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  • Misionar y contener en el presente: los pilares con que la Iglesia Evangélica disputa el terreno a la Católica

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 05/04/2025 01:42

    No es una novedad que en las últimas décadas los cultos evangélicos crecieron significativamente en la región, tanto en países limítrofes como en Argentina. Según la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, realizada por el CONICET en 2019, la proporción de argentinos que se identifican como católicos disminuyó del 76,5% en 2008 al 62,9% en 2019. Este descenso de 13,6 puntos porcentuales indica una pérdida significativa de fieles en ese período. Durante el mismo lapso, la cantidad de personas sin afiliación religiosa aumentó del 11,3% al 18,9%, y los evangélicos crecieron del 9% al 15,3%. Es importante destacar que, desde 1960, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dejó de incluir preguntas sobre filiación religiosa en sus censos nacionales. Por lo tanto, la encuesta del CONICET se considera una de las principales referencias para comprender la evolución de las creencias religiosas en Argentina, y la última que se realizó fue hace 6 años atrás. Entre Ríos y Gualeguaychú no escapan al crecimiento de la Fe Evangélica. En nuestra ciudad, una treintena de templos y comunidades pertenecientes a esta rama del protestantismo –en sus diversas variantes– actualmente tienen una marcada presencia, sobre todo en barrios populares. Para interpretar este fenómeno y analizar las posibles causas que lo explican, Ahora ElDía conversó con Julio Chanda, presidente del Consejo de Pastores de Gualeguaychú –entidad que nuclea a las distintas denominaciones evangélicas locales–, y con el Obispo de la Diócesis de Gualeguaychú, Monseñor Héctor Luis Zordán. Los referentes de ambos credos reconocieron que las iglesias evangélicas demuestran un evidente compromiso con la esencia misionera del cristianismo, y que logran hacer llegar el mensaje de Jesús en forma pragmática, interpelando a las personas en su vida cotidiana y en las dificultades que afrontan. Se trata de un aspecto en que la Iglesia Católica, que históricamente mantuvo un lugar preponderante en la sociedad argentina, ha perdido capacidad de convocatoria. “Este fenómeno que se ha dado en las últimas décadas expresa, por un lado, un sentido religioso que todos tenemos en nuestra naturaleza: la apertura a Dios, a lo absoluto, a algo o alguien que está más allá. Me parece que responde a esa necesidad grabada de manera fuerte en el corazón humano. Y también responde a un retraimiento de la Iglesia Católica: quizás nosotros nos dormimos, porque hace 40 o 50 años la mayoría éramos católicos y eso hizo que se debilite nuestro sentido misionero. Y quizá intentamos sostener lo que teníamos y lo que teníamos era cada vez más chico y llegamos a menos personas”, señaló Zordán. Y agregó: “Me parece que el retraimiento de la Iglesia Católica produjo un crecimiento de las iglesias evangélicas, y no al revés, que su crecimiento haya retraído al catolicismo. Creo que los católicos hemos perdido sentido misionero; audacia para salir al encuentro de las personas y anunciar el Evangelio; y mayor presencia, en la calle y entre las familias. Me parece que esa ausencia produce un crecimiento del evangelicalismo”. El Obispo de Gualeguaychú, Monseñor Héctor Luis Zordán. Foto: Mauricio Ríos El Obispo de Gualeguaychú apuntó que “si bien es cierto que estamos presentes en las problemáticas y en los dolores más profundos de la sociedad, como las adicciones, la pobreza y la enfermedad, creo que ellos lo hacen con un anuncio más claro del Evangelio, un anuncio de Jesús, una invitación a seguirlo”. “Es un sentido misionero más claro. Y quizá a nosotros a veces se nos desdibuja ese anuncio en la atención de estas otras situaciones, que tienen que estar y son necesarias porque también son parte del Evangelio. Jesús dijo: ‘Tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber’. Hubiera dicho tranquilamente ‘fui adicto y ustedes me acogieron, me acompañaron, intentaron rescatarme’, ¿no? Pero me parece que también hay que hacer más referencia a que lo hacemos por Jesús, y a que vale la pena seguirlo haciéndose creyente, haciéndose cristiano. No sé si el crecimiento del evangelicalismo nos ha movilizado lo suficiente, quizás como queja, pero no como movilización. Y me parece que esto nos trae el desafío de ser más misioneros y estar más presentes en el anuncio de Jesús”, expresó. En esa línea, Zordán ya ha manifestado que “creo que la Iglesia Católica es la que más sale al cruce de la necesidad de las personas a través de Cáritas, que tiene una capacidad de llegar a todos los barrios. Está en cada capilla y parroquia. Creo que el gran valor de los evangélicos es ofrecer a la comunidad una contención, un consuelo y cercanía en el momento de crisis, ya sea por un fallecimiento, por una enfermedad o por lo que sea. Eso es algo que los católicos tendríamos que aprender un poco más. Intentamos hacerlo, pero no sé si lo hacemos de manera suficiente. Y otra cosa que me parece es que los evangélicos tienen como valor esto de ser muy misioneros: no tienen problemas en salir a buscar a la gente y a ofrecerle la Fe. De lo que ellos ofrecen tenemos que aprender también”. Y añadido: “Dentro de los evangélicos hay algunos que