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» Diario Cordoba
Fecha: 05/04/2025 12:04
El lunes anunció el presidente del Gobierno que, en las siguientes horas, su laureado Consejo de Ministros impulsaría unos trámites de urgencia para endurecer los criterios que deberán cumplir los organismos privados que persigan constituirse como universidades. Sería una iniciativa elogiable, si no provocase que se revuelvan las entrañas de cualquier ciudadano que conozca mínimamente la universidad pública española. Llama la atención que esta propuesta surja del fuero interno de quien estudiara en un centro universitario privado y se doctorase en otro similar con una tesis que, según parece, no escribió. Es más, muchos de sus ministros se instruyeron en instituciones privadas, que el jefe considera ahora chiringuitos. Y lo son. Pero son iguales los palos de la choza que sostiene la cubierta de las universidades públicas de España. Estas dependen del Ministerio de Universidades, que se parapeta en una agencia de calidad, capitaneada por quienes, a su vez, acceden al despacho mediante el proceso de libre designación. Precisamente, un nombramiento así permitió a la mujer del presidente dirigir una cátedra universitaria en la que ella ni siquiera podría matricularse. Y esto sucedió en una universidad pública, que se inserta en un endogámico sistema, lamentablemente asentado desde hace casi medio siglo. El Ministerio que en estos momentos opera a otros a contrarreloj requeriría él mismo una cirugía de una envergadura incalculable. Sin embargo, sabemos que su enfermedad dista mucho de tener cura, pues la eliminación de la podredumbre de las facultades de la universidad pública de España eliminaría el rendimiento obtenido por todos los que contribuyen a que siga girando una infecta rueda. *Lingüista
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