30/11/2025 19:12
30/11/2025 19:12
30/11/2025 19:11
30/11/2025 19:10
30/11/2025 19:08
30/11/2025 19:06
30/11/2025 18:57
30/11/2025 18:57
30/11/2025 18:56
30/11/2025 18:55
» El litoral Corrientes
Fecha: 30/11/2025 18:34
El gobierno de Javier Milei pica en punta y toma la iniciativa constantemente en un teatro de operaciones sin contrafiguras. Marca los puntos salientes de la agenda nacional mediante una multiplicidad de hechos políticos generados desde las distintas usinas de La Libertad Avanza, en conjunción con acontecimientos públicos, debates parlamentarios y escándalos varios que en muchos casos marean y toman por sorpresa a la opinión colectiva hasta ocasionar un efecto dispersión en el que nadie hace foco en un mismo tema sino todo lo contrario: subdividida en múltiples nichos algorítmicos, una sociedad fragmentada habita distintos planos de una realidad poliédrica mientras los elefantes desfilan por los bazares. La lógica de las tribus urbanas que, aún habitando el mismo suelo, en mismo tiempo y espacio, reciben contenidos segmentados según sus afinidades por las inteligencias artificiales que se aprovechan del sesgo de confirmación reparte la carga tanto negativa como positiva de los sucesos modificadores de las realidades hogareñas de modo tal que alguien está preocupado por el cierre de la fábrica de Whirpool en Pilar, otro está enojado con Chiqui Tapia porque le entregó una copa trucha a Di María, más allá una señora se puso contenta porque un militar volvió al ejercicio efectivo de la función pública como ministro del gabinete nacional y al pibe de la esquina la dio cringe porque una mamá noqueó a la maestra. Esta distribución temática en un interminable abanico de episodios encandilantes funciona como el fenómeno de los faquires que se acuestan sobre una cama de clavos sin que ninguno de ellos penetre su piel. El truco no es más que un simple fenómeno de la física en el que la fuerza ejercida por un cuerpo se divide por la superficie de manera que la presión disminuye al punto de que ninguna púa alcanza a dañar al prestidigitador, que en este caso viene a ser el gobierno argentino, tan favorecido por el viento de cola del triunfo electoral de medio término que la suma de elementos punzantes se diluye por efecto de la numerosidad. Con Alberto Fernández la daga devastadora fue la foto de la fiesta privada de Olivos. Con Cristina Kirchner, el golpe de knockout fueron los cuadernos de Centeno, los bolsos de López y las rutas fantasmas de Lázaro Báez. Pero con Javier Milei sucede que son tantos los frentes abiertos que ninguno funge como la kriptonita que alguna vez le sirvió a Lex Luthor para doblegar a Superman. Por ahí se habla del criptogate Libra, otras veces sale a la luz algún detalle de los recortes a las áreas más sensibles de la malla de contención estatal y en las escuelas (solamente en ellas y nada más) se debate sobre los recortes presupuestarios que -por ejemplo- dejarán sin sustento económico a miles de instituciones técnicas y agrotécnicas del país. Para colmo, el presunto desfalco investigado por el fiscal Picardi en torno de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) a partir de los famosos audios clandestinos del ex titular del área, el ex abogado personal del presidente Diego Spagnuolo, tiene un nuevo villano de apellido Calvete, un exótico personaje que se hizo famoso como titular de la Cámara de Supermercados Chinos y que, sin ser funcionario, aparecía tomando decisiones sobre las compras y los destinos de medicamentos y tratamientos para beneficiarios hipervulnerables de tal repartición. Y la hija Ornella, que era funcionaria del superministro Toto Caputo, renunciada por habérsele encontrado 700.000 dólares negros en su departamento, y el novio conviviente, eyectado de otro cargo de la misma cartera al que había accedido por amistades por el “Mago del Kremlin” Santi Caputo, etcétera y etcétera. En esa mamushka interminable de latrocinios, de pronto, la massmedia dejó de hablar del 3 por ciento para Karina, de los primos Menem y de sus movimientos soterrados para consolidar un núcleo de poder que les permitió coronar un ministro del Interior de paladar negro (el ex vocero Adorni) mientras, como el tero, para desviar todavía más la atención, provocan un conflicto de baja estofa con la vicepresidenta Villarruel en disputa por un palco del recinto durante la sesión preparatoria. Y hacia esa cazuela de figuretis apuntan los obturadores del fotoperiodismo milenial, para alimentar el chismorreo de los programas faranduleros de la tarde, los shorts de Tik Tok y la cadena interminable de contenidos basura escroleados cada tres segundos por consumidores