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» Diario Cordoba
Fecha: 29/08/2025 03:58
Perdidos en esta industria del entretenimiento guerracivilista en la que se ha convertido la ¿política? española, páramo de soluciones a una vida cotidiana cada vez más cara, menos libre y cargada de desesperanza (no nos sorprendamos después de las consecuencias), las grandes cuestiones que nos afectan hoy y lo harán mañana se trabajan y deciden al margen de lo que podamos influir, la verdad es que entre muy poco o nada, en esta senda de irrelevancia internacional donde caminamos ante el hartazgo ajeno. Eso sí, con ese viejo orgullo que nos caracteriza ante las adversidades más elocuentes, porque mejor morir que admitir o reconocer el más mínimo error y que pase lo que tenga que pasar. Por ejemplo, ante la reciente firma del acuerdo arancelario entre la Unión Europea y Estados Unidos, mientras estábamos de vacaciones - tampoco nos iban a invitar a estar-, que ha abierto una enorme brecha en la política industrial europea y reavivado el debate sobre los límites de la soberanía económica del continente. Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo, referente indudable y voz absolutamente necesaria, no ha dudado en manifestar su decepción y preocupación ante la «resignación» europea frente a las exigencias estadounidenses. Para Draghi, estas condiciones representan que Europa ha cedido parte de su peso geopolítico buscando la estabilidad a corto plazo sobre la defensa decidida de sus intereses industriales y estratégicos. Europa, durante años, se ha apoyado en la creencia de que su volumen comercial bastaba para negociar en igualdad de condiciones, pero los hechos recientes demuestran que solo era una ilusión. El propio Draghi, en su informe sobre la competitividad europea, advertía que la situación es aún más urgente de lo supuesto. El reto no es solo de política comercial, sino de supervivencia industrial y estratégica. La competitividad de Europa depende de una reacción veloz y valiente que impida su marginación y limitación a quedar como como meros espectadores de este nuevo orden internacional que nos retrotrae un siglo atrás. Frente a las advertencias de Draghi, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha defendido públicamente el acuerdo como una «decisión consciente», pensada para evitar una guerra comercial que habría perjudicado gravemente a la economía europea. Considera que el acuerdo, aunque imperfecto, aporta previsibilidad y protección frente a la escalada arancelaria, y recalca que una confrontación solo habría sido celebrada en Moscú y Pekín y resalta que el techo del 15 % de aranceles a pagar, es un logro en sí mismo, superior a las condiciones que enfrentan otros socios comerciales de Estados Unidos. Trump ya se ha encargado de advertir estos días que todo puede ser papel mojado si no se atienden las demandas -inasumibles- de sus tecnológicas. La discusión resume el dilema central de la Unión Europea: ¿apostar por la estabilidad a cualquier precio o asumir riesgos para defender una autonomía estratégica largamente prometida pero nunca conseguida? Draghi dice que si Europa no reacciona ahora y no actúa en conjunto, quedará relegada a un papel secundario y comprometerá su prosperidad futura. La clave está en la voluntad política y en la capacidad de pasar del análisis y la autocrítica a la acción decidida y recuerda que los «sermones inútiles» deben dejar paso a un liderazgo real si la Unión no quiere volverse irrelevante en la economía global. Es la teoría de los carnívoros y los herbívoros. El mundo real. Ese debate lo podemos traer aquí y preguntarnos si esos sermones inútiles del día a día que inundan todo tipo de medios, argumentarios de play station para los yonquis de los trackings electorales, se acabarán algún día y podremos ocuparnos de lo importante, de los retos enormes que el país tiene por delante en este mundo sin reglas con el que hoy hay que batirse el cobre. Retos que, en lo económico, son puramente estructurales y necesitan de estrategia y determinación antes de que el dinero europeo deje de fluir y el cuadro macro aflore las debilidades que oculta, que no son pocas. Claro, que podemos seguir como estamos, camino de lo imprevisible en un presente al que siempre llegamos tarde porque vivimos en pasado continuo. *Periodista
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