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» Elterritorio
Fecha: 05/04/2025 15:55
Cecilia Melgarejo es captadora de talentos de beach vóley, además de entrenadora de la selección argentina. Su trabajo le permite sacar conclusiones de un deporte que está en auge sábado 05 de abril de 2025 | 8:00hs. “En cada Nacional que participa, Misiones está en los podios y genera respeto”, remarcó Cecilia. Foto: Marcelo Rodríguez La determinación de Cecilia Melgarejo (34) la llevó a pavimentar el camino al profesionalismo que hoy hace del vóley playa una de las disciplinas de mayor expansión en Misiones. Siendo ex jugadora de selección argentina, la posadeña decidió capacitarse hasta convertirse en una de las entrenadoras más destacadas del país. Junto a su padre César fundaron en 2016 la ya famosa escuela municipal de vóley de playa en Costa Sur, compuesta por seis canchas profesionales y más de 100 alumnos de toda la región que la utilizan como plataforma de lanzamiento al circuito argentino. Melgarejo pregona el deporte de alto rendimiento como filosofía de vida, permitiéndole ser guía de futuras estrellas misioneras como Marcos González o Antonella Sidoruk. De hecho la propia federación argentina confía en sus métodos, por lo que es una de los tres pilares que sostienen la estructura del semillero nacional. Amante de la disciplina como pocas, Cecilia se presta a una charla con El Territorio para referirse al pasado, presente y futuro. ¿Cómo empezaste con el beach? ¿Fue de casualidad o buscado? En la provincia se hacían algunos circuitos esporádicamente pero de personas que jugaban por diversión, sin entrenamientos previos y de manera recreativa. En ese marco me vieron jugar entrenadores de Encarnación y me invitaron a competir en las playas paraguayas, tenía 23 años. Hasta ese momento practicaba vóley indoor y lo que hacía era traspasar las técnicas de suelo a la playa. Ya en Paraguay descubrí que también se entrenaba el beach, lo que potenció mis ganas de seguir metida por el simple hecho de correr y defender. Así, el entrenador Gustavo Gómez me hizo concentrar con chicas que después representaron a Paraguay en eventos internacionales. Al comienzo me costaba por cansancio o porque la arena me quemaba, pero gracias al apoyo y la banca de Gómez logré asentarme. Algunas semanas después competí en un torneo con mi pareja, Paula Melgarejo, y lo ganamos. Desde ese momento empezó a gustarme. Siempre quise ser protagonista y en el vóley indoor no lo conseguía porque sólo tenés el 15 % de responsabilidad. En el beach es el 50%. Le agarré el gusto porque también entrenaba intensamente y el físico empezó a cambiarme. Me veía bien, bronceada y hasta tenía el protagonismo que siempre quise. Sin dudas era mi lugar. Con mi compañera ganamos varias fechas del circuito profesional paraguayo y argentino. Esto despertó el interés del combinado albirrojo que nos invitó a entrenar en Asunción. Había posibilidades de nacionalizarme y representar a Paraguay gracias a mi mamá, pero una lesión de rodilla obligó a volverme para operarme del menisco. Igualmente me estaban esperando. Justo cuando tocaba retornar en el 2016 llegó el llamado de la selección argentina para competir en un Sudamericano en Santa Cruz de la Sierra -Bolivia- debido a la baja de una dupla. Tenía dudas de jugar con la selección paraguaya o empezar a escribir un camino con Argentina. Obviamente la celeste y blanca pesó más y me fui al Sudamericano. Lastimosamente los entrenadores no querían una proyección, por lo que me di cuenta tarde que no iba a progresar a corto plazo. Igualmente intenté forjar mi camino yendo a nacionales y buscando mi dupla, pero geográficamente estamos muy lejos de las competencias. Misiones está en la cola de todo y tenía que irme a Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, además los gastos eran altos para mi economía. Esto hizo que no pueda cubrir muchos torneos que me daban ranking y experiencia, por lo que siempre me tocaban los partidos difíciles. Además, el traslado de 12 a 15 horas y competir al día siguiente