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CABA » Plazademayo
Fecha: 30/11/2025 18:22
El ataque que dejó una soldado muerta y otro gravemente herido destapó una historia de señales pasadas por alto. Correos revelan que la conducta del sospechoso afgano había encendido alarmas meses antes, mientras su comunidad buscaba ayuda desesperadamente. El sospechoso del tiroteo cerca de la Casa Blanca, el afgano Rahmanullah Lakanwal, había pasado años en un deterioro profundo. Según documentos y correos electrónicos obtenidos por The Associated Press (AP), su conducta se volvió tan errática que miembros de su comunidad en Washington State temían que pudiera suicidarse. Lakanwal, de 29 años, está acusado de disparar contra dos integrantes de la Guardia Nacional de Estados Unidos a pocas cuadras de la Casa Blanca. La especialista Sarah Beckstrom, de 20 años, murió en el ataque, mientras que el sargento Andrew Wolfe, de 24, se encuentra en estado crítico. El sospechoso enfrenta cargos por homicidio en primer grado. Advertencias previas Las preocupaciones venían de lejos. Correos enviados a la organización U.S. Committee for Refugees and Immigrants (USCRI) muestran un patrón: aislamiento extremo, desempleo persistente, episodios depresivos profundos y viajes impulsivos de miles de kilómetros. Un referente comunitario escribió en enero de 2024: “Rahmanullah no ha sido funcional como persona, padre y proveedor desde marzo de 2023. Renunció a su trabajo ese mes y su comportamiento cambió radicalmente”. Aunque la comunidad intentó intervenir, nunca recibió respuestas claras y quedó con la impresión de que Lakanwal rechazaba toda ayuda. Entre la oscuridad y los impulsos Los testimonios revelan semanas enteras en las que se encerraba en una habitación a oscuras sin hablar con su esposa ni con sus hijos mayores. Su depresión preocupaba tanto que algunos temían que pudiera hacerse daño, aunque nadie anticipó que pudiera atacar a otros. A veces desaparecía durante días, conduciendo sin rumbo por el país. Llegó a manejar hasta Chicago y Arizona en episodios que sus allegados describieron como “maníacos”. Su esposa, obligada a sostener sola a la familia de cinco hijos menores de 12 años, incluso enfrentó un proceso de desalojo por falta de pago de alquiler. El vínculo con Estados Unidos Lakanwal había llegado al país en 2021 bajo la operación Allies Welcome, que reubicó a miles de afganos que habían trabajado junto a fuerzas estadounidenses. En Afganistán formó parte de una unidad especial del Ejército afgano conocida como Zero Unit, respaldada por la CIA. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, afirmó el domingo en Meet the Press que creen que Lakanwal “se radicalizó” tras llegar a Estados Unidos, aunque no aportó evidencia pública. Buscan entender qué falló La investigación del FBI sigue abierta. USCRI, la organización que recibió las alertas, no respondió consultas de AP sobre si siguió el caso o si pudo intervenir. Las personas que trabajaron con la familia aseguran que, pese al deterioro evidente, es imposible conciliar esa imagen con el ataque mortal. Una fuente confesó a AP: “No puedo imaginar a Rahmanullah cometiendo esto. Lo recuerdo jugando con sus hijos pequeños”. El tiroteo cerca de la Casa Blanca reabre un debate sensible: la fragilidad emocional de quienes llegan a Estados Unidos escapando de la guerra —y las grietas del sistema de acompañamiento social—, donde muchos refugiados quedan sin contención.
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