son más tradicionales, como los Luteranos, que son comunidades muy antiguas, y otros más emergentes, que son los más audaces en salir a buscar a las personas para ofrecerles la Fe. En una época, más del 90% era católico, y eso nos hizo dormir en los laureles y no ser misioneros, no tener esa audacia para ir a proponer la Fe como algo que ayuda para vivir, que planifica, que da felicidad, que ofrece un sentido para la vida, no sólo como adhesión a una religión”. Por su parte, Chanda explicó que “la Fe evangélica no es una transmisión teórica de lo que significa el Evangelio, sino más bien práctica, en todo sentido. En primer lugar, del amor. En segundo lugar, del mensaje como tal, que es un mensaje directamente de Dios, no nuestro. Y es un mensaje cuyo principio fundamental es que la fe se activa por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Entonces, cuando vos transmitís el mensaje de la palabra de Dios, demostrás que lo estás practicando, y eso tiene un efecto sobre la vida de la otra persona que lo escucha y que sin darse cuenta lo estaba necesitando. Eso es lo que llamamos el testimonio de vida. Cualquiera puede transmitir el mensaje del Evangelio”, precisó. Y señaló: “La base del concepto de Lutero fue que volvamos a la palabra, a predicar la Fe desde la Biblia, y no desde una estructura eclesiástica. Como evangélico, toda mi Fe y mi práctica deben estar dentro de la Biblia y nada fuera de ella, porque no queremos desviarnos y convertirnos en una secta. Nuestra única regla de Fe y práctica es la Biblia, no hay un manual ni dogmas paralelos”. Luego, el Pastor de la Iglesia Evangélica Bautista "Hay Vida en Jesús" contó que, además de la prédica, las iglesias de este credo se vuelven espacios de ayuda. “La persona que viene se queda porque lo que encuentra no lo encuentra en ningún otro espacio social, se contiene de manera integral a las personas”, dijo, y mencionó los espacios en los que acompañan a quienes han sido víctimas de abusos. Por otro lado, agregó que no sólo buscan abordar las problemáticas sociales desde lo espiritual, sino también desde lo práctico: por ejemplo, ante el flagelo del desempleo y la pobreza, han implementado cursos de oficios, una bolsa de trabajo u obras de asistencia con sus propios recursos. Julio Chanda, presidente del Consejo de Pastores de Gualeguaychú. Las diferencias entre el credo católico, luterano y evangélico Dentro del amplio espectro del cristianismo, las iglesias católicas, luteranas y evangélicas representan tres tradiciones con raíces comunes pero desarrollos históricos, doctrinales y litúrgicos muy distintos. La Iglesia Católica se considera la heredera directa de la comunidad fundada por Jesucristo, con una continuidad institucional que se remonta al siglo I. Reconoce al Papa como sucesor del apóstol Pedro y máxima autoridad espiritual. Su doctrina se basa en la Biblia y la Tradición, entendida como el conjunto de enseñanzas transmitidas por la Iglesia a lo largo de los siglos. La vida sacramental es central, con siete sacramentos reconocidos, entre ellos la eucaristía, en la cual se afirma que el pan y el vino se convierten verdaderamente en el cuerpo y la sangre de Cristo. La figura de María y la intercesión de los santos también ocupan un lugar relevante. La liturgia católica es solemne, estructurada y está regida por una jerarquía muy definida que abarca desde el Papa hasta los laicos. En contraste, la Iglesia Luterana surgió en el siglo XVI como resultado de la Reforma Protestante encabezada por Martín Lutero, quien cuestionó varios aspectos de la Iglesia Católica, especialmente la venta de indulgencias. Su teología se fundamenta en tres principios clave: sola Scriptura (solo la Biblia), sola Fide (solo la fe) y sola Gratia (solo la gracia). Los luteranos reconocen solo dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía, aunque interpretan esta última de forma distinta al catolicismo, afirmando una presencia real de Cristo sin recurrir al concepto de transubstanciación. Aunque mantiene cierta estructura jerárquica y una liturgia que conserva elementos católicos, la Iglesia Luterana rechaza la autoridad papal y no practica la veneración de santos. Martín Lutero, líder de la Reforma Protestante. Por otro lado, las iglesias evangélicas —nombre que abarca a una diversidad de comunidades protestantes surgidas entre los siglos XVI y XX, como bautistas, pentecostales, metodistas y otras— comparten con los luteranos los principios de sola Scriptura, sola Fide y sola Gratia, pero tienden a tener una organización mucho más descentralizada y flexible. La experiencia de conversión personal, el “nuevo nacimiento” y la relación directa con Jesús son pilares fundamentales de su vivencia de fe. Rechazan el papado, la tradición como fuente doctrinal y la veneración de figuras como María o los santos. Su culto es generalmente informal, dinámico y centrado en la predicación, la alabanza musical y la oración. En cuanto a las ordenanzas, reconocen el bautismo (habitualmente por inmersión) y la santa cena, aunque con un carácter simbólico. Pese a las diferencias, estas tres corrientes cristianas comparten elementos esenciales como la fe en Jesucristo, la centralidad de la Biblia y la práctica comunitaria, aunque cada una lo expresa desde marcos históricos y teológicos propios.

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