no era lo mismo que para las chicas que ya estaban ahí. Se puede decir que la ubicación geográfica jugó un papel determinante en mi ambición de llegar al seleccionado. Los sponsors tampoco eran suficientes; se entendía, porque el beach era un deporte semiprofesional. Te costó como jugadora, pero tu momento llegó como entrenadora. ¿Cómo fue? En 2016 también organizó la escuela de playa en Costa Sur destinada a la formación de chicos y chicas. Gracias a este paso hice un curso internacional que me avala como entrenadora por título, por lo que crecí a la par de ellos. Finalmente en 2023 me llegó la convocatoria para integrar el cuerpo técnico del seleccionado argentino juvenil (Feva). Hoy participo en concentraciones en el Cenard, hago captaciones de talentos y estoy entrenando a jugadores y jugadoras con proyección olímpica. Sin ir más lejos, del 21 al 25 de abril me voy a Buenos Aires para citar a los proyectos que serán parte de los juegos Olímpicos de la Juventud. Tenemos el clasificatorio en noviembre, por lo que también el 26 vamos a hacer una convocatoria masiva en Caba para captar talentos. Lo que no pude lograr como jugadora lo intenté y lo logré como entrenadora. Estuve con los mejores juveniles del país y pude transmitirle mis conocimientos. Somos tres los participantes de staff juvenil junto, me acompañan Tamara Prada (Santa Fe) y Fernando Siri (Caba). Al mismo tiempo se están sumando más profesionales al equipo como psicólogos y entrenadores. Queremos que el beach siga creciendo en el país y para ello ya estamos buscando parámetros de atletas altos. Antes se permitían de menos estatura, pero ahora los chicos tienen que pasar el 1,90 y las chicas el 1,75. ¿Te quedó la espina de decirle que no a la selección paraguaya? Si. Las compañeras con las que estuve entrenando en Asunción en esa época fueron a los Juegos Olímpicos de París 2024 -Giuliana Poletti y Michelle Valiente-. Eso me hizo pensar en el qué hubiera pasado si seguía con ellas. No tenía nada asegurado porque mis compañeras eran monstruosas jugando, pero la incertidumbre está. Hoy por hoy ser entrenadora de la selección argentina es un orgullo enorme, sobre todo poder ver a nuestros chicos llegar a la Selección como los casos de Marcos González -20- y Antonella Sidoruk -17 años y de 1,83. Estos dos últimos salieron de la escuela municipal ¿Cuántos chicos/as entrenan en Costa Sur? En el verano son 100 chicos en seis canchas y tres profesores. En invierno son 50 los que compiten y quieren formarse; las categorias son de sub 14 a sub 21. También hay una escuela amateur-recreativa de la que está a carga mi papá. A medida que esos chicos de 10-11 años progresan, automáticamente pasan a mi cargo y al de Daniela Rodríguez. Hay canchas oficiales y también espacio para armar un estadio en el caso de organizar competencias grandes. En julio tenemos la tercera edición del torneo internacional de menores con duplas de Paraguay, Uruguay, Chile y Brasil. ¿Con qué realidad te encontraste en los inicios del beach? En Misiones no había lugar para entrenar. Era un deporte recreativo que se utilizaba como hobby en verano. En abril de 2016 comenzamos con la escuela y los chicos no sabían de qué se trataba. Hoy todos la conocen, hay un crecimiento palpable por lo que tenemos competencias y potenciales jugadores de selección. Tenemos buen clima, una genética destacada y la dicha de tener una entrenadora de selección juvenil que puede captar. De hecho ahora estamos en ese proceso. ¿Por qué el vóley indoor no creció a la par del playero? Misiones no tiene tan desarrollado el vóley indoor como las provincias centrales del país. Esto hace que el beach sea una alternativa muy buena y económica. En otros lugares a los buenos del indoor se los llevan a los clubes para formar parte de un equipo en una liga competitiva. Acá, en esta provincia, todo está en desarrollo. Me tocó ir a observar un torneo indoor sub 13 en Buenos Aires y sólo en esa categoría había cuatro niveles, cerca de 200 equipos. Acá en Misiones si se organiza un sub 14 apenas logramos juntar seis