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» El litoral Corrientes
Fecha: 31/08/2025 02:31
Esta fotografía del presente es el corolario de un prolongado proceso que ha tenido etapas que se han agudizado con la llegada abrumadora de la tecnología y la impaciencia que traen consigo las nuevas generaciones tan revolucionarias como exóticas, aspectos íntimamente ligados que “resetearon” casi todos los ámbitos de la vida en sociedad. Quizás el espacio donde esa modalidad contemporánea se explicita con mayor crueldad sea en el mundo de los negocios. La celeridad con la que se abandonan las marcas clásicas, se modifican las formas de comprar y se entierran los rituales más establecidos históricamente es justamente todo lo relacionado a lo comercial. "Es de allí donde el término consumidores toma un significado muy singular, pero no es más que la figura que mejor resume un rol en la totalidad de las interacciones humanas. Es por ello, que lo que se describe en ese esquema sea tan homologable con otras actividades tan habituales como la política o los lazos afectivos." Es de allí donde el término consumidores toma un significado muy singular, pero no es más que la figura que mejor resume un rol en la totalidad de las interacciones humanas. Es por ello, que lo que se describe en ese esquema sea tan homologable con otras actividades tan habituales como la política o los lazos afectivos. Tomar nota del perfil sociológico de los actores en danza resulta pues esencial para la supervivencia y no quedar completamente aislado, fracasar en lo propio y frustrarse ante la arrolladora regla de juego universal que ahora se impone sin pedir ningún permiso. No parece ser una mera moda, ni una cuestión temporal que se desvanecerá sin avisar. En todo caso emerge como una tendencia incremental, algo que está sucediendo y que crece a diario por múltiples razones que concurren simultáneamente y que definitivamente han venido para quedarse. Ante ese hecho indisimulable, lo que cabe es hacer lo necesario. Esto es adaptarse activamente y dejar de lado cualquier enojo para pasar a lo positivo, es decir empezar a ocuparse de ajustar lo vital para competir en un planeta que ya ha tomado la decisión de ser muy exigente incrementando esa postura allí donde haya lugar para duplicar la apuesta. Renegar de esta coyuntura es tan desgastante como inútil. Las fuerzas hay que concentrarlas en escuchar empáticamente y poner foco en valorizar la opinión del público, ese soberano que decide por la continuidad o la desaparición de cualquier proyecto empresarial. No se trata simplemente de instrumentar procedimientos mecánicos sin criterio, sino de incorporar con conciencia que el porvenir depende en buena medida de la capacidad de los lideres de tener la sensibilidad para identificar las profundas motivaciones que subyacen en cada comportamiento humano. Se viven tiempos enardecidos, en los cuales los clientes han ganado en intensidad, están apurados y no tienen ganas de esperar ni siquiera unos pocos minutos. Es altamente probable que eso esté intrínsecamente vinculado al uso de dispositivos móviles, a la popularización de internet que impregna de inmediatez y que se ha incorporado a la vida cotidiana con total normalidad. "No parece ser una mera moda, ni una cuestión temporal que se desvanecerá sin avisar. En todo caso emerge como una tendencia incremental, algo que está sucediendo y que crece a diario por múltiples razones que concurren simultáneamente y que definitivamente han venido para quedarse." Todo lo que implique largas esperas no consigue adhesión y es descartado de plano sin piedad alguna. Si el producto o el servicio no responde a un estándar flexible, casi personalizado, también lleva a ser repudiado y entonces rápidamente se da vuelta la página y se buscan soluciones alternativas. No es cuestión de ofenderse, ni mucho menos aun de discutirlo con vehemencia. Eso sería un error imperdonable en esta era. El punto es asimilarlo con potencia, y ver cómo se consigue optimizar la respuesta a un costo tolerable para que la satisfacción individual sea complacida con holgura. No hacerlo es una actitud suicida y tan caprichosa como inservible. Tener razón tampoco sirve de mucho si la sobrevida del negocio está virtualmente comprometida. Hay que avanzar rápido y tratar de visualizar el cambio de paradigmas, instrumentarlo todo mañana a la mañana y acompañar ese intrincado trayecto con idéntica convicción. Si los políticos fueran astutos tratarían de aprender de los comercios a conquistar voluntades edificando fidelización genuina, aportando valor real y sobre todo haciendo que sus “votantes” estén plenamente satisfechos, ya no con la transacción actual o última, sino con todas las futuras que vendrán a partir de ese momento. "Se viven tiempos enardecidos, en los cuales los clientes han ganado en intensidad, están apurados y no tienen ganas de esperar ni siquiera unos pocos minutos. Es altamente probable que eso esté intrínsecamente vinculado al uso de dispositivos móviles, a la popularización de internet que impregna de inmediatez y que se ha incorporado a la vida cotidiana con total normalidad." Si razonaran así conseguirían mejores resultados. Eso requiere cambiar la visión cortoplacista por una mirada más holística, pero fundamentalmente con una perspectiva temporal menos mezquina, más amplia y por lo tanto absolutamente estratégica que pareciera estar a contramano de la tradición de esa actividad tan desprestigiada como aborrecida por la comunidad en general. Hay mucho por hacer, demasiado por reflexionar, pero quizás el primer paso consista en asumir lo que está sucediendo con humildad, aprendiendo de la experiencia, admitiendo que esto no es un invento sino parte integrante del nuevo mundo en el que se habita y cuya norma central es aceptar que ha quedado atrás lo conocido y ahora viene algo muy distinto.
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