de memes convencidos de que eso equivale a estar informado. Tampoco se habla mucho de las reservas del Banco Central, desnutridas por decisión del amigo (¿amigo?) Scott Bessent, quien además de haber activado el swap de monedas entre Argentina y Estados Unidos para cobrarse los dólares que puso antes de las elecciones (el clonazepam financiero que durmió el tipo de cambio para que no zozobrara la administración libertaria) desmotivó al JP Morgan de modo tal que aquel empréstito de 20.000 millones de dólares que iba a servir para anclar la economía albiceleste a un bloque de estabilidad constante, finalmente, no se materializará. Resultado: Milei y sus ajustadores en jefe volvieron a encender la motosierra para una nueva ola de despidos que afectará al 10 por ciento de la plantilla de empleados públicos nacionales y dejará sin subsidios eléctricos a 7.5 millones de familias (casi medio país). Para los que prefieren, en el polifacético menú de injusticias sociales que se ofrece en la mesa hogareña de cada día, incursionar en la crisis de las industrias locales, aparecen (además del citado cierre de la fábrica de lavarropas en Pilar) el despido de trabajadores de Ollas Essen, el cierre de la planta santafesina Cramaco (donde se producían bombas de alta presión) y la llegada de una flota de 300 buses chinos para abastecer a una línea de transporte que ayer nomás compraba sus unidades a las carroceras de cuño nacional. Y dicho sea de paso: ¿Qué pensará el presidente Donald Trump de que una empresa argentina adquiera una flota china de colectivos urbanos ecológicos -porque funcionan a gas- después de bajar línea contra las transacciones bilaterales con el imperio oriental que viene pisándole los talones en el liderazgo global? ¿No era que a partir del padrinazgo norteamericano, después de que el presidente naranja advirtiera a sus votantes que si no asistía al gobierno de Milei la Argentina caía a la marmita hirviente el caos social, la gestión libertaria orientaría sus operaciones comerciales hacia a la potencia occidental en vez de coquetear con los herederos de Sun Tzu, el que decía que para vencer hay que conducir al enemigo a un punto “del que no pueda salir nunca más”. En medio del maremoto de noticias, pseudonoticias, antinoticias e infundios de ímproba procedencia, el jefe de Estado que combate al Estado desde adentro avanza con un presupuesto recesivo que propende a la paralización educativa, y desde su misma vereda arrojan a la palestra un último señuelo para que, sin más estatus que el de borrador informal, se comience a discutir en el ámbito escolar una supuesta ley que promueve “libertad educativa” al suprimir -un intento descabellado- la obligatoriedad de asistir al aula a través de la figura del “homeschooling”. Es decir: que los padres enseñen a sus hijos los contenidos curriculares y para ello contraten a docentes particulares que se conecten por Zoom. ¿Qué familias podrán financiar ese “innovador” modelo que atrasa 300 años? Las que tengan buena posición económica. Las demás, podrán ser libres de enviar o no a sus hijos a las escuelas (algo que también impulsa en materia de calendario de vacunaciones una descocada diputada PRO que presentó al “hombre imán” en el anexo legislativo, durante un lisérgico debate antivacunas). Y más que nunca cobra vigencia el adelanto que hace un año pronunció el diputado Bertie Benegas Linch cuando dijo: “No estoy de acuerdo con que mandar los hijos a la escuela sea una obligación, porque hay casos en los que un padre no puede darse el lujo de hacerlo en razón de que necesita que ese hijo se quede a trabajar con él en el taller”. Un paquete cerrado con moño violeta: desindustrialización, despido de técnicos en fábricas que se cierran, trabajo infantil, precarización laboral, niños subeducados y un futuro con oportunidades acotadas al modelo bengalí, tailandés o indonesio, con un 20% de la población concentradora de riqueza y un 80 por ciento condenado a empleos de baja calidad y a desplazase ya no en transporte público, ni siquiera en ciclomotores de baja cilindrada, sino en los trishaws que Graham Greene utilizó para desnudar la trama secreta de las guerras civiles fomentadas por el espionaje norteamericano en la Indochina francesa, una época de miseria naturalizada donde los obreros (después de 12 horas de deslomarse) calmaban sus penas dopados con pelotitas de opio en los salones clandestinos de alucinación proletaria. Hoy, esa alucinación se produce con la inyección de barbitúricos digitales inoculados a través del único bien suntuario que poseen tanto ricos como pobres. Por si no lo sabían, se llama “smartphone”.
Ver noticia original