equipos. Este subdesarrollo permite que crezca el beach. Mientras que en las provincias referentes se lo apaga porque el indoor está arriba, acá se le da un buen lugar. Es una especie de equilibrio. ¿Hay circuito misionero de beach? Se hace en Posadas, Oberá, San Ignacio y queremos sumar sedes como Puerto Rico, Eldorado y Montecarlo. Pero es particularmente en la capital en donde se ve el crecimiento con canchas en El Brete y el Finito, por ejemplo. Es por eso que también estoy trabajando para brindar clínicas de instrucción a entrenadores y jugadores. Recordemos que es un deporte olímpico y las oportunidades son muchas porque en Argentina no hay tantos practicantes de beach. ¿Es importante la parte mental? Este deporte te prepara físicamente para que tengas menos lesiones y, sobre todas las cosas, te prepara mentalmente. Uno tiene que aprender a gestionar emociones porque no hay suplentes en la banca, es decir que tenes que resolver los problemas para no irte de cabeza al hueco. Te madura. De hecho no pensaba de la misma manera cuando jugaba en vóley de salón. Aprendí a concentrarme, a enfocarme, a gestionar las emociones. Si dentro de la cancha hay desconfianza en uno mismo voy a perder. El temple tiene que ser impresionante, y que los chicos de 13-14 años empiezan a dominar esta faceta puede ser fundamental para sus vidas escolares y sociales. ¿Hoy cuál es la realidad del beach en Misiones? Hoy es una de las provincias consideradas como potencia en la cual se generan jugadores de selección. En cada Nacional que participa, Misiones está en los podios y genera respeto. Hace unos años éramos pocos valorados por lo que me enorgullece lo que hicimos. ¿Qué falta para seguir creciendo? Hay apoyo nacional. Hoy tengo una beca de la Feva para hacer el trabajo de captación e ir a las concentraciones. Además el Cepard (Centro Provincial de Alto Rendimiento Deportivo) nos apoya con profesionales como psicólogos, nutricionistas, médicos y kinesiólogos. La contención está. También se piden pasajes para traslados a concentraciones en caso de representar a la Argentina o concentrar en el Cenard. En la Feva hay más atención en el indoor por tener más afiliados que lo practican, es más masivo. Quizás en ese sentido se pueda afinar detalles. ¿Hay proyectos consolidados? Marcos González (20), Antonella Sidoruk (17) y Bautista Lescano (14) son los chicos que tienen proyección. En ellos hay capacidades y parámetros físicos, además de perseverancia y exigencia de por medio. Antonella viene de una familia ucraniana. La descendencia europea es clave para la captación en Misiones. Sin ir más lejos, para competir en Europa hay que medir no menos de 1.80 metros. Si bien les va a costar dominar sus cuerpos porque son largos, con el tiempo son los que van a poder lograr más cosas de los que no llegan a la estatura. ¿Es importante la estatura en el beach? Al ser más largo se necesita menos recorrido para llegar a una pelota y hasta te podes tirar antes en la búsqueda de la misma. En el beach se defiende con el largo del cuerpo en una cancha de ocho por ocho. Lo contrario pasa con una persona de menor estatura que puede tener calidad de golpes pero necesita más exigencia para alcanzar esas pelotas. Si te arman medianamente bien le podes pegar igual teniendo una buena estatura. Si sos más bajito el armado tiene que ser perfecto, y eso no sucede en el beach porque si bien existe la recepción, la defensa va a venir difícil. Es decir que el contraataque termina siendo el problema. Tuve campeones nacionales que quisieron ser de selección pero no lo lograron por la estatura. A partir de los 18 años uno se da cuenta si puede llegar o no. En caso de no lograrlo, esa persona se va apagando competitivamente, deja de entrenar intensamente y sigue vinculado pero de manera recreativa a los torneos. Nuestras canchas están disponibles para ellos/as pero hoy nuestro fuerte es el semillero. Igualmente esto es una escuela que te va forjando para la vida en cuanto a tus capacidades, limitaciones y mentalidad. ¿Ves a Misiones como plaza fuerte a