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  • Causas y gestión de los incendios forestales en España

    » Diario Cordoba

    Fecha: 31/08/2025 10:30

    Se puede afirmar que el cambio climático no produce los incendios forestales. Con carácter general, en el 95% se esconde la mano del hombre y el 5% restante se consideran como naturales. La fiscalía de medio ambiente ha señalado que entre los años 2018 y 2022, cerca del 26% de los incendios forestales se consideraron intencionados y el 71% como negligencias. Estos porcentajes varían un punto o dos dependiendo de los años analizados. España atesora la base de datos más completa sobre incendios, activa desde 1968. Recoge muchos campos de información por siniestro (localización, causas, condiciones, etcétera) y es considerada una de las series más consolidadas a nivel internacional. Desde las transferencias a las comunidades autónomas es alimentada por cada una de ellas, que tienen en su poder casi treinta años de datos estadísticos para trabajar en las causas que provocan los incendios. La Fiscalía cita como motivos principales de los incendios intencionados las quemas agrícolas y ganaderas para eliminar rastrojos o para regenerar pastos. En muchas ocasiones los considera intencionados aunque sus autores los justifican como prácticas tradicionales. Otro grupo lo conforman los conflictos familiares y vecinales provocados por disputas y venganzas. Un tercero está relacionado con la actividad cinegética para modificar el hábitat y favorecer a determinadas especies o ahuyentar a los depredadores. Un cuarto se enlaza con conductas antisociales sin un objetivo económico claro donde entraría la piromanía pero que la fiscalía aclara que son minoritarios. Y por último, un grupo por motivos económicos o especulativos, entre los que se encuentran las especulaciones urbanísticas, conflictos contra las repoblaciones forestales y para bajar el precio de la madera, y donde la fiscalía señala que estos casos son muy poco habituales y no se aprecian «tramas organizadas». Varios bomberos observan el incendio forestal en La Baña, León, procedente de Porto. / Carlos Castro - Europa Press Entre las negligencias se señalan las quemas agrícolas o ganaderas mal gestionadas en época de riesgo; el uso de maquinaria y trabajos en el campo (chispas de motosierras, cosechadoras, soldaduras o radiales), obras públicas o trabajos forestales realizados sin medidas preventivas; caídas de cables de lineas eléctricas de alta tensión, contactos con ramas y diversos defectos de mantenimiento; actividades recreativas (hogueras, barbacoas, colillas mal apagadas, petardos o cohetes en zonas forestales); y el tránsito de vehículos y motores (tubos de escape en contacto con vegetación seca) o circulación fuera de las pistas habilitadas. Como puede deducirse, el control de estas causas debe ser una prioridad y centrar el debate público. Si no se reducen seguirán existiendo los incendios forestales. La estadística nos indica que en el siglo XXI se han reducido el número de incendios forestales, sin embargo aumentaron la proporción de incendios en los que se quemaban más de 500 hectáreas. ¿Qué puede estar pasando? En la diversificación del paisaje está el futuro para reducir los grandes incendios. / R. ARENAS Una serie de circunstancias los rodean. Los expertos señalan que el cambio climático está provocando un incremento de las temperaturas medias, olas de calor más frecuentes e intensas y períodos de sequía prolongados. Esto hace que la vegetación tenga un mayor estrés hídrico, convirtiéndola en combustible altamente inflamable. Por otro lado el medio rural ha sufrido una gran crisis con la ganadería extensiva en los últimos 50 años, insuficientemente apoyada frente a la ganadería intensiva, mucho más competitiva en precios, que junto al abandono de terrenos agrícolas ha originado un incremento de la biomasa vegetal y una desaparición de la fragmentación del paisaje. A esto se unen las repoblaciones forestales, en algunos casos realizadas fuera de estación o con especies inadecuadas, la falta o ausencia de trabajos selvícolas necesarios y la extensión de construcciones en el medio forestal. Todo ello con una disminución de recursos para la prevención y la extinción de incendios forestales en muchos territorios. Trabajar sobre estas causas es complejo y sus efectos sólo pueden verse en varias décadas, línea de pensamiento complicada para quienes buscan rendimientos a corto plazo. Mientras tanto, hay que dotar un buen servicio público de bomberos forestales con recursos y medios materiales adecuados, donde la premisa básica debe ser la pronta intervención (primera actuación en menos de 15 minutos). Las competencias para la planificación, prevención y extinción de los incendios forestales son de las comunidades autónomas. La Ley de Montes de 2003 establece los mecanismos de coordinación entre éstas y el Gobierno de España, con independencia de que algunas tienen leyes propias sobre incendios forestales. La directriz básica de planificación de protección civil de emergencia por incendios forestales, aprobada en 1993, establece el marco organizativo y funcional adoptado por la Administración General del Estado para hacer frente a los incendios forestales en apoyo de las comunidades autónomas, así como los medios con los que se ha venido dotando, incluyendo la Unidad Militar de Emergencias. Este verano se ha echado de menos que algunos políticos leyeran estos documentos antes de verter sus opiniones, en la mayoría de los casos desacertadas. Suscríbete para seguir leyendo

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