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  • Las gestiones para cerrar trato con el FMI aceleran el pulso oficial y tiñen toda la política, incluida la Corte

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/04/2025 03:11

    El canciller Gerardo Werthein con Marco Rubio, secretario de Estado. Otra señal desde Washington Combinación imprevista de las agendas del Gobierno y del Congreso, el temario político aparece encabezado en estas horas por el nuevo viaje de Javier Milei a Estados Unidos y la suerte de la sesión del Senado para tratar los pliegos pendientes para la Corte Suprema. Se destacan casi al mismo nivel dos movidas diferentes, pero que el propio oficialismo coloca en condición de pruebas. Las tratativas finales con el FMI aceleran el pulso del Gobierno y cada paso local es entendido como desafío, una necesidad de exponer fortaleza frente a las inquietudes de los mercados. Un foco reducido y a la vez potente. En esa perspectiva, cada escalón que encara Olivos parece restarle efecto al peldaño anterior. La decisión presidencial de viajar este miércoles a Mar-a-Lago, para recibir un premio sin mayor trascendencia, dejó en un plano deslucido al encuentro que unas horas antes había mantenido Gerardo Wertheim con Marco Rubio. La cita entre el canciller y el secretario de Estado se anotó en el camino del alineamiento regional y global -no sólo la cuestión del FMI-, y la información posterior sobre el nuevo viaje e Milei a Estados Unidos volvió a colocar como punto excluyente el desenlace de la negociación con el Fondo. Todo, jugado a la posibilidad de una foto con Donald Trump. La decisión del breve viaje -con partida prevista para esta noche y regreso, el viernes- agregó el acompañamiento de Luis Caputo. La idea de un encuentro informal con Trump fue difundida como objetivo central aunque, claro, no estaría en el nivel de la visita a la Casa Blanca que se viene conversando. En otras palabras, lo que importa ahora sería añadir una señal pública al mundo financiero. En rigor el mensaje de respaldo político y sus reales alcances dentro del FMI se despliegan, desde antes, por canales más reservados y hacen al directorio del organismo. En todo caso, la postal buscada ahora podría jugar como expresión del tramo crucial del acuerdo o, al revés, exponer una puesta en escena exagerada. Se verá. Los pasos concretos y el anticipo de fechas posibles para coronar la larga negociación operan también doblemente frente a ese cuadro especulativo y, de hecho, contaminan buena parte de la política. Después de contactos más o menos reservados -algunos, difundidos como muestra de relaciones aceitadas con el FMI- y de mensajes medidos de la burocracia del organismo, Kristalina Georgieva añadió en el arranque de la semana su frase sobre lo “razonable” de un considerable desembolso inicial, una vez sellado el trato. De ese modo, la cifra total del entendimiento pasó a segundo plano y dejó lugar al número sobre el primer giro. Se puede interpretar como síntoma de los avances en las negociaciones técnicas, pero también como necesidad de responder casi por horas a los humores de los mercados. La traducción de todo lo dicho hasta el momento indicaría que el acuerdo en el nivel técnico debería estar resuelto no más allá de la semana que viene, para que el directorio del FMI pueda coronarlo en la tercera semana de este mes. No se trata solo de una cuestión de fechas. Para entonces, serían públicos datos centrales sobre la política cambiaria y las perspectivas de salida del cepo. En el plano político, cada capítulo destacado asoma con especulaciones sobre la lectura que puede tener en función del acuerdo con el Fondo. Visto de ese modo, y en rigor, el hecho más potente que puede exhibir el Gobierno resulta el aval de Diputados al DNU que respalda la negociación con el FMI. Buena parte de los espacios políticos, con excepción de la oposición dura -y especialmente del kirchnerismo-, acompañaron al oficialismo. Fue, en definitiva, un gesto fuerte frente a lo que parecía a esa altura una prueba de gobernabilidad o, más precisamente, de sostén político como presupuesto observado desde el exterior. Victoria Villarruel, al frente del Senado. Los pliegos para la Corte siguen siendo una prueba política central El oficialismo volvió a entender aquella votación como un hecho en sí mismo, para celebrar y volver de inmediato a la lógica de polarización y elección de un enemigo, en particular CFK. Lo acaba de exponer con el relevamiento oficial de pobreza e indigencia. Y el punto es que no necesariamente funciona para definir el problema pendiente de la Corte, más allá del repetido y a veces exitoso camino de los contactos con jefes provinciales para presionar sobre legisladores. Hasta ahora, los operadores de Olivos no lograron adhesiones y la apuesta es al fracaso de la sesión o -menos- la postergación. El Senado tiene agendado sesionar este jueves después del mediodía para tratar los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla. Los contactos y conversaciones con otros bloques y con jefes provinciales transcurren sobre todo por afuera de la lo que sería la línea natural de negociación, es decir, la presidencia de la Cámara, ocupada por Victoria Villarruel. Ese camino es transitado formalmente desde la Jefatura de Gabinete. En el oficialismo, funciona como algo normal exponer en continuado el quiebre entre Milei y la vicepresidente. La última entrega, este miércoles: los actos por separado en homenaje a los caídos en la Guerra de las Malvinas. Y lo que sigue: las especulaciones sobre adjudicación de culpas o atribución de cierto éxito según el resultado de lo que ocurra en el Senado. El panorama es más que inquietante para el oficialismo. El peronismo/kirchnerismo -a pesar de fisuras visibles y otras que podrían agregarse- tensa la cuerda con un núcleo dispuesto al rechazo si no hay negociación de fondo sobre nombres y cantidad de jueces. La UCR reclama que retiren los pliegos y algunos de sus integrantes están dispuestos al quórum. El PRO preferiría evitar el choque, pero es mayoritaria la negativa en el caso del juez federal. Y los provinciales no pueden ser contados en conjunto. Por lo pronto, la última señal que llegó del círculo presidencial -en especial, de Santiago Caputo- no genera certezas sobre el final de la historia de los pliegos, sino más bien la intención de dilatar el trámite y ganar tiempo. Eso mismo, refuerza a estas horas los trascendidos sobre números en contra de la aprobación de las propuestas del Ejecutivo para la Corte. Y, si logra el fracaso de la sesión -por falta de quórum o un entendimiento mínimo para pedir la postergación- estiraría la incertidumbre, con García-Mansilla en un despacho del tribunal y Lijo sin jurar mientras mantenga su cargo de juez federal. Lo que ocurra en el Senado con un tema sensible como la integración del máximo escalón del Poder Judicial resulta, sin dudas, un dato con lectura externa. El punto es que el oficialismo mide todo en blanco y negro. Y para bien o para mal, lo que termine pasando en el Senado se mezclará con el resultado del viaje presidencial en búsqueda de un nuevo gesto de Trump.

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