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  • El brujo y la tarotista

    » El litoral Corrientes

    Fecha: 31/08/2025 00:42

    ¡Me cacho en 10!” dijo mi abuela cuando José López Rega fue fotografiado con valijas de dinero mientras escapaba de la ruina en la que él mismo había convertido al tercer gobierno peronista. “¡Watafak!”, sentencian hoy los votantes de La Libertad Avanza después de escuchar los audios de Spagnuolo, pero por sobre todo luego de observar la reacción colapajista del presidente Javier Milei y su hermana Karina, la dupla que dirige los destinos de un país al garete. Hay un paralelismo entre el Brujo y la tarotista. López Rega, otrora poderoso ministro de Bienestar Social de Juan Domingo Perón y -tras la muerte del General- de su esposa, la voluble María Estela “Isabelita” Martínez, había sido el hombre de atrás en la administración que el líder justicialista asumió en medio de una sangrienta escalada de violencia política con dos facciones del PJ enfrentadas hasta la muerte. El Brujo, así llamado por sus presuntas habilidades esotéricas, se marchó antes del golpe de Estado de 1976, con 11 baúles sospechosos y un título diplomático que la Presidenta de la Nación le extendió para darle una salida decorosa en medio del desastre económico que había pulverizado el consumo. “Lopecito” se convirtió en meme y pasó a ser “Los Pesitos”, así como la actual hermana presidencial es hoy aludida con el simple y cáustico apelativo de “3%”. Como López Rega en los 70, Karina Milei es quien corta el bacalao en la faz política del esquema gubernamental encabezado por un presidente sobre el que ejerce una poderosa influencia basada en profundos lazos afectivo-psicológicos. “Ella es el jefe”, repite Javier Milei, quien le prodiga un respaldo incondicional pese a los audios filtrados que ratifican los indicios echados a rodar hace dos años, cuando era vox populi que la actual secretaria general de la Presidencia otorgaba candidaturas a cambio de aportes en metálico. El escándalo Libra, la falsa criptomoneda que arruinó a miles de ahorristas después de que el Presidente posteara en la red X una invitación a invertir en el token, mostró a Karina en el rol de recaudadora cuando el desarrollador del esquema, el norteamericano Hyden Davis, se jactó de haber comprado un acceso directo al despacho de Milei a cambio de ciertos pagos a su hermana. Cómo olvidar el relato amargo del orfebre Juan Carlos Pallarols, autor de los bastones presidenciales desde la reanudación democrática, al revelar que Karina le pidió un depósito de 2.000 dólares a cambio de una audiencia con el entonces presidente electo Javier Milei. ¿Con qué necesidad un artista de su talla habría de recurrir a los medios para formular tal denuncia? Hace medio siglo, en torno de la espectral figura de José López Rega sobrevolaban rumores equivalentes. El ministro había tomado el control de la voluntad de Isabelita y blandía sus armas (literalmente, porque era el jefe de la temible organización paramilitar Triple A) con el anhelo mesiánico de expandir su poder a todo el territorio nacional. Un día llegó a abofetear a la Presidenta en un incidente que se supo años después. Pero hasta esa ofensa le fue perdonada. Su origen de simple cabo de policía reconvertido en chamán de las ciencias ocultas encuentra un punto de comparación con Karina Milei. La hermana presidencial tampoco tiene currículum. Estudió marketing, tuvo un emprendimiento de tortas y se dedicó a presagiar porvenires con las cartas del tarot, un rito que -según se cree- todavía practica en la intimidad que comparte con su hermano en Olivos. Las mismas artes de la superchería hicieron que López Rega fuera sobrevalorado por María Estela Martínez cuando, ya como tercera esposa de Perón, viajó a la Argentina allá por 1965. Hubo química inmediata entre ambos a partir del mutuo interés por la adivinación y la futurología, una faceta que el Brujo aprovecharía para escalar posiciones hasta convertirse en secretario privado de Juan Domingo Perón en la quinta madrileña de Puerta de Hierro. Allí, en los aposentos del líder más carismático del siglo XX, ese mismo cabo de la Federal que hechizó a Isabel con sus profecías, llevó adelante una serie de ritos insólitos que aterrorizaron al personal doméstico: dado que el cadáver de Evita había sido restituido a Perón por orden del dictador Alejandro Lanusse, López Rega convenció a su adoctrinada de abrazar los restos momificados para celebrar una ceremonia de “traspaso” de liderazgo. El ex cabo pretendía que la personalidad magnética y los atributos seductores de la primera dama fallecida en 1952 ingresaran por vía osmótica a la humanidad de Isabel Perón. Los exorcismos incluyeron la compra de ropa nueva de corte inglés para la fallecida. La encargada de elegir los atuendos fue la propia Isabel, convencida de que su amigo Lopecito lograría lo imposible: que de pronto, el alma de Eva anidara en su fuero íntimo para inocular un sentido de autoridad del que ella carecía. Medio siglo más tarde, situaciones igual de rocambolescas transcurren tras los muros de la residencia presidencial. La hermana tarotista del presidente domina el armado político asesorada por Eduardo “Lule” Menem, hombre de confianza de la secretaria general, portador de un apellido endiosado por el jefe de Estado y señalado como engranaje medular del presunto desfalco urdido con la droguería Suizo Argentina. Como ocurrió con López Rega hasta que los sindicatos perdieron la paciencia, los audios de Diego Spagnuolo, el ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, corrieron el velo de honestidad que esgrimía La Libertad Avanza para legitimar la llamada “Batalla Cultural”. El accionar judicial, acorde a la expectativa generada por el impacto de las presuntas coimas, alimentó el escándalo hasta generar una ola de bronca que se expresó en las calles, cuando el propio presidente Milei y su hermana tuvieron que escapar por los costados de dos caravanas frustradas por el ataque de transeúntes. En Lomas de Zamora las piedras arrojadas por manifestantes hicieron peligrar la integridad física del jefe de Estado y un cogollo de brócoli impactó en su cabellera. Un día después, en la peatonal Junín de Corrientes, la hermana Karina y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, ni siquiera pudieron completar dos cuadras de caminata por los incidentes, que incluyeron agresiones a la prensa. El encanto entre el mileismo y buena parte de la sociedad parece haber terminado. Y las capacidades de Karina para acomodarle las chacras a su hermano, evidentemente han perdido efecto. La imagen presidencial inició un evidente declive y solamente la economía, en una precaria estabilidad sostenida por el dique de contención montado por el ministro Toto Caputo, proporciona gobernabilidad a un espacio político trepanado por las internas, en el que unos sospechan de otros mientras nuevos audios a punto de ser divulgados siembran terror en el gabinete. Hace medio siglo José López Rega empujó a Isabel a la debacle con su plan demencial y la gente que tanto había soñado con el regreso del General terminó sumida en la oscuridad de ocho años de dictadura. “Me cacho en diez”, dijeron los argentinos cuando todo se fue por las cloacas. “Watafak”, putean hoy los nietos de aquellos, al ver que el ídolo de la motosierra, en vez de luchar contra la casta, consiente que su hermana y una sarta de inescrupulosos metan manos en los fondos destinados a un segmento hipervulnerable como el de los discapacitados.

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