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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 30/11/2025 02:57
Invertir implica aceptar cierto riesgo con el objetivo de obtener una recompensa potencialmente superior (Foto: Reuters) Diciembre marca el final del año y, para muchas trabajadores también significa promociones, aguinaldos y premios laborales. En este escenario, algunas consiguen ahorrar, aunque pocas se animan a dar el siguiente paso: invertir ese dinero. Repasar algunos conceptos es fundamental para quienes evalúan esta posibilidad. El primer concepto central es el de inversión. Consiste en destinar fondos a un activo con la expectativa de que el capital crezca o genere ganancias en el futuro. A diferencia del ahorro, que implica conservar dinero, invertir implica aceptar cierto riesgo con el objetivo de obtener una recompensa potencialmente superior. Los motivos para invertir van más allá del mero beneficio económico: Proteger los ahorros frente a la inflación y la volatilidad de tasas o tipo de cambio. Incrementar el patrimonio con una mirada puesta en objetivos futuros. Aprovechar el interés compuesto . Obtener ingresos pasivos adicionales. Adquirir conocimientos en economía y finanzas personales. Antes de invertir, el paso inicial es definir el perfil de inversor. Este diagnóstico contempla preferencias, objetivos financieros y tolerancia al riesgo. Los ALyCs (Agentes de Liquidación y Compensación) suelen aplicar cuestionarios para identificar, según edad, experiencia y predisposición, si se trata de un inversor conservador, moderado o agresivo. Los ALyCs suelen aplicar cuestionarios para identificar, según edad, experiencia y predisposición, si se trata de un inversor conservador, moderado o agresivo Con el perfil claro, se puede diseñar un portafolio de inversión, teniendo presente el principio de diversificación: distribuir el capital en activos de distintos riesgos para diluir la exposición y mejorar la relación entre rentabilidad y riesgo a largo plazo. Además, es clave considerar otras variables para armar la estrategia adecuada. La primera variable a definir es el objetivo: el tipo de instrumento elegido debe responder a una meta concreta. No resulta igual invertir para comprar una vivienda que para planificar vacaciones a corto plazo; cada finalidad determina las opciones más convenientes. No resulta igual invertir para comprar una vivienda que para planificar vacaciones a corto plazo; cada finalidad determina las opciones más convenientes (Foto: Reuters) El horizonte temporal es el segundo aspecto a considerar. Según el plazo previsto, algunas alternativas serán preferibles para objetivos a largo plazo, mientras que otras se adaptan mejor para plazos medios o cortos. La moneda también influye. Si las necesidades futuras estarán ligadas a pesos argentinos (como vacaciones locales), conviene invertir en esa moneda con instrumentos que protejan ante la inflación. Si los compromisos serán en dólares estadounidenses, es preferible orientar la cartera a activos nominados en esa moneda. El tipo de gestión debe analizarse: quienes buscan simplicidad pueden optar por fondos comunes de inversión o vehículos de gestión pasiva; quienes prefieren revisar y ajustar su portafolio periódicamente tal vez elijan una gestión más activa. Por último, la liquidez es esencial: a menor plazo, mayor necesidad de acceder a fondos rápidamente, lo que determina la elección de instrumentos fácilmente convertibles en efectivo. Una buena planificación puede transformar la relación con el dinero y permitir aprovechar mejor las oportunidades que brinda el mercado Quienes dominan estos conceptos pueden dar el paso desde el ahorro hacia la inversión. Más allá de las recomendaciones generales, es prioritario consultar a un asesor financiero calificado para definir un perfil ajustado a cada realidad. Este proceso de aprendizaje y toma de decisiones requiere tiempo. Para muchos, informarse ya representa un avance considerable, especialmente en un país con alta volatilidad económica. Conocer las alternativas disponibles ayuda a identificar las opciones más acordes a las expectativas y necesidades individuales. Iniciar una rutina de inversión es además un tema de hábitos, no solo de montos. La constancia, incluso con aportes pequeños, puede marcar una diferencia considerable a largo plazo. Este hábito permite aprovechar las oportunidades del mercado y forjar una mayor disciplina financiera. Diciembre también invita a la revisión: evaluar los objetivos alcanzados, el perfil de riesgo y si eventos personales recientes ameritan cambios en la estrategia. Al igual que se revisan balances personales o familiares, analizar las finanzas ayuda a comenzar el nuevo año con mayor orden y claridad. Una buena planificación puede transformar la relación con el dinero y permitir aprovechar mejor las oportunidades que brinda el mercado. El autor es Gerente de Desarrollo Comercial de PPI
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