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  • Nancy Anka recuerda el irrepetible éxito que vivió con Grande Pá: “Sin la contención correcta terminaba psiquiátrica“

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 30/08/2025 02:40

    Nancy Anka continúa girando con su ciclo de conciertos Íntimo, y este sábado 30 de agosto actuará en el teatro El Cubo (Crédito: Seba Naon) La mesa de un café se convierte en el espacio donde Nancy Anka se sienta a hablar de su vida. En ningún momento pierde la sonrisa, pero al mencionar las ausencias, sus ojos delatan el dolor, ese sentimiento a flor de piel que la define. La actriz y cantante, que se encuentraen plena presentación de su ciclo de conciertos “Íntimo”, en el que recorre clásicos del rock, accede a hacer una pausa. El sol acompaña en la tarde mientras revive sus recuerdos, esos pasajes que la llevaron a la consagración sobre los escenarios. “Hasta los seis años viví en Villa Bosch. Después nos mudamos a Caseros, y de ahí no me moví más”, contó con un orgullo difícil de disimular. “Eternamente de Caseros, sí”, afirmó, al remarcar el sentido de pertenencia en una charla exclusiva con Teleshow. En su casa, el arte era cotidiano, casi respirable. “Mi papá siempre fue muy admirador del cine, del teatro. Cantaba en casa, el tipo era superafinado. Mi vieja, sí, de chiquita cantaba en Radio Nacional… Después estudió piano y su sueño era ser concertista, o sea que también estaba ligada a la música. Y en mi casa siempre se escuchó música de todo tipo”, relató. ¿Cómo no iba a brotar la vocación artística en ese entorno donde la belleza era rutina y la música, un idioma común? Contundente y sin vueltas, aseguró: “Desde los cinco años que pedía ser artista”. A los ocho aprendió a tocar la guitarra y acompañarse a sí misma cantando. Tres años después, la vida le cambió para siempre. Tenía apenas once cuando comenzó su carrera profesional. El debut fue con el musical Annie, ese gigante de Broadway que desembarcó en la avenida Corrientes en 1982. “Estamos hablando además del año ’82. Con todo lo que socialmente implicaba. Generación heavy”, lanzó, y la frase quedó suspendida entre el murmullo de las tazas y el recuerdo de una época convulsa. Una jovencísima Nancy Anka en la revista Billiken, en el medio de la imagen, con flequillo Nada de esto fue fruto del azar. La historia de su ingreso al musical es una postal familiar: “La hermana más chica de mi mamá fue la que siempre me creyó que quería ser artista. La escuchó a Pinky que iban a abrir audiciones en el Lola Membrives… Se puso a averiguar cuándo eran y la llamó a mi mamá y le dijo: ‘Perla, vestí a Nancy que me la llevo al Lola Membrives para hacer Annie’. Ya lo había hasta determinado ella”. Un ejército de 3.500 nenas se presentó en el teatro. Fueron elegidas siete, luego otras siete, porque la ley no permitía que siempre fueran las mismas niñas quienes trabajaran de noche. Catorce elegidas para brillar. Esa convicción no se evaporó nunca. “¿Por qué a los cinco años…? Bueno, sí, a los cinco años capaz que se te ocurre también decir que querés ser astronauta. Pero esto de por qué a los cinco años decís que querés ser artista... y resulta que tenés cincuenta y cuatro lo seguís siendo. Entonces, yo siempre digo que es algo que debe venir con uno. Yo creo que en alguna otra existencia debo haber sido artista también, o comunicadora, o algo referido a lo mismo”, se preguntó, y casi se respondió. ¿Es la vocación una decisión, una imposición genética, un destino trazado? El arte llevó a nuevos mundos. El primero en abrirle las puertas de la televisión fue Mike Rivas, quien la convocó a ATC para formar parte de un programa musical junto a Raúl Lavié, a quien ya conocía de Annie, y Donna Carol: “Además estaba parte del ensamble de los chicos del teatro. Necesitaban una nena que actuara y Mike me presenta a Cardoso Ocampo. Imaginate, Mike Rivas, Cardoso Ocampo, yo con once años, o sea... Capaz que en ese momento yo no tenía noción de quiénes eran y después empezás a tomar magnitud de que eran directores musicales de la puta madre. No me privé de nada”. ATC fue el primer trampolín. Después llegó Clave de sol en El Trece, y a continuación Telefe, su casa televisiva. Un recorrido sin pausas, como si el impulso de los primeros años aún la empujara. ¿Cuánto pesa esa constancia? Nancy Anka en Los Copiones El trayecto que la llevó a formar parte central de ¡Grande, pa! tuvo algo de azar y mucho de determinación profesional en una época donde los actores todavía gestionaban sus oportunidades con una carpeta de currículum bajo el brazo. El gran salto se daría casi sin previo aviso, en una sucesión de escenas. Estamos en agosto de 1990 y la protagonista de nuestra hisotria sabía que estaba Jorge Gerardi en Telefe: “Él era la cara visible y yo ya había hecho el primer capítulo de Amigos son los amigos. Voy como para hacerle una visita. ‘Hola, Jorge. Nada, estoy acá’”. En ese instante llegaría una promesa remota: “Me dice: ‘Mirá, ahora no tengo nada, pero más o menos para el mes de diciembre te voy a estar llamando’”. “Este tipo se va a olvidar”, fue su primer pensamiento, pero la llamada llegó, como se había pactado, para invitarla a la sala de ensayo de Telefe, ubicada sobre la calle Garay. “Cuando llego había una fila larga, larga de pibas y dije: ‘Bueno, casting’. Está bien, todo bien. En ese momento yo hacía casting para todo”. En ese instante, sin información previa sobre el proyecto ni los perfiles buscados, la inocencia y el profesionalismo guiaron sus pasos. “Entro al mostrador que estaba ahí y digo: ‘Hola, sí, me citó Jorge’. ‘Ay, sí, vení’, me dicen. Y me llevan a una mesa larga donde estaba Gerardi con cuatro hombres más y Gabrielita Allegue. Me sientan ahí y ahí me doy cuenta que la audición era para las otras chicas. Y yo, hasta ese momento, no sabía qué estaban buscando ni nos habían dicho nada”. El inicio de Grande Pa La situación se volvió surrealista cuando, tras la prueba de escenas junto a otras postulantes, vino la resolución inmediata: “En un momento eligen tres chicas, entre ellas Julieta Fazzari, y nos mandan a Gaby y a mí a hacer una escena con las tres. Y después nos hacen repetir con Julieta. Termina el casting y automáticamente Gerardi nos sube a la gerencia, nos presenta a Gustavo Yankelevich y le dice: ‘Estas son las hijas de Arturo Puig’. Y en ese momento yo necesitaba saber qué era lo que estaba pasando”. El desconcierto era total. “Las chicas eran chicas, pero yo ya era grande. Y además, las chicas estaban con sus mamás. Yo estaba sola. Le digo: ‘Jorge, por favor, explícame qué es esto’. Y ahí me cuenta. Una novelita. Era estar en el momento justo con la persona indicada, pero no ahí... en agosto”. El destino terminó por confirmar el acierto de la apuesta. “Decían que iba a ser un programa de verano. Igual, nosotros ya habíamos firmado contrato por un año. Arrancamos el 2 de enero, vemos qué pasa. Y fue furor desde el verano, que en esa época no te funciona nada”. Ratings históricos, un éxito del que se desprendieron dos temporadas en teatro y cuatro en la pantalla chica. Guardias fotográficas a la espera de cada movimiento, de lograr encontrar algo más de qué hablar además de los logros televisivos. Todo eso lo vivieron, y salieron ilesas: “A las nenas las agarró chiquitas, pero a mí me agarró justo en el momento donde te vas a la mierda y terminás psiquiátrica si no tenés la contención correcta”. Julieta Fazzari, Nancy Anka, María leal y Gabriela Allegue, la