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  • La metamorfosis de Paula Colombini: su infancia en el sur, el vértigo de la moda y la construcción de un legado natural

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/08/2025 04:39

    Ellas by GWM - Paula Colombini Paula Colombini es una exmodelo top argentina y actual emprendedora. Durante la década de los ’90, alcanzó gran relevancia internacional en el mundo de la moda. Protagonizó campañas para marcas de renombre como Versace, Guess, Emporio Armani, Polo Ralph Lauren, CoverGirl, Gap, Revlon y Pantene, entre otras. Simultáneamente, incursionó en la actuación. Participó en producciones televisivas como Verano del ’98, Como vos & yo, ambas de 1998, y Mosca y Smith en el Once, de 2004. Pero, con el paso del tiempo, comenzó a distanciarse de las pasarelas y redescubrió una pasión que había germinado desde su juventud: el cultivo de huertas, el contacto con la tierra y la sustentabilidad. Esa transformación culminó durante la pandemia, cuando decidió darle forma concreta a su vínculo con la naturaleza. Hoy se autodefine como “vegetariana, jardinera, huertera y compostadora”, y lleva adelante su emprendimiento llamado Betarraga. Se trata de un espacio que combina talleres presenciales y virtuales, diseño de espacios verdes con plantas nativas, cursos en empresas y un creciente vínculo con la comunidad sustentable. “A los 51 años encontré algo que realmente me apasiona”, afirmó Paula y reconoció que esa conexión con la tierra le generó una profunda satisfacción personal. La exmodelo lanzó Betarraga, un emprendimiento dedicado a la huerta orgánica, el compostaje y la conciencia ambiental, combinando talleres y diseño de jardines. Fotografía: Adrián Escandar Luli: — En las entrevistas que has dado después de retirarte del modelaje, hablaste de la belleza hegemónica y de cómo eso, en la década del 90, interpeló a todas las mujeres que trabajaban en la industria. ¿Cómo lo viviste? Paula: — Sí, totalmente. Yo lo empiezo a ver a medida que voy creciendo y que mi mirada empieza a ser el de una mujer más adulta, que empieza a no tener lo que vendía yo en los noventa, que es la juventud y una estética muy particular. Y con el tiempo empiezo a darme cuenta del mundo en el que yo vivía, que era la moda y tenía un lenguaje muy particular con una estética hegemónica. Empiezo a encontrar otro tipo de palabras porque dejo de reconocerme, más allá de la edad, y empiezo a buscar en qué sí me reconozco, que tiene que ver con el mundo de la huerta, de las plantas nativas, del compostaje. Empiezo a generar mi propia marca, que es Betarraga, que justamente cuando hablo de plantas nativas, son jardines más naturalistas que distan mucho de los jardines con una estética hegemónica a los que estamos acostumbrados, que en general son jardines heredados con una mentalidad por ahí más europea. Luli: — Decís: “No me reconocía”. ¿En qué no te reconocías? Porque todos, en algún momento, tenemos eso que Tony Robbins llama un “ahá moment”, esa instancia disruptiva en la que decís: “Che, pará. Me cayó la ficha”. Paula: — Bueno, en realidad empiezo a sentir incomodidades y no las puedo poner palabras. Soy una persona muy impulsiva y, en general, casi todo lo que hago, lo hago por un primer impulso. Y empecé a no reconocerme en la voz, en hasta las frases. Luli: — De aquello que decías en ese momento... Paula: — Sí, exactamente. Y dije: “Bueno, voy a empezar a entender qué es lo que me pasa”. Y empecé a darme cuenta y a volver a mis 14 o 15 años y a de decir: “¿Por qué me acerqué a la moda?” Profesión que amo y de la cual tengo muy buenos recuerdos, pero yo me acerqué a la moda porque cuando era chica quería ser famosa, tener dinero y viajar. Eran tres propósitos que hoy los veo muy vacíos, pero los sostengo porque digo: “Bueno, lo logré”. Yo trabajé, tuve una carrera que no la hice en un verano, no la hice en un momento así. Luli: — Súper importante fue tu carrera. Paula: — Fue muy buena, pero es una carrera que me demandó tiempo para poder construirla. Fue una carrera muy sólida. Y cuando miro ese tiempo en mi vida, digo: “Bueno, esto es lo que voy a tomar”. Porque a los 30 y pico, volví a sentirme como cuando tenía 14 o 15 y decía: “¿Qué quiero realmente para mi vida? ¿En qué me puedo reconocer? ¿Qué sé hacer? ¿Qué es lo que me gusta? ¿Dónde pongo mi atención? ¿Qué es lo que a mí me llama la atención?” Porque finalmente, donde ponés el foco, construís. Y ahí me di cuenta que yo hacía veinte años tenía huerta y empecé a armar