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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 03/04/2025 02:58
Las hermanas en un momento de felicidad antes del crimen (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) Una fiesta en medio del parque cuando todavía había restricciones por el coronavirus. Era el 7 de junio del 2020. Sobre el césped, para aprovechar el verano de Londres, había mantas, bocadillos y lamparitas que colgaban de los arbustos para decorar el salón improvisado. En medio de la pandemia, sin bares ni discotecas abiertos, Bibaa Henry, trabajadora social de 46 años, organizó una celebración íntima en Fryent Country Park, al noroeste de Londres. Su hermana menor, Nicole Smallman, fotógrafa y artista de 27 años, la acompañaba. Durante horas cantaron, brindaron y bailaron con un pequeño grupo de amigos. Las últimas fotos, tomadas con el celular de Nicole, muestran una secuencia de imágenes que iban a quedar el recuerdo para siempre. No era común hasta ese momento los festejos en los parques. A las 01:13 de la madrugada, se apagó la última vela. Las dos hermanas levantaban lo que quedaba del picnic. Minutos después, empezaba el horror. Un joven emergió de entre los árboles, cuchillo en mano. No dijo ni una sola palabra. Apuñaló a Bibaa ocho veces. Luego se lanzó sobre Nicole, que intentó huir. La alcanzó, la derribó y la atacó con una violencia descontrolada: veintiocho puñaladas. Después, arrastró ambos cuerpos hasta un claro oculto por la maleza. Los acomodó uno sobre otro, como si fueran objetos. Luego desapareció. Pasaron casi 36 horas hasta que los cuerpos fueron hallados por el novio de Nicole. La policía, que había recibido llamados desesperados de la familia, no los había buscado. “Esperen, seguro las chicas siguieron la fiesta en otro lado”, les decía un oficial de mala gana mientras volvía a llenar su taza de café hirviendo. Para ese entonces, Danyal Hussein —el joven asesino— ya estaba en su casa, lavando la sangre de su ropa y comprando más billetes de lotería. Danyal Hussein fue detenido en la casa en la que vivía junto a su madre (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) El pacto de sangre con un demonio Pese a todos sus intentos, la policía investigó y dio con la casa de Hussein como sospechoso del doble crimen. Las miles de cámaras de seguridad instaladas en las calles de Londres fueron clave. Cuando los oficiales ingresaron al domicilio del asesino, halló una escena salida de una pesadilla. En el fondo de un cajón, había una hoja escrita a mano en tinta negra. El título, centrado en mayúsculas, decía: “Contrato con Lucifuge Rofocale”. El texto ofrecía un trato: matar seis mujeres cada seis meses a cambio de ganar la lotería y obtener poder. Estaba firmado con sangre. La figura mencionada en el documento —Lucifuge Rofocale— es un nombre oscuro en grimorios medievales, vinculado a pactos de magia negra. Hussein había copiado fragmentos de textos ocultistas desde sitios web de magia, y confeccionado su propio ritual. Creía, según la investigación posterior de la fiscalía, que si cumplía con los sacrificios prometidos, sería recompensado con riquezas ilimitadas. La fantasía era tan absurda como peligrosa. El joven había redactado el contrato y las dos hermanas fueron las primeras víctimas que lo acercarían a ganar la lotería. Durante el juicio, se supo que Hussein había adquirido por internet dos cuchillos grandes de combate. También compró una mochila negra, guantes y cinta adhesiva. Todo indicaba planificación deliberada. La noche del crimen, caminó más de seis kilómetros hasta el parque. Sabía que habría mujeres reunidas. Las eligió al azar. Algunos de los textos satánicos hallados en la casa de Danyal Hussein (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) Los antecedentes del asesino Danyal Hussein tenía 18 años. Era delgado, retraído, con mirada vacía y silencios inquietantes. No confesó ante los oficiales, pese a que las evidencias lo daban como culpable. Estudiaba en una escuela secundaria pública y vivía con su madre. En apariencia, no tenía antecedentes penales ni vínculos con bandas. Pero su nombre ya había sido registrado por los servicios de seguridad del Reino Unido. Años antes, en 2017, Hussein fue remitido al programa gubernamental Prevent, destinado a jóvenes en riesgo de radicalización. Había mostrado interés por contenido extremista violento y teorías conspirativas. Un psicólogo lo evaluó y determinó que no representaba una amenaza seria. No hubo seguimiento. En el juicio, este hecho fue presentado como una falla crítica del sistema. El joven que tiempo atrás había sido considerado “no peligroso” terminó cometiendo un doble asesinato ritual. En su computadora personal, los investigadores encontraron archivos descargados con textos satánicos, instrucciones para rituales con sangre y foros sobre pactos demoníacos. También había búsquedas relacionadas a “cómo ocultar cuerpos” y “cómo ganar la lotería con magia negra”. La última selfie de las