familia que se formó en la ficción y nunca más se separó “María (Leal) siempre nos dice: ‘La verdad que ustedes tres chicas, qué derechitas que salieron’. Pero es porque siempre estuvimos acompañadas”. Son una familia, lo transmitido en pantalla hace 30 años continúa funcionando en el afuera. “Nos vemos sólo una vez por mes por los compromisos de cada una, pero siempre estamos en el grupo de WhatsApp”. Para dimensionar el fenómeno del ciclo, basta recordar que el capítulo en que Jose (Nancy, bah) se casa llegó a tener un pico de rating de 25 puntos, cuando enfrente estaba ni más ni menos que el partido entre la Argentina y Australia, que definía el pase al próximo Mundial. Incluso, para los que se perdieron ese momento clave de la historia, el canal decidió repetirlo el domingo siguiente. “¡Lo que fue grabar ese capítulo!“, ríe y recuerda: ”Fue un casamiento de verdad. Para mí, ya me había casado. Fue prueba de vestido de novia, tambíen pasó el civil, zapatos, ramo, peinado, maquillaje. La grabación fue desde la mañana hasta la tardecita en una quinta de Hurlingham. Hubo asado, baile, torta, cintita, ramo. Cómo nos divertimos, por favor". Y pronto llegaría el final. “Fue una hermosa locura que duró lo que tenía que durar y me pareció genial que durara eso, porque siempre dicen: ‘Ay, pero lo tendrían que haber seguido’. No. Incluso creo que como nosotros nos fuimos en el mejor momento, nos fuimos con el pico de rating, el recuerdo quedó de lo bueno. El recuerdo quedó y no matamos a la gallina de los huevos de oro. Si seguíamos más, era como empezar a desplumar la gallina e iba a quedar un pollo asqueroso”. El casamiento en Grande Pa Visto a la distancia, siente orgullo de haber sido parte de una ficción que produjo un punto de quiebre, porque al margen del humor que pudiera tener, no se podía evadir el foco principal: “Fuimos una familia disfuncional. Un hombre solo con tres mujeres. Y todos los conceptos que se tocaron y todos los temas que se tocaron. Porque era la transición de la adolescencia de las mujeres con un hombre solo. Yo tuve todo, tuve mi primera vez, tuve mi tema de la silueta, tuve el tema de la enfermedad. De hecho, ese fue el programa del pico de rating, donde termina el capítulo en el que me sacan en la ambulancia y era todo por esto de no comer, por el cuerpo perfecto. Se tocaron todos los temas”. Lejos de estancarse en el pasado glorioso, supo adaptarse y reinventarse. “Y después del último capítulo... Yo, por ejemplo, en ese momento ya venía trabajando y tenía esta dinámica de que lo que empieza, termina. Para mí cada año que íbamos renovando el contrato era un año más de laburo. Pero en algún momento esto va a terminar. Y cuando terminó justo me agarró haciendo presentaciones con la banda, tenía ya dos discos editados, entonces, como que yo seguí. Y después volví al teatro y después me llamaban para hacer alguna participación especial. Terminó eso, pero continuó la vida”. “Yo decidí ser artista, no por un ratito o porque quería ser famosa. Yo fui famosa de pedo, porque me fui moviendo y porque llegó eso a mi vida, que era lo que tenía que suceder, para que después sucedieran un montón de otras cosas y para que hoy estemos vos y yo acá charlando. Y no sé qué más me va a seguir pasando, pero también esa es mi concepción de la vida y de la profesión. Yo decidí ser artista como quien decide ser abogado. En donde sea, no importa. Cuando la situación se pone difícil, tenés dos opciones: o lo abandonás y te dedicas a otra cosa o persistís. Bueno, yo persisto”, afirmó. Tras ello, recordó su llegada al budismo: “Estaba en la búsqueda del verdadero concepto de la felicidad, que ya me había dado cuenta que no tenía nada que ver ni con el dinero, ni con la fama ni con nada de eso. Seguía