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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 28/08/2025 20:45
El telescopio Inouye captó la imagen más detallada de una llamarada solar X1.3 revelando bucles de plasma de apenas 48 kilómetros (NASA) El 8 de agosto de 2024 se registró un hito para la astronomía solar. Ese día, el telescopio Daniel K. Inouye, el instrumento más grande del mundo dedicado al estudio del Sol y emplazado en Hawái, capturó la imagen más detallada jamás tomada de una llamarada solar. El evento no solo marcó un avance tecnológico, sino también un salto conceptual en la comprensión de los fenómenos que gobiernan la actividad de nuestra estrella. Por primera vez, los investigadores pudieron observar con una nitidez sin precedentes los bucles de plasma que emergen de la superficie solar, estructuras de un tamaño ínfimo que hasta ahora eran apenas una hipótesis en la teoría. La observación del 8 de agosto de 2024 permitió ver estructuras solares nunca registradas en plena erupción de gran intensidad (Crédito de la imagen: NSF/NSO/AURA, CC-BY ) La fotografía reveló hebras oscuras de alrededor de 48 kilómetros de ancho, bucles coronales que siguen los intrincados campos magnéticos del Sol y que juegan un papel crucial en el desencadenamiento de las erupciones más violentas conocidas. La llamarada captada fue de clase X1.3, una de las más intensas dentro de la escala que utilizan los especialistas para medir la energía liberada en estos estallidos. El Sol se encontraba en las etapas finales de esa erupción cuando el observatorio logró fijar su mirada sobre él, y lo hizo en condiciones óptimas de observación. Cole Tamburri, físico solar de la Universidad de Colorado en Boulder en EEUU y autor principal del estudio que analizó los datos, describió el momento con palabras que reflejan la magnitud del logro: “Esta es la primera vez que el Telescopio Solar Inouye observa una llamarada de clase X”. Y agregó: “Estas llamaradas se encuentran entre los eventos más energéticos que produce nuestra estrella, y tuvimos la suerte de captar esta en perfectas condiciones de observación”. Las llamaradas de clase X se encuentran entre los fenómenos más energéticos del Sol y pueden alterar comunicaciones en la Tierra (NASA) Las erupciones solares son explosiones colosales de energía que nacen en la atmósfera del Sol cuando las líneas del campo magnético se enredan y colapsan, un fenómeno conocido como reconexión magnética. En ese proceso se forman enormes bucles de plasma que ascienden hacia la corona, la capa más externa y ardiente del astro. Cuando la tensión magnética se libera, el Sol expulsa radiación, partículas y plasma al espacio. Si parte de ese material apunta hacia la Tierra, el impacto puede alterar las comunicaciones de radio, los satélites y, en casos extremos, la red eléctrica global. Sin embargo, hasta ahora los modelos que intentaban explicar cómo se generaban estos arcos de plasma tenían un límite: la resolución de los telescopios disponibles impedía comprobar si los bucles más pequeños existían en la realidad o eran solo un producto de la teoría. El Inouye rompió esa barrera. Con su Visible Broadband Imager, logró captar estructuras de apenas 21 kilómetros de ancho, cerca del límite de su máxima resolución. El hallazgo encajó con las estimaciones que predecían bucles de entre 10 y 100 kilómetros. Para Tamburri y su equipo, la confirmación fue tan sorprendente como transformadora. “Por fin estamos explorando las escalas espaciales sobre las que hemos especulado durante años”, afirmó el investigador. Y añadió: “Esto abre la puerta al estudio no solo de su tamaño, sino también de sus formas, su evolución e incluso las escalas donde se produce la reconexión magnética, el motor de las erupciones”. El Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA capturó esta imagen de una llamarada solar, vista como el destello brillante en la parte inferior izquierda, el 1 de octubre de 2024. POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA NASA/SDO Un bosque de plasma visto árbol por árbol Los bucles coronales que emergen durante una llamarada son como arcos incandescentes que siguen las líneas invisibles de los campos magnéticos solares. Hasta este descubrimiento, los astrónomos solo habían logrado distinguir grandes arcadas, conjuntos que parecían uniformes y que no permitían identificar sus partes más elementales. La nueva imagen mostró que esas estructuras mayores pueden estar compuestas por bucles individuales más pequeños, invisibles hasta ahora. Tamburri ilustró la diferencia con una comparación contundente: «De ser así, no solo estamos resolviendo conjuntos de bucles, sino bucles individuales por primera vez. Es como pasar de ver un bosque a ver de repente todos los árboles». La metáfora resume el cambio de perspectiva que inaugura el Inouye. No se trata solamente de una mejora en la nitidez de las imágenes, sino de un acceso a la escala fundamental en la que ocurren los procesos que originan las erupciones. Ver los bucles más pequeños significa observar el ladrillo básico con el que se construyen los fenómenos de mayor escala. La misión india para el estudio del Sol, Aditya-L1, publicó este lunes varias imágenes de erupciones solares registradas el pasado mayo, que ayudan a los científicos a comprender los impactos del clima espacial en la Tierra, según la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO). La actividad del Sol fue capturada por dos instrumentos de detección remota a bordo del observatorio espacial durante la semana del 8 al 15 de mayo, cuando se desataron una serie de intensas llamaradas solares y eyecciones de masa coronal (CME), afirmó ISRO en un comunicado oficial. EFE/Cuenta oficial de 'X' de la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO)/SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) Así