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Parana » Informe Digital
Fecha: 29/08/2025 00:37
La cadena algodonera argentina se prepara para una transformación histórica. Bajo el lema “El nuevo camino del algodón”, han convergido productores, empresas, técnicos y el Estado en un proceso que promete reconfigurar la dinámica de este cultivo estratégico del norte. Su objetivo final es posicionar a Argentina como un competidor más potente en el mercado global. El programa establece metas ambiciosas para 2030: aumentar en un 60% el rendimiento de fibra (de los actuales 650 kilos por hectárea a 1,085), ampliar en un 30% la superficie sembrada, duplicar la producción nacional de fibra y lograr un incremento superior al 200% en exportaciones, lo que representaría US$726 millones adicionales para el país. “Estamos avanzando hacia un aumento significativo de la productividad. No estamos al nivel de Australia, Estados Unidos o Brasil, pero tenemos un margen de productividad que nos permite, tanto hoy como en poco tiempo, aspirar a rendimientos mucho mayores”, afirmó Pablo Vaquero, presidente de Gensus, durante la presentación de la iniciativa en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Gensus es una empresa dedicada a la producción de semillas. El enfoque no se limita a los aspectos económicos. La estrategia incluye un fuerte componente de innovación tecnológica: se buscan resistencias a plagas críticas como la lagarta rosada y el picudo algodonero, así como semillas con bajo contenido de gosipol —lo cual tiene impacto en sostenibilidad y nutrición— y la biotecnología aplicada a la genética. “La articulación entre el sector público y privado es fundamental para alcanzar este objetivo, a través de inversión, innovación y el desarrollo de nuevas variedades”, destacó Vaquero. “Desde el manejo hay mucho por hacer, pero también hay mucho que aportar desde la genética. La colaboración entre sectores es la clave para alcanzar este objetivo”, agregó Vaquero. De cumplirse las metas, hacia 2030 la superficie algodonera podría expandirse de 600.000 a 780.000 hectáreas, e incluso alcanzar entre 800.000 y 900.000 hectáreas, con un aumento del 114% en la producción de fibra. “Esto es inexorable, sucederá con estas tecnologías”, aseguró Vaquero. El impacto se reflejará tanto en el mercado interno como en el externo. En el país, se espera una mayor uniformidad y calidad de fibra para la industria textil, mientras que a nivel internacional, las exportaciones se convertirán en el motor del cambio. “El mercado interno está abastecido y se ha profesionalizado en toda la industria. Lo que quedará de esto será un beneficio: más volumen y mejor calidad”, enfatizó. En el panel sobre por qué innovar en algodón, desafíos y oportunidades hasta 2030 participaron Mauricio Tcach (INTA EEA Sáenz Peña); Pablo Yezdrich (LDC); Hipólito Ruiz, periodista de Diario Norte; Claudio Mazás (Mayton) y Matías Gutman, de Fundar. Hoy, Argentina ocupa un lugar modesto en el escenario global. Al respecto, Matías Gutman, de Fundar, explicó: “Argentina representa alrededor del 1,4% de las exportaciones mundiales, lejos de los líderes Estados Unidos, Brasil y Australia. Sin embargo, hay una gran oportunidad. El país llegó a representar el 4,5% de las exportaciones totales y creemos que hay margen para recuperar participación”, indicó. Según Gutman, la clave radica en la calidad de la semilla, la adopción de semillas certificadas y la mejora en la productividad por hectárea, así como en el rendimiento del desmote. “Actualmente, tenemos un rendimiento de aproximadamente el 33%, mientras que países como Brasil alcanzan el 43%. Esa diferencia es significativa y representa un área de mejora”, advirtió. El algodón argentino produce fibras de calidad media, apreciadas en diversos nichos internacionales. En este contexto, Pablo Yezdrich, de LDC, apuntó que “Argentina tiene una gran oportunidad para exportar calidades medias en cantidad” y destacó que países como Vietnam, India, Turquía y China ya han incorporado la fibra local como parte regular de su abastecimiento. “El algodón es un cultivo muy resiliente. Hemos pasado tres años difíciles debido a la sequía, pero con inversión en tecnología, habrá más calidad y productividad. Es importante mencionar que Brasil produce tres veces más fibra por hectárea que Argentina, aunque hace 20 años no contaba con esa productividad. Todo esto se logra a través de inversión en tecnología, conocimiento y manejo. Esa es la dirección y para eso nos estamos preparando”, enfatizó. El INTA se presenta como un actor clave en esta transformación. Su presidente, Nicolás Bronzovich, comentó: “Estamos en un período de gran incertidumbre, con nuevas demandas de sostenibilidad, clima y barreras comerciales que nos exigen adaptarnos rápidamente. En este contexto, la genética es la primera buena práctica”. Bronzovich subrayó que el organismo se siente “honrado de ser parte de este nuevo camino del algodón”. Y añadió: “Estas capacidades son, sin duda, los activos públicos del futuro, los bienes públicos del mañana. Quiero enfatizar en esto. Ser parte de este sistema de innovación y de este nuevo camino del algodón nos llena de orgullo y, hoy, como presidente del INTA, en busca de una reorganización institucional en un organismo que está a punto de cumplir 70 años, creo que encarnamos el espíritu de certidumbre que queremos construir. Reafirmamos nuestro compromiso de seguir incentivando la investigación, la transferencia tecnológica y la capacitación para que estas herramientas lleguen a todos los productores, sean medianos, pequeños o grandes”. Desde el gobierno nacional, también se enfatizó el respaldo a este proceso. Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal, afirmó: “Estas acciones son posibles cuando se construye un país con una visión a largo plazo. El Estado debe simplificar, generar condiciones y trabajar en conjunto con las provincias”. El funcionario destacó que se han reducido los tiempos de aprobación de eventos genéticamente modificados. “Antes se tardaban al menos dos años; hoy algunos procesos se resuelven en seis meses. Esto transforma la dinámica para las empresas privadas”, explicó. El gobernador de Chaco, Leandro Zdero, también participó de la presentación y resaltó el impacto del algodón en la identidad provincial: “Para nosotros, los chaqueños, esto representa un gran avance, reafirmando el presente para un futuro que está por venir”. Zdero subrayó la importancia de la colaboración público-privada y el papel del Estado como facilitador. “En muchas ocasiones, el Estado burocrático se convierte en un obstáculo. Nosotros hemos trazado un plan estratégico enfocado en este cultivo, que no solo es parte de nuestra identidad, sino también del futuro del norte argentino”, afirmó. El algodón, conocido como “oro blanco”, se encamina hacia una nueva era de expansión y competitividad. Los participantes enfatizaron que, con un horizonte de crecimiento en productividad, superficie, exportaciones y tecnología, Argentina busca reposicionarse en el escenario internacional y ofrecer al norte del país un motor de desarrollo sostenible.
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