diciendo que la vida debía pasar por otro lugar. Fue ntonces que me llega un libro de budismo a las manos, porque iba conociendo gente que lo practicaba... y cuando terminé de leerlo dije: ‘¿Viste? Tenía que ver con otra cosa la felicidad’. No tiene que ver con lo que uno posee materialmente o posee personas. La felicidad tiene que ver con sentir que uno tiene la fortaleza para sostenerse en sus propios pies ante cualquier circunstancia. Y cuando tenés una circunstancia difícil, si realmente no tenés una base sólida, te voltea. Aun una situación de enfermedad y aun ante la muerte, reconociendo que forma parte de la vida". Nancy Anka se alzó con el premio Carlos a mejor actriz gracias a su trabajo en la obra "Madre hay una sola", en Carlos Paz El recuedo de sus padres se hace presente y pese a no perder la sonrisa, en sus ojos se nota la ausencia: “Pude poner el budismo en práctica, porque creo que fuera de un hijo, la muerte de los padres es lo que más te conmociona la vida, o un hermano. Con ellos pude poner en práctica mi filosofía. Y fue hermoso porque pude despedirme sin ninguna deuda pendiente, en paz. Dije todo lo que tenía que decir, hice todo. Los últimos tránsitos que han tenido cada uno los agradezco y los tengo como el gran tesoro de mi vida, porque yo tenía un vínculo muy fuerte con mis viejos. Con muchísimo coraje y con muchísimo agradecimiento y hasta con felicidad los acompañé. Con felicidad de poder estar en ese momento acompañando, devolviendo toda la vida que también ellos me dieron a mí”. Difícil entonces no llevar a la mesa la muerte de Selva Alemán y el presente de Arturo Puig, y sobre ello Anka explicó: “Lo viví con mucha tristeza y hasta en algún punto preocupación de conocer lo que eran ellos dos. Fue un impacto muy grande. Estuve en ese momento y cada tanto sigo estando, pero con mucha cautela, mucho respeto. Más allá de que yo siempre le dije a Arturo que lo sentía realmente como a mi papá y desde que el mío falleció, él quedó como mi papá. Es el día de hoy que el Día del Padre le mando: ‘Feliz día, Arturo’. Pero soy muy respetuosa de los tiempos del otro, ¿qué le vas a decir? ‘¿Cómo estás?’ Y si sabés cómo está, ¿por qué le preguntás esta pelotudez? Pero cada tanto es: ‘Hola, te dejo un beso, un abrazo. Estoy’. Yo lo vi con mis padres. Conozco ese tipo de relaciones, ese tipo de vínculos donde son caballitos de mar, van juntos". Sí, Nancy Anka es prima de Paul Anka, sus abuelos eran hermanos, y no, nunca le interesó colgarse de la fama de nadie, como ya lo explicó anteriormente, pero las cosas por algo suceden. Hace poco más de 15 días, en momentos en que se encontraba como invitada al ciclo de streaming de Darío Lopilato, del otro lado de la pantalla estaba su hermana Luisana quien ni dudó en comunicarse: “Vimos el programa con Michael y justo estaba grabando con él Paul, nos pide tu teléfono”. Nancy Anka se encuentra presentando su ciclo de recitales Íntimo, en que recorre clásicos del rock nacional además de canciones propias Los hermanos Anka llegaron a América y mientras uno bajó al Sur del continente, otro fue al Norte, y así las vidas de Nancy y Paul -nietos de esos inmigrantes- pocas veces se cruzaron. Pero este presente los encuentra de nuevo reunidos al menos a través de la pantalla, hasta un futuro encuentro, de esos que no se buscan, aparecen solos. Aun con el paso del tiempo, la esencia de Nancy Anka parece inalterable: inquieta, apasionada, curiosa, defensora de la libertad y la autenticidad. “‘El movimiento se demuestra andando’, decía Carlitos Bala… Vos hacé, hacé, hacé. Que cuanto más te muevas, más vas a estar en el lugar que tenés que estar. Y ese tiempo místico te va a llevar”, cerró.

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