como un rompecabezas de eso. Luli: — Había una semillita, valga la redundancia, de eso que terminó convirtiéndose en tu propósito, ¿no? Paula: — Sí. Es un emprendimiento que no lo siento como un trabajo. Me levanto muy temprano todos los días, a las cinco de la mañana, y me estoy deseosa de trabajar porque o estoy estudiando, o estoy escribiendo un taller o estoy pensando cuál es el próximo producto que vamos a lanzar. Voy contestando emnsajes o estoy trabajando directamente en mi huerta, que es también empezar a encontrar el ritmo de hacer una profesión de esto. Yo quiero vivir el resto de mi vida trabajando de huertera, de paisajista. Elegí una profesión de huertera, que tiene que ver con mi vida. De hecho, cuando empecé a estar en el jardín, empezaba a las seis y media de la mañana y eran las ocho de la noche y Santi, mi pareja, prendía la luz del jardín para que yo pueda seguir trabajando. A partir de eso dije: “Yo de esto quiero vivir”. Empecé a aprender, a estudiar, a relacionarme, a vincularme con eso. Es como una es una transformación, que es la misma que se da en la naturaleza. Luli: — Cuando recién decías “no me reconocía en eso que comunicaba”… Más allá de la imagen, la vida personal, lo laboral y lo que mencionaste sobre la hegemonía y las presiones, ¿en algún momento fuiste consciente, pese a ser tan chica, de que todo eso se hacía pesado? Paula: — No, la verdad es que no. Pero lo que fui aprendiendo y a mí me parece que es re importante o a mí me sirve contar lo que uno verdaderamente hace. Yo ahora estoy con las manos en la tierra, camino descalza por mi jardín y sé que a mí eso me hace bien. Ese contacto con la naturaleza a mí me hace muy bien y quiero poder compartirlo. La salud para mí es súper importante, pero tratar de verme o de pesar o de tener la misma cara de cuando tenía 20 años atrás o 30, con 52 años, no lo voy a lograr nunca. Tampoco tengo tiempo físico de ocuparme para verme así. Es algo que no voy a lograr nunca más. Además, si le pongo foco a eso, no le voy a poner foco a lo que a mí me interesa, que es lo que a mí me hace bien. Eso también te lo dan los años, si prestás un poco de atención, empezás a entender qué es lo que a vos te gusta. Además, tengo la posibilidad y el tiempo de poder conectar con lo que a mí me gusta. Y yo naturalmente no puedo hablar de lo mismo que hablaba hace 20 años porque sentiría como que me quedé detenida en el tiempo. Decisiones, vínculos familiares y la importancia de las amigas Luli: — Y cuando decidiste tomarte un respiro, después de haber tenido una carrera espectacular como modelo en Argentina, Japón y en todo el mundo, y dijiste: “Me voy a la huerta”, ¿qué te dijeron? Paula: — En realidad fue más complejo que eso. Mis padres y mi hermano ya no viven en Argentina, yo me divorcié, crié en mucha soledad a mi hija Matilde, de la que estoy súper orgullosa. Para llegar a la paz que tengo hoy y al placer que siento por la vida que construí, pasé momentos complejos en mi vida. Entonces, yo valoro mucho la posibilidad que tengo de hacer lo que hago hoy, porque no siempre fue así. A través de la huerta yo encontré un montón de respuestas. Para mí es una herramienta poder producir tu alimento, ocuparte de ese suelo en el que uno no ve todo lo que sucede debajo de nuestros pies. La naturaleza no para de sorprenderme. Y hay una parte que a mí me relaja mucho saber y lo comparto siempre que puedo: no sos importante. Sos uno más. Estamos todos cumpliendo una función. Y cuando empezás a ver cómo todo se descompone, que finalmente es lo que nos va a suceder a nosotros, digo: “Empecemos a tener conciencia real de la finitud”. Luli: — Te escucho con atención porque me resuena ese contraste entre en el pasado y el presente. ¿Cómo no ibas a perder tu eje transitando una profesión tan exigente en una época con tantos cánones, como el “90-60-90”? Me parece muy valioso tu testimonio: alguien que fue número uno, con tanto éxito y belleza, de repente conecta con algo tan real y profundo en un mundo tan frívolo. Paula: — Es también volver al origen. Mi papá es escritor, es poeta, mi mamá fue ama de casa y a la vez estudió Psicología Social. Si empiezo a entender mis raíces, soy de Floresta, yo nunca me había subido a un avión hasta que empecé a trabajar. Cuando llegué a Nueva York dije: “¡¿Qué significa éxito?!” O sea, no sabía una palabra de inglés. Y uno vuelve a sus raíces. A Matilde, a mi hija, le digo: “De esto estamos hechas” cada vez que viajo a España a ver a mi familia. Y con Santi, mi pareja, deseamos siempre