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» Clarin
Fecha: 09/01/2026 06:52
En la ola mundial por revertir el deterioro neurológico que llega con la edad, investigadores argentinos desentrañaron (en un experimento con ratones) uno de los porqué detrás de un mecanismo que la comunidad científica internacional viene persiguiendo hace unos años y que, con viento favor, podría ser un verdadero mojón para muchos adultos mayores: la relación positiva entre la estimulación con luz y sonido y el nacimiento de neuronas "frescas" en cerebros envejecidos. Es tal como suena. Un estímulo de luz y sonido provocó, en un grupo de ratones, una estimulación tal, que las neuronas que les nacieron en la región cerebral del hipocampo crecieron el doble de rápido y más "robustas" (podría decirse), que las que los investigadores consignaron en los ratones del grupo control, usados como punto de comparación. La investigación fue realizada por científicos del Conicet y Fundación Instituto Leloir, liderados por los jefes de dos laboratorios de esa institución, que trabajaron en colaboración. Son Emilio Kropff y Alejandro Schinder; el primero, jefe de Fisiología y Algoritmos del Cerebro; el segundo, a cargo del Laboratorio de Plasticidad Neuronal. Retenga ese concepto. Schinder, que habló largo rato con Clarín, es el último autor (o sea, el coordinador) del paper, que a su vez está encabezado por la investigadora Mariela Trinchero. La publicación se titula La estimulación gamma audiovisual restaura la neurogénesis hipocampal y la plasticidad del circuito neuronal en ratones envejecidos, y salió en Molecular Psychiatry, revista que integra el grupo editorial de la prestigiosa Nature. Dos detalles contrapuestos pero igualmente importantes matizan toda la novedad. El primero tiene que ver con no crear expectativas apresuradas. Si bien (contó Schinder a Clarín, y lo reporta también el trabajo) hay investigaciones desde 2016 en esta materia e incluso algunas en marcha con pacientes en fase 1, lejos se está todavía de tener una terapia posible a mano, que promueva lo que se conoce como neurogénesis; es decir, que acelere o mejore el nacimiento de neuronas, tanto para contrarrestar los efectos de la vejez como de las enfermedades neurodegenerativas (al estilo del Alzheimer, según tienen como foco algunos de los trabajos en curso). La segunda cuestión, a la inversa, pondera la importancia de este trabajo, ya que aclara por qué la comunidad científica viene poniendo fichas en esto de la luz y el sonido. Y es que, si se llegaran a probar la seguridad de estos tratamientos y efectos beneficiosos en la salud, una terapia de estimulación cerebral como la que reportará acá podría estar entre las más baratas posibles. El ABC de la plasticidad neuronal Las neuronas son las células del cerebro, conviene aclarar. Aunque suele decirse que una vez que mueren, no nacen nuevas, Schinder explicó que no es exactamente así. De hecho, hay una zona del cerebro en la que, gracias a unas usinas que existen en ciertas partes del organismo, las células madre, nuevas neuronas se producen, sobre todo en cerebros jóvenes. Esa zona es el hipocampo, y en la actividad de neurogénesis (nacimiento de neuronas) interviene algo crucial en este paper: la llamada plasticidad cerebral. Es un concepto general que hay que entender desde el punto de vista de los mecanismos, ya que es justamente lo que permite que haya cambios entre las conexiones que ya existen entre neuronas, pero también en la formación de conexiones nuevas. Cualquier cosa nueva que uno aprenda o registre provoca un cambio en las conexiones, gracias a la plasticidad cerebral. Ahora bien, las nuevas neuronas que nacen en el hipocampo y la corteza, dos zonas involucradas en el aprendizaje y la memoria, también establecen nuevas conexiones y esa es otra forma de plasticidad. Al ser neuronas nuevas, son una fuente muy grande de plasticidad, detalló Schinder. El tema es que la neurogénesis, si bien se da toda la vida en los mamíferos, disminuye con la edad, lo que explica que sea mucho más difícil aprender un instrumento de grandes que de chicos. Es un fenómeno que estudiamos hace rato. Y no solamente la cantidad de neuronas nuevas disminuye sino que la velocidad de crecimiento también se enlentece con el paso del tiempo, siguió el investigador. El punto clave es que, según explicó, el cerebro hay que entenderlo como una máquina de generar electricidad. Si las señales eléctricas están activas, la capacidad de ejercer la plasticidad sigue en pie. Pero el cerebro debe estar desafiado a resolver y aprender cosas todo el tiempo