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  • Por qué no representa aún un cambio real la salida de Nicolás Maduro

    La Plata » El dia La Plata

    Fecha: 07/01/2026 04:09

    La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos reavivó de inmediato el debate sobre el llamado cambio de régimen. Para muchos observadores, la salida física de Maduro del poder parecía equivaler al fin del chavismo y al cierre de la prolongada crisis venezolana. Sin embargo, esa asociación resulta engañosa: la destitución de un líder no constituye, por sí sola, un cambio de régimen. Esa distinción ayuda a explicar por qué, pese a la caída de Maduro, Venezuela aún no atravesó una transformación política profunda. En el lenguaje de la política internacional, el cambio de régimen no se limita a reemplazar a una figura en la cúspide del poder. Se trata de un proceso más ambicioso, que implica la intervención de actores externos para transformar de manera estructural la forma en que se gobierna un país, redefiniendo quién ejerce la autoridad, cómo se distribuye el poder y qué instituciones lo sostienen. Desde esta perspectiva, el reemplazo de Maduro por su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, no alcanza ese umbral, incluso si Washington ejerce una fuerte presión política sobre su eventual gestión. Uno de los principales motivos por los que no se ha producido un cambio de régimen es la persistencia del andamiaje político heredado del chavismo. Aunque Maduro ya no esté, las estructuras del poder las fuerzas armadas, el aparato burocrático, el control territorial y los mecanismos de coerción siguen intactas. La transición actual apunta más a una reconfiguración interna del liderazgo que a un desmantelamiento del sistema instaurado por Hugo Chávez y consolidado durante más de dos décadas. El concepto de cambio de régimen ganó popularidad tras la Guerra Fría como una forma más técnica y menos explícita de referirse al derrocamiento de gobiernos. A diferencia de términos como invasión o deposición, sugería planificación, racionalidad y capacidad de gestión, suavizando el peso moral y legal de la intervención externa y transmitiendo la idea de que los sistemas políticos podían desmontarse y reconstruirse desde afuera con relativa facilidad. Irak se convirtió en el caso emblemático de esta lógica. En 2003, Estados Unidos logró derrocar a Saddam Hussein e impedir que el antiguo Partido Baaz volviera al poder, lo que constituyó un auténtico cambio de régimen. Sin embargo, el colapso del orden existente no dio paso a un sistema estable, sino a años de violencia, fragmentación y luchas internas que escaparon al control de las potencias externas. Esa experiencia transformó el significado del término: el cambio de régimen pasó de ser una promesa de orden a una advertencia sobre los riesgos de la extralimitación. El cambio de régimen, entendido en sentido estricto, no concluye con la caída de un gobernante: comienza allí una disputa sobre cómo reorganizar el poder, con cuáles actores y bajo qué reglas. En Venezuela, esa etapa aún no se inició plenamente. Por eso, aunque el país ya vive en un escenario post-Maduro, sigue lejos de una ruptura definitiva con el orden político que él representó. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?

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