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  • “Siento que va a venir de visita”: el dolor de la madre de María Marta García Belsunce, 22 años de sospechas y la condena tardía

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 29/08/2025 04:39

    “Perdí la sonrisa, lloro por mi hija, tengo miedo de que no pueda descansar en paz porque no se encuentra la verdad", dijo Luz María Galuo Lanús “El asesino de mi Negrita está fuera de la familia”, reflexionaba hace exactamente veintidós años, a fines de agosto de 2003, la mamá de María Marta García Belsunce, Luz María Galup Lanús, en la única entrevista que dio en la intimidad de su departamento de Recoleta, a meses de cumplirse un año del homicidio de su hija, ocurrido el domingo 27 de octubre de 2002 en su casa del country Carmel, cuando fue masacrada de seis balazos calibre 32 en el cráneo. Con sus ojos al borde de las lágrimas, confesó que todas las noches cuando se iba a dormir le pedía a Dios que su hija pudiera descansar en paz: “¿Por qué te fuiste, vos no te merecías una muerte con semejante saña y violencia?”, repetía mientras rezaba e imploraba por ella. Su rostro reflejaba el dolor imposible de describir que sentía una mamá ante la atrocidad del crimen que la privaba para siempre de los abrazos, los besos y las caricias que ella le brindaba en cada oportunidad en la que se encontraban. Hacía poco que se había presentado como querellante en la causa en la que se investigaba el crimen: “Lo hizo para impulsar otras líneas de investigación, porque hasta ahora solo se puso bajo la lupa a la familia de la víctima”, precisaba su abogado, el doctor Adolfo Casabal Elía. Y sus hijos, que en ese momento de la charla la acompañaban, Irene Hurtig, María Laura y Horacio García Belsunce, más Constantino, su marido, aseguraban que se ponía seria y como una leona cuando alguien sugería que su familia podía llegar a estar involucrada en el crimen. “Para mí ‘El Gordo’ es como un hijo” -explicaba cuando se refería al esposo de María Marta, Carlos Carrascosa-. No tolero que insinúen que pudo haber sido el quien la mató, por favor. Hoy sin ella está solo en el mundo”, declamaba. Luz María Galup Lanús junto a su hija María Marta García Belsunce en el casamiento de Irene Hurtig y Guillermo Bártoli Su mamá solía llamarla cariñosamente “Negrita”, pero también le decía “arañita peludita” porque una vez jugando cuando era muy pequeña se le ocurrió ese apodo y ella no paró de reírse a carcajadas mientras entonaba como si fuera una canción: “Yo soy de mamá, la arañita peludita”. Cuando lo confesaba, Luz María expresó en aquella oportunidad que sentía una sensación de angustia en todo su cuerpo que la invadía permanentemente cada vez que la recordaba, lo cual ocurría a cada momento, en especial cuando se enteró de que algo trágico le había sucedido. Su marido, Constantino Hurtig, fue el primero en darle algún indicio, pero sin hablarle de muerte todavía: “Justo regresábamos juntos de Punta del Este. Llegamos a casa y me fui a cambiar. Pasaron unos minutos, se acercó y me sugirió que teníamos que ir a la casa de María Marta. Me sonó extraño porque recién volvíamos de viaje. ‘Nos necesita’, agregó. Y salimos para Carmel. En el camino me fue preparando. Te juro que no sospechaba absolutamente nada. Creí que era por cualquier tema, ni siquiera pensé mucho, total siempre tenía ganas de verla. Era un placer charlar con ella”, explicaba con detalles. Luz María no preguntó nada durante el viaje. Cuando entró a la vivienda y la vio tendida sobre la cama matrimonial pensó que estaba dormida: “Me negué a aceptarlo. Les decía a todos: ‘ya se va a despertar’. Lo recuerdo y me hace mucho daño. ¿Te puede pasar algo peor a perder un hijo? Lo comparo con perder un nieto, como me pasó hace muchos años con el hijo de María Laura que murió de cáncer a los siete años. Ahí pensé que no iba a poder seguir, pero acá estoy... Cuando pasó el tiempo y supe que no había sido un accidente sino un asesinato sentí más dolor aún. Ni siquiera te lo imaginás. Me paralizó. No pensé en nada más, tenía la mente en blanco, no podía creerlo. Una parte mía se había ido con mi nietito. Ahora la otra se terminaba de ir con