09/01/2026 00:08
09/01/2026 00:07
09/01/2026 00:06
09/01/2026 00:06
09/01/2026 00:06
09/01/2026 00:06
09/01/2026 00:06
» La Nacion
Fecha: 08/01/2026 00:53
Vivimos rodeados de opciones. Más opciones para vestirnos, para cuidarnos, para vincularnos y hasta para construir nuestra identidad visual. Todo promete libertad, pero, paradójicamente, muchas veces produce lo contrario: confusión, agotamiento y una sensación constante de no estar eligiendo bien. Es el efecto central de la paradoja de la elección, un fenómeno psicológico que se volvió protagonista mientras estamos saturados de decisiones. El psicólogo Barry Schwartz lo describió hace años, pero hoy se manifiesta con una intensidad nueva. Cuando las posibilidades se multiplican, también lo hacen la duda, la autoexigencia y el temor a equivocarse. Lo veo a diario en las consultorías de imagen que realizo: personas abrumadas, no por falta de ropa, sino por exceso; no por no conocer su estilo, sino por haber probado tantos estilos que ya no logran distinguir cuál les pertenece. El vestidor se vuelve un terreno emocional difícil de atravesar. La paradoja no es sólo una intuición popular, sino un fenómeno estudiado con rigor. Por ejemplo: En un trabajo reciente realizado por la plataforma especializada en ciencia y medicina ScienceDirect una revisión con meta-análisis entre 99 observaciones y más de 7200 participantes concluyó que cuando el conjunto de opciones se vuelve demasiado amplio se genera una complejidad elevada, incertidumbre sobre las preferencias y como consecuencia un impacto negativo. Es decir, aumenta la probabilidad de arrepentimiento, disminuye la satisfacción con la decisión, se incrementa la indecisión o la postergación del acto de elegir. Adicionalmente, la necesidad de evaluar múltiples dimensiones funcionalidad, estética, comodidad, contexto vuelve la decisión pesada, consume energía mental, y puede generar ansiedad, arrepentimiento o miedo al error. ¿Te resuena algo de todo esto? Para salir de ese enredo no alcanza con ordenar perchas. La verdadera transformación aparece cuando miramos la imagen desde un enfoque holístico. Esto implica integrar identidad, cuerpo, ritmo de vida, profesión, aspiraciones y comunicación no verbal. No se trata de sumar más reglas, sino de vernos como personas, como un sistema completo: qué sentimos, qué necesitamos y qué queremos expresar. Cuando la mirada es holística, la elección deja de ser un laberinto y se convierte en un proceso más consciente y amable, La paradoja de la elección también se cuela en la rutina diaria. Frente al espejo, entre veinte posibilidades, ninguna termina pareciendo correcta. Es un cansancio silencioso, pero constante. Cuantas más opciones hay, más energía se consume para decidir y menos satisfechos quedamos con lo que finalmente elegimos. Esta tensión se replica en otros ámbitos de la vida: en la profesión, en el bienestar, en los vínculos. Todo invita a elegir, pero también a dudar. Pero simplificar no significa limitarse ni perder creatividad. Desde mi punto de vista es todo lo contrario: cuando el guardarropa está construido con criterio holístico funcional, coherente, cómodo y alineado con la identidad aparece una claridad inesperada. Se libera espacio mental. Surge el disfrute. Y la autoestima, tema que cuando hablamos de imagen personal se vuelve recurrente, se fortalece, porque deja de ser una exigencia. Es necesario recordar que la verdadera libertad no está en multiplicar caminos, sino en reconocer el propio. La paradoja de la elección nos muestra que el exceso confunde, pero la coherencia ordena. Y cuando la imagen personal se piensa desde un enfoque holístico, cada decisión estética se vuelve más simple, más auténtica y más cercana a quien realmente somos. Quizás la solución no esté en acumular, sino en depurar. No en elegir más, sino en elegir con propósito. Porque al final, la mejor elección no es la perfecta: es la que nos permite reconocernos sin confusión y sobre todo sin arrepentimiento. La autora es asesora de imagen @danisa_bevcic
Ver noticia original