y esto se va perdiendo con la edad y con las enfermedades neurodegenerativas. Con este ABC se podrá entender mejor cómo unos estímulos específicos de luz y sonido fueron una dosis vitamínica o push-up para el crecimiento más veloz de neuronas nuevas. El tablero eléctrico del cerebro En la charla, Schinder habló varias veces de hertz, el sistema de medida que quienes escuchan radio habrán escuchado nombrar innumerables veces, aunque no necesariamente comprendan su significado. Los hertz (Hz) son la unidad de medida que indica la frecuencia de cierto evento, por segundo. Es decir los ciclos de repetición, en este caso de luz-sonido, ocurridos en un lapso puntual, que precisamente es un segundo. En este caso, el concepto importa tanto porque esa unidad se usa para medir la comunicación entre neuronas como porque la estimulación que usaron los científicos del Leloir se montó en ese concepto. Las neuronas comunican de un modo muy simple: una le manda a otra un bit. Algo así como un 'sí' o un 'no'. Pero cuando tenés miles de millones de neuronas, eso genera un ruido eléctrico variado, con oscilaciones compuestas por señales de miles de millones de neuronas en frecuencias muy diferentes, entre 30 y 100 hertz, aclaró Schinder, y agregó: Una parte de toda esa masa de frecuencias son ondas gamma, que nada tienen (N. de la R.: que ver con los cancerígenos rayos gamma, más allá de la coincidencia en el uso de la letra griega), que básicamente son unas oscilaciones muy chiquitas. ¿Qué hicieron los investigadores? Durante 17 días, algunas horas por día (tres veces por día, una hora cada vez) estimularon a los ratones con cerebros envejecidos con ondas de frecuencia gamma. O sea, les dieron (desde afuera) una suerte de "dosis" persistente de lo que el propio cerebro debería hacer, si fuera más joven. Lo estimularon, para decirlo como corresponde. Y eligieron las ondas gamma porque estas oscilaciones en particular son importantes para las funciones cognitivas, ya que el cerebro las usa para transmitir información entre circuitos. Neuronas frente a un show de luz y sonido Según contó Schinder, tomaron una tira de leds blancos, que prendieron y apagaron 40 veces por frecuencia (40 hertz), con acompañamiento de un sonido; un pulso, definió el investigador. Clarín le preguntó por la diferencia entre esa experiencia y la que ofrece una lámpara cualquiera, como para dilucidar si la luz era percibida por los ratones, o cómo era: La luz que solemos usar se prende y apaga 50 veces por segundo, pero como tiene inercia, no vemos la oscilación. Los leds sí se apagan y prenden y uno lo percibe. ¿No era irritante o molesto? El investigador explicó que no: Se llega a percibir el parpadeo, pero es suave y no registramos ninguna clase de estrés en los animales. En el trabajo explicamos que pusimos un electrodo en la región del hipocampo de los ratones, lo que nos permitió ver las señales eléctricas generadas. Se podría decir que el estímulo exterior de ondas gamma (parecidas en frecuencia a las que el propio cerebro genera), fueron literalmente una suerte de marcapasos, o un lazarillo que condujo al cerebro a ejercitar (como si hubiera ido al gimnasio) la plasticidad neuronal, precisamente el ejercicio de musculación clave que tiende a decaer con la edad. ¿Cómo respondieron los cerebros de los ratones? Acompañaron. Cada neurona tiene cables de entrada y de salida. Los de entrada son las dendritas y los de salida son los axones. Al principio del experimento, nosotros habíamos medido las neuronas nuevas del hipocampo en los cerebros. Durante 17 días estimulamos a la mitad y a la mitad, no. En el segundo grupo se vieron neuronas mucho más bebitas, jóvenes y subdesarrolladas. Los que estimulamos tenían neuronas más crecidas y funcionales, con células multiplicándose más y dendritas más robustas. Todo, casi el doble que en el grupo control, se entusiasmó Schinder. Si bien se sabía que la estimulación de sonido y luz contrarrestaba (siempre que vayan juntos) los mecanismos de neurodegeneración, no se sabía qué mecanismos actuaban detrás. Nuestra hipótesis era que seguramente aumentaba la actividad eléctrica del cerebro porque eso mantiene las neuronas activas e impulsa la plasticidad, explicó Schinder, y concluyó: Estamos entendiendo cómo funcionan estos mecanismos que pueden ayudar a la reparación porque hacen que el declive con la edad sea más lento. Con un método muy barato, lográs activar la plasticidad con las características de un cerebro más joven. PS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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