una vida sencilla y simple. Es realmente lo que más me interesa, que no significa que intelectualmente o espiritualmente no esté preparada. Me refiero a otras cosas que no quiero que me saquen tiempo y me refiero a las cosas materiales. Yo cuando voy a España no voy arriba de una zanahoria, obviamente necesito pagarme un pasaje y eso es una realidad. Pero lo que quiero decir es que lo material que yo tenga, tenga un propósito y me haga feliz, que no me esclavice. Yo deseo eso. A veces la gente dice: “¡Uy! Está gorda”, “¡Uy! Está vieja”. Esos comentarios que vos decís: “No quiero que me afecten...” Luli: — ¿Y cómo hacés para que no te afecten? Paula: — Empezar a prestar atención a las cosas que te interesan y naturalmente de esa gente ya te desvinculás, porque empezás a rodearte de personas que nunca van a tener una mirada como esa, que nunca van a hacer un comentario como ese y que están viendo otra cosa. Luli: — Pero es verdad que está mucho más lleno de las otras personas. Estamos expuestos todo el tiempo a la mirada del otro y sobre todo las mujeres. En las redes la mayoría de los comentarios peyorativos son de mujeres hacia mujeres… Paula: — Es que nos la complicamos. Matilde, por ejemplo, me prohíbe que use filtros y no sabés lo que me costaba al principio no ponerle filtros a mis fotos. Después empecé a hacerlo porque digo: “Esto es coherente con mi mensaje”. A mí me ayuda, también. Me ayuda porque yo estoy entrenada para mirar. Me entrené en una profesión que tenía que ver con eso y no está mal, quiero ser clara. No está mal. Soy lo que soy gracias a mi recorrido y se lo recontra agradezco. Mucho de eso sé que me gustaría continuarlo, como poner exponer mis ideas. Pero muchas otras sé que son las que no me interesan y no quiero. Luli: — Decías: “Me costaba verme sin filtro” y a todas las mujeres nos pesa el paso del tiempo”. Más aún cuando te dedicaste 100 por ciento a tu imagen. ¿Hubo un momento en el que tuviste que sentarte con vos misma y abrazar a esa Paula adolescente para poder llegar hasta acá? Paula: — Todo el tiempo y hacerme cargo de las decisiones que voy tomando. Uno no llega donde llega casualmente, fueron decisiones buenas, malas, normales o simplemente decisiones. Voy a decir una cosa muy superficial, pero no teñirme fue una decisión. Entonces, cuando me dicen: “Paula estás llena de canas”. Ahí digo: “¡Uy! Sí, estoy canosa”. y me planteo si debería teñirme o no. Pero también recuerdo que yo decidí no hacerlo. O me pasa también con las manos. Pienso que tendría que hacerme las manos, pero también estoy todo el tiempo en la tierra. Puedo cambiar de opinión, pero incluso en cosas tan elementales como esas, son conversaciones que tengo conmigo misma y digo: “No uso guantes, meto las manos en la tierra, agarro las lombrices, muevo el compostaje, trasplanto, no lo puedo hacer con las manos hechas”. Si tengo que ir a laburar y voy a hacer una marca y necesitan las manos hechas, me parece genial, y es lo que se necesita. Pero las otras son decisiones personales. Luli: — Buscás que no sea una necesidad para vos en tu vida diaria. Paula: — Claro. Ahora qué sí quiero, yo quiero poder comunicar lo que a mí me interesa. Me gusta que la gente sepa que la naturaleza sana, aunque tengas un cuadrado mínimo en tu casa para generar un espacio verde. Yo armé una terraza botánica que se llama Rooftop 460 en pleno corazón de Buenos Aires, en Corrientes y 25 de Mayo. Yo te aseguro que si vos pones la planta “correcta” va a venir un picaflor y van a venir las abejas. En el medio del cemento se puede tener un espacio verde que te sorprenda porque a mí me pasa eso también, a mí me sorprende la naturaleza y digo: “Acá está el lujo”. Colombini reflexionó sobre la presión de la belleza hegemónica en el modelaje de los años 90 y su búsqueda de autenticidad personal. Fotografía: Adrián Escandar Luli: — Qué fuerte el contrapunto con esa Paula de los 18 años que quería estar impecable porque quería ganar plata y ser famosa. Paula: — Sí. Cuando voy a entrenar, le digo a mi profesor: “Lo que me interesa es poder agacharme, caminar y quiero tener un cuerpo que me responda, un cuerpo saludable”. Obviamente cuido mi cuerpo, estando en el jardín, me protejo la piel, uso sombrero, me cuido y me interesa. Soy vegetarianas de que tengo 14 años, voy a mi dermatóloga, pero quiero que me acompañe un cuerpo, la estética y la salud con lo que me interesa hacer y no sostenerlo solo desde lo estético. Yo lo vivía de esa manera y no quiero sostener mi vida sólo desde ahí. Luli: — Te