06/04/2025 01:44
06/04/2025 01:43
06/04/2025 01:42
06/04/2025 01:41
06/04/2025 01:41
06/04/2025 01:40
06/04/2025 01:39
06/04/2025 01:38
06/04/2025 01:37
06/04/2025 01:36
Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 05/04/2025 11:28
Solemos ser muy rápidos para juzgar a otros, y a la vez lentos para reconocer los propios errores. Para los demás no encontramos (porque no buscamos) situaciones que ayuden a comprender faltas o equivocaciones; en cambio cuando se trata de uno mismo enseguida exponemos justificaciones y razones para las actitudes más cuestionables o deplorables. Siempre estamos a un paso entre la condena lapidaria o la mano del perdón. De las piedras que hieren a la mano de la ternura. Hoy se nos proclama una Buena Noticia, tanto para quienes se sienten en condiciones de condenar a otros como para quienes reconocen sus miserias. Todos estamos llamados a la conversión, personal y comunitaria. Así nos enseña Jesús en el Evangelio que se lee en las misas de este domingo (San Juan 8, 1-11), que nos relata el episodio en que escribas y fariseos traen delante de Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Solicitan una decisión del Maestro que permita condenarla y apedrearla en ese mismo momento hasta morir. Imaginemos la escena, las ropas a medio vestir, los gritos, la polvareda, los gestos y miradas acusadores… La mujer sorprendida en adulterio, la ley, los acusadores, el tumulto… Piden castigos ejemplares. Ella calla, ¿qué puede decir?, si a nadie le interesa escucharla. Jesús permanece en paz y no se suma a los gritos ni críticas. La respuesta sorprendente: “el que esté libre de pecado… la primera piedra”. Una mirada es suficiente. “En adelante no peques más…”. Donde todos veían miseria, pecado, muerte, Jesús le revela a la mujer su vocación a la Santidad. Ella tenía la vida rota. Rota por escuchar amores de mentira. Rota porque buscan comprar su cuerpo, su piel, sin acoger su vida y sentimientos. Rota por tener que dar de comer a sus hijos. Rota y casi muerta de miedo por estar a punto de morir herida por las piedras. Ante esta escena nos preguntamos, “¿Por qué confía en mí? ¿Por qué siempre una vez más?”. Porque Él sabe que podemos. Sabe lo que está en lo profundo del corazón, aunque los demás vean solo oscuridad. En este tiempo de cuaresma todos recibimos el llamado a reconocernos pecadores. En el inicio de este camino cuaresmal las cenizas fueron impuestas sobre todos; no se excluyeron de la fila catequistas, obispos, sacerdotes… La actitud de Jesús lleva a no levantar el dedo desde posturas puritanas o dualistas. Todos estamos en camino. La mirada rígida e inclemente es muy distinta de la que se hace cargo, y recibe a la persona como viene. El Papa Francisco nos enseña que “hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día”. Por eso es importante reconocer que “un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades” (EG 44). He conocido jóvenes y adultos en recuperación de adicciones que hacen grandes esfuerzos por celebrar la fe sin entender casi nada, y en cambio quienes conocen intelectualmente lo que pasa en la Misa, se desentienden y no participan. Debemos acercarnos con delicadeza y valorar el fervor de los supuestamente alejados, en contraste con la tibieza de los aparentemente cercanos. La delicada caridad en unos y la vergonzosa indiferencia en otros. En cambio, Jesús se queda porque hay futuro, hay misericordia, hay amor. Y siempre el amor abre caminos muchas veces impensados. El último domingo de la Cuaresma nos llama a convertirnos. Decidite, si todavía no lo hiciste, y acercate a la confesión. Eso de verdad le alegra al Padre. Dejemos que Jesús nos mire y nos descubra en lo que somos capaces de realizar.
Ver noticia original