públicas. Pasaron diez años hasta que volvió a grabar de nuevo. Con referencias a su viejo material, en The Next Day logró sintetizar en un solo álbum toda su carrera. Blackstar podría haber sido un nuevo comienzo, pero él decidió que fuera su réquiem personal y su testamento musical. David Bowie fue un creador incansable, que construyó una carrera de vanguardia y asumió riesgos constantemente. Incluso cuando se equivocó, el tiempo siempre le terminó dando la razón: no siempre el mundo estuvo listo para apreciar su arte. Dueño de una capacidad innata para llamar la atención, nunca dejó de sorprender. Ni siquiera cuando abandonó este mundo para convertirse en leyenda.

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