hermanas antes de morir asesinadas a puñaladas (Police/Handout vía REUTERS) ADN, cámaras y sangre: el camino hacia la captura El crimen, aunque brutal, dejó decenas de rastros. Hussein se había cortado durante el ataque. Así, dejó gotas de sangre en la escena. El análisis forense arrojó un perfil masculino que no coincidía con ningún registro policial previo. Pero unos días después, un segundo análisis genético permitió identificarlo: su ADN estaba archivado en una base secundaria por su vinculación anterior con Prevent. Las cámaras de seguridad fueron aún más reveladoras. Grabaciones lo mostraban esa madrugada por las inmediaciones del parque. Otra secuencia lo captó comprando cuchillos en una tienda local días antes del crimen. En otra, se lo ve saliendo de un supermercado con vendas, justo después del ataque. También había imágenes de él mientras completaba formularios de lotería en una estación de servicio. Durante el interrogatorio, Hussein se negó a cooperar. No confesó. No mostró emociones. No explicó su conducta. Los fiscales describieron su silencio como un “muro de frialdad”. La evidencia, sin embargo, hablaba por sí sola. Danyal Hussein en el momento de llegar detenido a la comisaría de Londres (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) Horror, pactos y justicia El proceso judicial comenzó en junio de 2021, un año después del doble crimen, en el Tribunal Penal Central de Old Bailey, uno de los más antiguos de Londres. El fiscal Oliver Glasgow leyó el contrato demoníaco en voz alta ante el jurado. El documento, junto con el ADN, las grabaciones y los objetos incautados en su habitación, constituyó el eje de la acusación. Hussein fue declarado culpable de asesinato premeditado y posesión de arma blanca. En octubre de 2021, el juez Mark Lucraft lo condenó a cadena perpetua, con un mínimo de 35 años sin posibilidad de libertad condicional. Durante la audiencia de sentencia, dijo que el crimen había sido “de una brutalidad desmedida” y que el joven había actuado “movido por la creencia delirante de que podía invocar fuerzas demoníacas”. La defensa intentó argumentar que Hussein padecía una condición mental no diagnosticada. Pero los peritajes forenses descartaron enfermedad psiquiátrica. No era inimputable. Comprendía sus actos. Había elegido ejecutarlos. Bibaa Henry festejaba su cumpleaños en un parque de Londres cuando fue asesinada. Tenía 46 años (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) La madre que exigió respuestas La reverenda Mina Smallman, madre de Bibaa y Nicole, se convirtió en una figura central del caso. Fue la primera mujer negra en ocupar un cargo como archidiácona en la Iglesia Anglicana, y tras la muerte de sus hijas, denunció públicamente el racismo institucional en la actuación policial. Sostuvo que las autoridades no tomaron en serio la desaparición de las jóvenes por su origen étnico. “Si nuestras hijas hubieran sido blancas, de clase media, las hubieran buscado al instante - dijo en entrevistas posteriores -. Nos ignoraron. Yo misma tuve que investigar. Fue mi yerno quien encontró los cuerpos”. La policía metropolitana se disculpó formalmente meses después. El escándalo aumentó cuando se reveló que dos oficiales de la fuerza habían sacado selfies junto a los cuerpos de las víctimas y los compartieron en grupos de WhatsApp. Ambos agentes fueron procesados y despedidos. La familia describió la situación como “inhumana y grotesca”. Nicole Smallman fue asesinada junto a su hermana en el parque de Londres (Metropolitan Police/Handout vía REUTERS) ¿Cómo se llega a matar por una fantasía? Durante el juicio, una psicóloga forense expuso un diagnóstico inquietante: Hussein no estaba loco, pero sí vivía en un universo de fantasías extremas, alimentadas por internet y por una profunda necesidad de control. Era un adolescente aislado, que construyó un sistema de creencias delirantes sin que nadie lo interrumpiera. Y encontró, en el ocultismo digital, una validación de sus impulsos. Prevent, el programa que había descartado a Hussein como un riesgo, fue sometido a auditorías. La pregunta resonaba en cada editorial: ¿Cuántos más como él están escribiendo pactos con demonios en la oscuridad de sus habitaciones? Cinco años después de los crímenes, , Danyal Hussein permanece recluido en una prisión de máxima seguridad del Reino Unido. En ese oscuro calabozo cumple su condena a cadena perpetua. No mostró señales de arrepentimiento, ni solicitó revisiones de su sentencia. Las familias de Bibaa Henry y Nicole Smallman continúan exigiendo reformas estructurales en los protocolos policiales y en los programas de detección temprana de extremismo. La reverenda Mina Smallman, la madre de las víctimas canalizó su dolor en campañas públicas contra el racismo institucional y la violencia de género. El parque Fryent, donde ocurrieron los asesinatos, se transformó en un sitio de memoria: cada año, amigos y vecinos se reúnen con velas y flores, en silencio.
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