nivel nacional? Sí. De hecho ya tuvimos reuniones para traer un circuito nacional por primera vez y la fecha estimada sería durante el verano de 2026. El boom que representaría esto para la provincia es único. Poder ver a los mejores jugadores del país no tiene precio, pero para lograrlo hay costos elevados por lo que seguimos hablando con las personas correspondientes. Además, tenemos todo el año casi cubierto con el circuito misionero incluido. La segunda etapa, por ejemplo, se organizará en Oberá. Tus palabras denotan vocación ¿Qué te moviliza? Me encanta el alto rendimiento. Desde chica admiré a los medallistas olímpicos, lloré con ellos sin conocerlos pensando en el esfuerzo que hicieron. Si uno se propone lo logra y eso trato de inculcarle a mis alumnos. Quise ser de selección pero no lo logré porque en mis tiempos el camino no estaba trazado como ahora. Hoy sé que tienen las herramientas para lograr lo que se propongan. También es importante sacar a los chicos del alcohol, de las drogas y de las fiestas. Con el correr de los meses ellos adquieren autocontrol. Puedo decir que todos los que salieron de nuestra escuela no volvieron a los vicios. El secreto es trabajar en el alto rendimiento pero también en lo social. Siempre quise ser entrenadora y jugadora, pero mi vocación viene de la mano con la autoexigencia, la excelencia. ¿Un chico o chica que se inicia en Misiones tiene posibilidades de llegar a los Olímpicos? ¿Cómo es ese camino? Sí, tiene chances. Lo que tiene que acompañar a ese atleta son parámetros muy buenos porque llegar a la selección juvenil no es complicado, pero para llegar a la mayor si lo es. Son pocos -dos duplas de varones y dos de mujeres- los que representan a la Argentina. Para acceder a esos puestos tenes que ser mucho mejor que los que están. Hoy las duplas titulares superan los 1.95 metros en varones, por ejemplo. Pero, además, tiene que producirse un cambio generacional y a veces la espera es importante. Hoy Marcos González está en etapa de aprendizaje y lo veo como muy potable para ingresar a la mayor en los Juegos Olímpicos posteriores a Los Ángeles. La edad para practicar beach de alta competencia es hasta los 40 años, aproximadamente…hasta hubo medallistas de oro con esa edad. Es un deporte que no consume impacto por lo que es de larga vida. Igualmente el cambio generacional de Argentina se da después de los 33 años. ¿Qué se necesita para llegar a lo más alto? Muchas cosas. No es lo mismo un deportista que solo quiere divertirse que otro que quiere mejorar y progresar. Es complicado porque tenés que cumplir con todos los frentes, como el ciclo escolar, y físicamente hay que estar bien. Son tres veces a la semana de entrenamiento y una buena alimentación basada en lo que te diga el nutricionista. El psicólogo deportivo es otro que juega un papel clave, sin él el deportista se puede quedar en el camino…la mente es muy poderosa y hay que aprender a manejar la frustración. El camino del alto rendimiento es sumamente complicado. De hecho sólo el tres por ciento de la población mundial lo transita. Si bien captamos jugadores, hay que tener el ojo para detectar ese tres por ciento que puede tener futuro de selección. Y una vez captado hay que exigir pero con responsabilidad. Es difícil. No es una vida tranquila para la entrenador/ra, por eso también acudo a una psicóloga. Si miras el tiempo atrás ¿Te arrepentís de algo? ¿En qué etapa estás? Creo que tengo más visión, soy mejor entrenadora y persona. Antes cambiaría muchas cosas en cuanto a la pedagogía que aplicaba, pero es algo que aprendes sobre la marcha. A la primera camada que sacamos, por ejemplo, le costaba atacar porque le enseñábamos más a hacer fintas…es todo lo contrario, primero hay que atacar. También buscaría capacitarme más como jugadora, sobre todo en temas psicológicos porque es ahí donde arranca todo. Si estás mal de cabeza, sos esa persona en la cancha. Una persona que está mal consigo mismo no puede ser un buen jugador, en algún lado va a explotar.
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