retiraste del modelaje muy joven, a los 30 y pico. ¿Te arrepentiste en algún momento? Paula: — No me arrepiento para nada. Sentí mucha paz porque había vivido mucho tiempo afuera y acá estaba con mis amigas. Si bien no estaba mi familia en Argentina, me gustó tener tiempo para estar en mi huerta, para empezar a plantar, para poder cosechar… Luli: — También dijiste: “En mi carrera sacrifiqué muchas cosas, viví mucho tiempo afuera, lejos de los míos y de verdad me dediqué a construir mi carrera como modelo”. Entonces, me parece que también hay como una intención de recupero de tiempo, ¿no? Paula: — Sí, de mi tiempo y empezar a escucharme qué es lo que a mí realmente me gusta. Simplemente, soy la misma persona que fui toda la vida. Cuando vas a tu esencia… Luli: — En otra etapa, quizás. Paula: — En otra etapa, con otro conocimiento, con otra edad, otras necesidades. Pero finalmente uno es así. Soy la misma Paula que vivía en el sur. Soy la misma Paula que nunca se había subido a un avión, que me acuerdo que cuando gané un pasaje para irme a Miami y yo decía: “No puedo creer. Me van a hablar en otro idioma” (risas). Me acuerdo de eso con mucha inocencia y hoy lo atesoro. Me da mucho cariño y es parte de quién soy. El paso del tiempo, la autoimagen y el legado a las nuevas generaciones Luli: — Si pudieras tomarte un mate con Paula de hace algunos años, ¿qué le dirías a esa chica de 14 o 15 años que solo quería ser famosa, ganar dinero y viajar? Paula: — Le diría quedate tranquila porque lo vas a lograr, pero lo vas a lograr porque vas a trabajar, a poner mucha atención para que eso pase y te vas a rodear de buenas personas. Eso es fundamental, rodearse de buena gente, tomar buenas decisiones y, con el tiempo, aprender a irte muy rápido de los lugares que no te gustan. En los emprendimientos el 50 por ciento es la idea y el trabajo, pero el otro 50% es armar equipo. Tener un equipo de gente que uno valora es esencial. Le diría que va a tener muchas vidas en una. Soy muy inquieta y no me voy a aburrir nunca. Ahora me quiero recibir de naturalista y lo voy a lograr, porque no tengo un título y quiero tenerlo. Al haber nacido en una familia en la que a uno lo contienen y tiene las necesidades básicas cubiertas, te diría que es hasta una responsabilidad hacer lo que nos gusta. Luli: — Cuando uno mira en retrospectiva los sacudones que tuvo en la vida, en general en el tiempo presente decís: “Aunque fueron un suplicio, qué bueno que los pasé porque me llevaron a estar donde estoy hoy”. ¿Recordás alguno de esos momentos disruptivos o transformadores? Paula: — No podría decir que los miro con alegría. Tampoco puedo decir si eso no hubiese sucedido hoy sería o no esta misma persona. La verdad que no lo sé. No recuerdo algo puntual porque por ahí fue una cadena de muchas situaciones. Esto que te digo por ahí de no estar mis padres Argentina ni mi hermano y muchas veces estar en soledad con mi hija. Para mí fue un momento difícil, pero ahí están las amigas… Luli: — Qué importante, ¿no? Lo decís y te emocionás. Paula: — Sí, sí, totalmente. Muy buenas amigas. Son amigas que yo elegí y que sigo eligiendo. Por ahí alguna no está en este momento en mi vida, pero no pierde el valor del momento que se compartió. También lo que yo les doy a mis amigas, ¿cierto? Porque es la idea… Luli: — Armar red… Paula: — Armar una red donde disfrutan mucho cuando te va muy bien, que eso también es muy importante. Como cuando vas a brindar y todo el mundo disfruta de lo que estás haciendo y lo que te está pasando. Luli: — Es una contradicción, pero es real. Uno siempre dice: “Los amigos están en las malas” y no. Los amigos también están en las buenas porque disfrutan cuando a vos te va bien. Eso es que te quieran de verdad. Paula: — Es muy importante. Yo disfruto mucho cuando a mis amigas les va muy bien y tengo amigas muy power y me encanta. Y mi hija también es una persona que amo y admiro. Intelectualmente es brillante. Es una gran lectora. Se va a recibir ahora de la carrera de Ciencias Políticas, trabaja y estoy muy orgullosa de la persona que es. Luli: — Ya para terminar, si pudieras revivir un momento de tu vida, como una foto o una imagen al final del camino, ¿cuál elegirías para volver a disfrutar? Paula: — Sería más una sensación y es decir: “Bueno, hice lo que quise”. Para mí eso es fundamental. Luli: — Que no es poca cosa. Paula: — Es todo porque te hace estar donde querés estar y podés dar cosas importantes y recibirlas también.

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