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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 30/11/2025 03:19
Planta industrial en Rosario En el mundo de los economistas argentinos Carlos Rodríguez es reconocido como un destacado macroeconomista, más allá de la mirada ideológica de cualquiera que lo evalúe. Esa valoración era compartida por Javier Milei, quien llegó a considerarlo uno de los cinco mejores economistas que había conocido en su vida. Por eso, tal vez, lo eligió como el jefe de su equipo de economistas en la campaña presidencial. Si la personalidad de Rodríguez coincide con lo que se refleja en sus posteos de X, parece además un hombre de pocas pulgas, tal vez un poco cabrón. Es, además, un ortodoxo: a brocha gorda, eso quiere decir que prefiere menos impuestos a más impuestos, menos intervención del Estado a más intervención del Estado, menos aranceles a más aranceles, un Estado chico a un Estado grande, y considera una herejía la intervención en el sistema de precios o cualquier exceso en el gasto público. Ha sido un hombre clave en la construcción del Centro de Estudios Macroeconómicos (CEMA), un ya clásico think tank de la ortodoxia argentina. Todo eso junto –la mezcla de academia, carácter un tanto irascible y manejo de las redes- lo ha transformado en un participante ineludible en el debate que rodea al programa económico de Milei y de Luis Caputo. El jueves pasado, Rodríguez hizo un aporte certero. Por esas horas, el oficialismo celebraba el informe de evolución del producto que había difundido el Indec, porque reflejaba cierta reactivación de la economía. Esos datos eran discutidos por algunos economistas, en gran medida porque les parecía inconsistente que la economía empezara a crecer de nuevo en medio de una subida dramática de las tasas de interés y de la inestabilidad preelectoral. Pero Rodríguez no se refirió al debate sobre la consistencia de la información –que existe y es muy relevante- sino que se fijó en la evolución dispar de distintas áreas de la economía. Entonces publicó este gráfico: Crédito: Carlos Rodríguez Allí se puede ver cómo evolucionaron la construcción, la industria manufacturera, el comercio y la intermediación financiera desde 2022. Los primeros tres sectores –que emplean al 48 por ciento de la fuerza de trabajo- se mantuvieron estables entre 2022 y 2023, se desplomaron en el primer año de Milei, y se recuperaron levemente en el segundo. La construcción y la industria se redujeron desde 2023 en un diez por ciento. Lo único que creció -¡un cuarenta por ciento!- fue la intermediación financiera, que emplea apenas a poco más del 2 por ciento de los trabajadores. Rodríguez escribió: “Se profundiza el modelo erróneo de Milei. Los datos del INDEC demuestran que los sectores básicos de la economía -Comercio, Industria y Construcción- están retrasados respecto del promedio ( EMAE) y el sector más favorecido es la Actividad Financiera. Los datos hablan por sí solos. No hace falta saber estadística para darse cuenta que la argentina productiva corre muy por debajo de la argentina financiera. Así no se hace un país”. El economista Carlos Rodríguez junto a Javier y Karina Milei Esa advertencia, entre tantas otras, se produjo en una semana donde se multiplicaron dolorosos episodios de despidos, cierre de empresas, retiradas de emprendimientos internacionales que eran adquiridos por empresarios argentinos o reconversión de fábricas en importadoras. Marcas clásicas como Essen, Whirlpool, Frávega, SKF, Granja Tres Arroyos, Carrefour atravesaban algunos de esos procesos o varios al mismo tiempo. Así las cosas, Argentina transita en dos universos distintos. Por un lado, el oficialista, que parece de fiesta, mimado por el reciente éxito electoral, la serenidad financiera, el apoyo norteamericano y la desintegración del peronismo. Por el otro lado, hay un entramado de referentes de la producción y el trabajo, y de economistas de primer nivel, preocupados por el rumbo que el Gobierno confirma a cada paso, sin ninguna autocrítica, pese a los porrazos preelectorales. En ese contexto, resulta interesantísimo revisar la exposición que hizo Paolo Rocca, el titular de Techint, hace unos diez días, en la convención industrial de la UIA. De esa intervención trascendió una advertencia precisa: “La apertura racional implica política industrial, entender qué cadena de valor hay que apoyar y en qué cadena de valor aceptamos otro rol. Doy un ejemplo. El año pasado importábamos 5 mil lavarropas por mes. Este año importamos 87 mil por mes. En un año pasamos de importar 10 mil heladeras por mes a 80 mil. Los clientes tienen que tomar decisiones: ¿produzco y doy valor agregado o cierro y uso la cadena comercial para distribuir productos exportados? Ahora, ¿cómo guiamos esas decisiones? ¿Dejando que las fuerzas que presionan sobre esto actúen libremente –el exceso de capacidad en China, la dificultad en competir de nuestro país? No es lo que hacen todos los países del mundo”. Pero lo más interesante no fue ese párrafo sino el momento en que Rocca explicó el trasfondo mundial donde se presentan esos desafíos. “El cambio de la situación en el mundo ha sido brutal. Es el final de un ciclo que se abrió en los años noventa con