como en biología el microscopio permitió descubrir la célula y con ella comprender la vida de otra manera, en física solar esta nueva mirada abre una dimensión de investigación que puede redefinir los modelos actuales. Las imágenes revelaron “hebras” oscuras de plasma caliente siguiendo el contorno del campo magnético solar. Su tamaño coincidió con las estimaciones teóricas y permitió por primera vez comprobar que esas estructuras no eran un cálculo abstracto, sino una realidad observable. El observatorio utilizó luz en la longitud de onda H-alfa, en el rojo profundo del espectro, una frecuencia que suele emplearse para estudiar la cromosfera solar y también ciertas nebulosas. Gracias a esa técnica, los investigadores pudieron registrar con precisión la dinámica del plasma mientras la llamarada liberaba su energía hacia el espacio. Los bucles coronales siguen los campos magnéticos solares y su estudio permite comprender cómo se desencadenan las erupciones ( AFP) El carácter inédito de la observación motivó al propio Tamburri a definir el momento con entusiasmo: “Es un momento histórico en la ciencia solar. Por fin vemos el Sol en las escalas en las que funciona”. Esa frase refleja la sensación de estar atravesando un umbral en el conocimiento, uno que lleva a los científicos a un terreno que antes solo podían imaginar. La posibilidad de distinguir bucles individuales no solo valida modelos, sino que también plantea nuevas preguntas: ¿cómo evolucionan esas hebras con el tiempo?, ¿qué papel cumplen en el desencadenamiento de una llamarada completa?, ¿son la clave para anticipar cuándo una erupción liberará material hacia la Tierra? Imagen de la NASA de una llamarada solar de tamaño mediano (M2) y una eyección de masa coronal (CME) en erupción desde la misma gran región activa del sol, 14 julio 2017. NASA/GSFC/Solar Dynamics Observatory/Entregada vía REUTERS Un Sol inquieto en pleno ciclo 25 El descubrimiento se produjo en un contexto de gran actividad solar. El Sol atraviesa actualmente su ciclo número 25, un proceso natural que dura unos 11 años y que alterna fases de calma relativa con períodos de máxima intensidad. Los especialistas anticipan que el pico de este ciclo llegará entre 2024 y 2025, lo que explica por qué en los últimos meses el astro protagonizó tantas noticias con llamaradas de clase X. Cada una de esas erupciones es capaz de generar tormentas solares que, de alcanzar a la Tierra, podrían alterar la infraestructura tecnológica de la que depende la vida moderna. El hecho de haber captado una llamarada en pleno desarrollo no fue casualidad. El aumento de la actividad incrementa la frecuencia de estos eventos y multiplica las posibilidades de observarlos con detalle. Pero incluso con esa ventaja, el logro del Inouye se destacó por su precisión. No se trató de cualquier erupción, sino de una clase X1.3, ubicada entre las más poderosas. 09/05/2024 El Sol intensifica la emisión de fuertes llamaradas. El Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA ha registrado cuatro nuevas poderosas llamaradas solares en dos días, que se suman a otras dos el pasado fin de semana, en pleno pico del ciclo solar. POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA NASA Además, el telescopio logró enfocar en las etapas finales, cuando los bucles de plasma se despliegan con mayor claridad. Esa combinación de factores permitió obtener una imagen única, que de inmediato se convirtió en un referente para la comunidad científica. Hasta este estudio, el tamaño de los bucles coronales era un misterio. Existían estimaciones, pero ninguna evidencia observacional. Ahora, con una fotografía concreta, los investigadores cuentan con un punto de partida para construir modelos más sólidos. Comprender la dinámica de estos bucles puede ayudar a predecir el comportamiento de las llamaradas y, en consecuencia, anticipar su impacto en la Tierra. En un mundo cada vez más dependiente de la tecnología, mejorar esas predicciones es mucho más que un avance académico: es una necesidad práctica para proteger redes eléctricas, satélites y sistemas de comunicación. La corona solar lanza una gran llamarada de miles de kilómetros de longitud (NASA) La Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos compartió la fotografía como un logro colectivo de la comunidad científica y tecnológica. El Observatorio Solar Nacional, que administra el telescopio Inouye, subrayó que esta fue la primera vez que se lograron imágenes tan precisas de una llamarada de clase X. La noticia recorrió medios y revistas especializadas, consolidando la relevancia del hallazgo. No solo fue un triunfo del instrumental, sino también de la colaboración entre instituciones y del esfuerzo de décadas por construir un telescopio capaz de resistir la luz y el calor extremos del Sol para registrar sus detalles más delicados. El Sol, que desde la Tierra puede parecer una esfera uniforme de luz constante, se reveló en esta ocasión como un escenario complejo, atravesado por campos magnéticos que se retuercen y liberan energía en forma de bucles incandescentes. El descubrimiento mostró que incluso en la estrella más cercana, fuente de vida y de energía para nuestro planeta, aún quedan secretos por descubrir en escalas que hasta hace poco eran invisibles. El detalle de la erupción (foto: NASA/SDO/Goddard) Lo que comenzó como una imagen récord ya se convirtió en una puerta abierta hacia el futuro de la física solar. Los bucles coronales más pequeños jamás fotografiados desde la Tierra son ahora la evidencia de que el Sol funciona en escalas diminutas que determinan fenómenos colosales. La ciencia dio un paso crucial: de observar arcadas difusas pasó a distinguir hebras individuales. Esa diferencia redefine lo que significa estudiar la actividad solar.
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