ella, con mi ‘Negrita’. Yo era una luchadora que iba siempre al frente, pero este golpe letal me quitó las pocas fuerzas que me quedaban”. María Marta García Belsunce le tenía terror a Nicolás Pachelo, el hombre al que la Sala V del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires condenó a prisión perpetua por haberla ejecutado con seis disparos La mamá de María Marta, además, rememoró otros momentos duros que ambas enfrentaron juntas: “Sucedió cuando con Carlos supieron que no iban a poder ser padres. Para ella fue difícil superarlo. Hablamos de la posibilidad de adoptar, pero no se decidió. Se repuso a la noticia como pudo, pero el mejor refugio lo encontró acompañando y prestándoles atención a los niños de Missing Children, a los que les dedicaba su vida y su amor. Yo la acompañé en todo sin presionarla porque se trataba de una decisión muy personal. Aparte con Carlos eran muy unidos y comprensivos tanto en las buenas como en las malas. Por eso nunca pude entender cuando hablaban de él como sospechoso, por favor, una infamia total. Me indignó porque es un muy buen hombre que la amaba. Jamás desconfié, mi hija también lo amaba mucho y yo lo quiero. Eran un buen matrimonio, ella lo cuidaba y protegía muchísimo. Cuando lo vi por primera vez después de la muerte de María Marta lo abracé fuerte. Nunca entendí cómo el fiscal Molina Pico sospechó de él. Y cuando lo detuvieron me pareció una injusticia. Yo le dije en la cara que jamás dudé de él. Se emocionó y me lo agradeció”. Por entonces, las sospechas de la familia ya apuntaban al “vecino conflictivo”, como solían identificar a Nicolás Pachelo. Pero ella, respetuosa, no daba nombres, y aunque no acusaba, tenía sus sospechas como todos sus seres queridos que apuntaban al mencionado Pachelo. “Yo me hago de lo que hice, no de lo que no hice, yo del tema María Marta García Belsunce soy totalmente ajeno e inocente”, dijo desde la cárcel en abril de 2024 (Adrián Escandar) Mientras tanto, la mamá de María Marta defendía con energía y sostenía que ponía las manos en el fuego por todos los integrantes de su familia porque era gente buena, de hermosos sentimientos, incapaces ni siquiera de levantar la voz o maltratar a alguien: “Mis hijos son un amor. No sé a quién se le puede ocurrir que los hermanos van a encubrir el crimen. Soy una mujer grande que conozco muy bien a los míos. Y mi marido (Constantino Hurtig) y Guillermo (Bártoli, su yerno, esposo de Irene), dos personas de bien, incapaces de hacer algo así. ¿Cómo se puede pensar semejantes atrocidades de excelentes personas? ¿Te parece que voy a defender a mi yerno si la mató o tiene que ver con el crimen?”. Mientras atesoraba en sus manos una foto con su hija, la seguía recordando: “Perdí la sonrisa, lloro por mi hija, tengo miedo de que no pueda descansar en paz porque no se encuentra la verdad. Era un sol, responsable. Seria, comprometida, buena gente, no puedo soportar su ausencia. Tuvo una infancia muy feliz, para mí está ahí, va a aparecer en algún momento. La recuerdo todo el tiempo. Siento que va a venir de visita. Para mí no está muerta, no puedo aceptarlo, la siento a mi lado. Por eso cuando fui al cementerio no creí que estaba allí. No sé de dónde saco energías para continuar. Hablo con ella, está siempre conmigo. A menudo me faltan fuerzas. Todo lo que estoy viviendo me parece una pesadilla, increíble. Había dedicado su vida siempre a hacer acciones solidarias, era puro amor al prójimo. Lo que estoy pasando no se lo deseo a nadie. Es un cuento eso que repiten acerca de que el tiempo todo lo cura. Cada instante que pasa el dolor va en aumento. Solo espero que algún día se sepa quién fue el culpable y toda la verdad. Daría mi vida para que descubran al asesino. Le pido a Dios que aparezca y al fiscal y a los jueces que algún día lo encuentren y lo condenen”. El ruego de la madre de María Marta fue resuelto por la justicia, pero recién dos décadas y un par de meses más tarde, cuando en 2024 Nicolás Pachelo fue condenado a prisión perpetua por el homicidio. Pero ella ya no estaba para sanar las heridas, había fallecido el 13 de junio de 2013, a los 88 años.

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