la caída del muro. Si no era el fin de la historia, era una historia más estable. Todo esto ha terminado. Estos cambios surgen de la ambición de China a poner en cuestión la posición hegemónica de los Estados Unidos en todos los ámbitos. China tiene el 34 por ciento de la manufactura de todo el mundo, una agresiva expansión militar, especialmente en el sector naval, con un control del mar del Sur de China, una política decidida para ser líder en tecnología, desde los semiconductores hasta la inteligencia artificial. En 2015 cuando China hace de Made in China el principio guía de la gestión de Gobierno, alinea todo el país y logra éxitos impresionantes”. Paolo Rocca La expansión china generó, para Rocca, la apelación a medidas económicas que parecían archivadas durante la globalización y hoy son recursos habituales en los principales países del mundo. “Las decisiones de los Estados Unidos son de una intervención activa en todos los ámbitos. No se limita a sanciones, a tarifas, se extiende a intervención en capitales de distintas empresas, a restricciones de exportaciones, a prohibiciones de acción. Europa está reaccionando tomando decisiones igualmente agresivas. Lo mismo está haciendo Canadá, lo está haciendo México. Lo están haciendo todos los países del mundo”. Su preocupación respecto de la Argentina se deriva de ese análisis global. “Como país esto implica volver a pensar en términos de política industrial, desarrollos sectoriales, áreas que tengo que defender, áreas donde es necesario promover la transformación, intervención activa para los objetivos de largo plazo. Argentina es un país grande que no puede apoyarse solo sobre una sola cadena de valor. La energía, la minería, el sector agropecuario no alcanzan. Necesita una fuerte estructura industrial. Estoy convencido de eso. La industria es esencial para la cadena de transformación y para dar empleo de calidad, innovación. Si ustedes ven cómo en Estados Unidos la asociación entre industria e innovación es muy estrecha”. Por más que Rocca haya defendido el enfoque fiscal del Gobierno, su planteo parece antagónico respecto de las convicciones más profundas de Javier Milei y su equipo. Por eso, el secretario de Industria, Pablo Lavigne, respondió que “la mejor política industrial es la que no existe”. Cualquier industrial podría responderle que la apertura indiscriminada, con altas tasas de interés y este tipo de cambio constituye toda una política industrial, en el peor sentido del término. En cualquier caso, Rodríguez hacía su advertencia, Rocca sumaba la suya y el Gobierno no los escuchaba. El secretario de Industria, Pablo Lavigne En el mismo momento, la Unión Obrera Metalúrgica difundía datos que reflejaban una “pérdida histórica” de puestos de trabajo en el sector. “La política económica actual, marcada por la apertura indiscriminada de importaciones, la irresponsabilidad en la administración del comercio exterior y la falta de una política industrial está pulverizando el entramado productivo nacional. Desde la asunción del Gobierno, nuestro sector registra la pérdida de 26 mil puestos de trabajo. Detrás de cada número, hay familias, empresas y pueblos brutalmente golpeados. Hemos sido testigos del cierre de empresas metalúrgicas históricas como Whirlpool, Essen, SKF autopartes, KTM motos así como numerosas fábricas de baterías y autopartes. Estas empresas produjeron, invirtieron y generaron empleos durante décadas”. Los voceros del oficialismo sostienen que no se trata de la destrucción del entramado productivo sino de su reconversión hacia otro más competitivo y eficiente. Tal vez sea así. Por ahora, los datos de empleo lo desmienten. En los últimos dos años, el momento más productivo de Vaca Muerta, la provincia de Neuquén apenas generó 7 mil puestos de trabajo registrado, los mismos que perdió Santa Cruz. En total, en este mismo período se perdieron 192 mil. Si esa dinámica se profundiza, los daños van a ser mayores. La lista de grandes referentes de la economía argentina está integrada por Rodriguez pero también por Roberto Frenkel, otro ex referente y profesor de Javier Milei. Se trata de hombres de la misma generación pero que pertenecen a dos mitades distintas del mundo: la ortodoxia el primero, la heterodoxia el segundo. Esas dos mitades muchas veces se han enfrentado con miradas antagónicas. Pero ahora en ambas domina la preocupación. “Tratar de bajar la inflación usando el tipo de cambio como ancla termina generando una crisis cambiaria. Esto viene de lejos, desde que Álvaro Alsogaray devaluó en la década del 50 y luego usó el ancla cambiaria, tenemos una crisis de balanza de pagos. No es novedad. Es algo familiar. Martínes de Hoz uso la tablita en los años 1979/1980”, declaró Frenkel. “La macroeconomía tiene una inercia en la tendencia de la actividad. La gente no se decide a abrir un restaurant cuando las pymes están pasándola muy mal como ahora. El empleo está sufriendo mucho”. ¿Así se hace un país? El Gobierno cree que sí. Y tiene toda la legitimidad para profundizar su experimento luego del resultado electoral. Así lo hará, como es obvio. Abróchense los cinturones, dijo el Presidente. Tal vez sea prudente escucharlo.
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