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» Clarin
Fecha: 02/01/2026 17:44
Prepárame dos choclos que voy a buscar unas cervezas. Nadie en ese momento ni el turista argentino, ni Dirli, la vendedora del puesto 69, ni los otros comerciantes de la playa imaginó que esa frase inofensiva iba a ser el disparador de una pelea con golpes, patadas voladoras, que terminaría recorriendo las redes sociales. El episodio ocurrió el 30 de diciembre en la playa central de Camboriú, sobre la avenida Atlántica, y, como contó Clarín, tuvo como protagonistas a un turista argentino y a varios vendedores ambulantes. Esta playa es la más grande y conocida de la ciudad, se extiende a lo largo de casi seis kilómetros de arena y es muy concurrida. Enfrente hay un sinfín de bares y restaurantes que no paran. Allí se mezclan turistas de distintos países, vendedores ambulantes y locales, y también se ven canchas de vóley y fútbol. El video que se viralizó muestra una pelea descontrolada por una presunta estafa en la compra de dos choclos. Pero según el testimonio de Dirli, dueña del puesto 69, la historia fue muy distinta. Video Dirli trabaja desde hace más de una década en el lugar. Hace 12 años tiene su puesto de choclos y lleva 14 vinculada al turismo. Está acostumbrada al trato con extranjeros, sobre todo argentinos. Por eso, todavía no entiende lo que ocurrió ese día. Según reconstruyó, el turista se acercó a su puesto y pidió dos choclos, que tenían un costo de 15 reales cada uno. Antes de retirarse le dijo: Prepárame los choclos que voy a buscar unas cervezas. Pagó con tarjeta de crédito y se fue. Todo parecía normal. Pero una hora después volvió completamente alterado. Primero fue al kiosco vecino, atendido por Jessica, convencido de que lo habían estafado. El argentino vino muy agresivo, y entró dentro del kiosco diciendo que le habíamos robado, relató la comerciante. Según explicó, el hombre mostraba su celular y gritaba. Mostró el celular y ahí tenía una compra, y otra compra. Le digo que la nuestra estaba a nombre de Jessica Manuel Machado, por 20 reales, y la de abajo era Marli de 270 reales. Jessica intentó explicarle la diferencia entre los consumos, pero el clima fue empeorando. Y venía agresivo gritando. Y yo dije, ¡sal de aquí dentro! No puede entrar, contó. Minutos después, el turista se dirigió al puesto 69. Allí estaba la hija de Dirli, de 18 años. El hombre comenzó a insultarla y a mostrarle el celular en la cara. La situación se desbordó. Dirli asegura que el turista estaba fuera de control. Le pegó a la silla, me pateó el brazo porque estaba ahí en la silla, no quiso pegarme pero estaba loco, describió. En medio del forcejeo intervinieron otros vendedores. Entre ellos, el de remera amarilla que le tiró una patada en la espalda que hace que el turista argentino caiga al suelo. Los chicos aquí siempre lo hacen para defender. Yo creo que es un estúpido venir aquí a querer patear a una mujer, un cobarde, expresó Dirli en relación a la conducta de sus compañeros. La policía llegó al lugar y Dirli presentó su documentación y los comprobantes de cobro. La policía llegó aquí, fui a mi maquinilla y le mostré mi nombre, ahí está mi razón social mi todo, explicó. También mostró su identidad y las transacciones registradas en su teléfono. Según dijo, el consumo del turista no figuraba. Le mostró el celular y no constaba mi compra en mi kiosco, no costaba porque no tenía el gasto en su extracto bancario. En cambio, el turista dio otro nombre del comercio donde figuraba el gasto más alto. El argentino decía otro nombre: Marlín y no sabemos quién es, señaló Dirli. Aun así, el episodio terminó con denuncias cruzadas y una fuerte exposición en redes sociales. Desde entonces, la vendedora asegura que su vida cambió. Todo se fue a la mierda, no imaginé que iba a tener esa repercusión, me está mandando amenazas gente de todos los lados, contó. También negó haber intentado estafar al turista. Está 15 reales desde el año pasado. El platito está 20 reales, dijo mientras mostraba los carteles del puesto. Y fue tajante: Cómo voy a estar a estafar a ese hijo de p***. Para Dirli, el problema no fue el precio ni el cobro, sino el estado en el que volvió el turista a su puesto. Yo no creo que haya sido una estafa, para mi fue la bebida de él, afirmó. Y agregó: Estaba muy borracho. También entró al otro kiosco super agresivo. Casada durante años con un argentino y madre de una hija de 18, Dirli asegura que nunca vivió algo así. Nunca tuve otros altercados con algún otro turista, 14 años que trabajo con turismo aquí, 12 años que tengo el puesto y nunca tuve un episodio de este estilo. Una discusión por dos choclos, una confusión y una reacción violenta fueron suficientes para desatar un escándalo que cruzó fronteras. En una playa acostumbrada al movimiento constante de turistas, lo ocurrido ese día todavía genera repercusiones entre los involucrados y abre el debate sobre la convivencia, los excesos y la seguridad en un destino turístico elegido por muchos argentinos. PS Sobre la firma Mirá también Newsletter Clarín
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