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  • Daniel Schteingart: “La pobreza bajó en el primer año de Milei, pero mantener esa tendencia depende de que no haya una devaluación”

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 03/04/2025 03:21

    Según Daniel Schteingart, la recuperación económica es desigual: mientras los bienes durables repuntan, el consumo masivo sigue afectado por la caída de los ingresos reales. En su análisis sobre la situación económica actual, Daniel Schteingart, director de planificación productiva en Fundar y profesor universitario, aseguró que la pobreza en Argentina experimentó una disminución significativa durante el primer año de gestión de Javier Milei. Sin embargo, advirtió que el futuro de esta mejora depende de la sostenibilidad económica, que está directamente condicionada por la estabilidad cambiaria. “La pobreza bajó en el primer año de Milei y que se sostenga esa tendencia depende de que no haya una devaluación”, señaló Schteingart. Este comentario llegó tras la publicación de los datos oficiales del INDEC, que mostraron una caída de la pobreza en el segundo semestre de 2024. Según estimaciones privadas basadas en esa información, unas 6,9 millones de personas salieron de la pobreza y 4,64 millones dejaron de ser indigentes, lo que representó el nivel más bajo de pobreza en términos poblacionales desde el primer semestre de 2022. Si bien el dato fue celebrado por el gobierno, especialistas como Schteingart advirtieron que el fenómeno pudo haber estado amplificado por ciertos sesgos estadísticos y metodológicos que debieron haberse tenido en cuenta. “La baja de la pobreza es un dato positivo, pero hay factores metodológicos que podrían magnificarla”, advierte el economista Daniel Schteingart sobre los recientes índices del INDEC. Schteingart es doctor en Sociología por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín (IDAES-UNSAM), magíster en Sociología Económica por la misma institución, y fue director del Centro de Estudios para la Producción (CEP-XXI) en el Ministerio de Desarrollo Productivo durante la presidencia de Alberto Fernández, entre 2019 y 2023. Especialista en políticas productivas, desarrollo económico comparado, consumo, pobreza y desigualdad, combinó su trabajo académico con la investigación aplicada desde organizaciones como Fundar y plataformas de datos como Argendata. Uno de los principales ejes de su análisis tuvo que ver con la recuperación desigual que experimentó la economía argentina en la segunda mitad de 2024. “El consumo privado se recuperó a un ritmo desigual, con sectores como los bienes durables experimentando una recuperación mucho más rápida que el consumo masivo”, explicó Schteingart, quien atribuyó esta diferencia a la baja de la inflación, el regreso del crédito y a que los bienes durables estuvieron muy sobrevaluados en 2023. A su vez, advirtió que los ingresos reales aún no mejoraron de manera generalizada: “Ya partimos de un momento donde no te alcanzaba la plata y ahora estás más o menos en una situación relativamente parecida. No hubo un gran crecimiento respecto al 2023 cuando se tomó el conjunto de los salarios”. Sobre a las perspectivas a largo plazo, Schteingart distinguió entre dos sectores estratégicos que solían mencionarse como fuentes futuras de divisas: Vaca Muerta y la minería. Mientras el primero ya era una realidad concreta, con impacto positivo en la balanza energética, la minería todavía aparece como una promesa que no terminó de concretarse. “Vaca Muerta fue resultado de una política de Estado que arrancó en 2012 con la estatización de YPF y que fue sostenida por todos los gobiernos. La minería, en cambio, siguió estando muy condicionada por el contexto macroeconómico y las limitaciones para atraer inversiones”, advirtió. Además, alertó sobre un riesgo habitual en el discurso oficialista: “No es que Vaca Muerta le dio al país 100 mil millones de dólares. Estaba aportando algunos miles de millones que, con esta apreciación cambiaria, te los gastaste en turismo en un verano”. Finalmente, Schteingart analizó el lugar que ocupó la industria en el actual modelo económico. Lejos de hacer una lectura unificada, propuso desagregar. “La industria es muy heterogénea. Algunas ramas pudieron sostenerse, como la alimenticia, que exporta mucho y no depende tanto del mercado interno. Otras, como textil, calzado, juguetes o ciertas áreas metalmecánicas, la tuvieron mucho más complicada”, señaló. También hay sectores intermedios, como el automotriz, que podrían resistir más si se adaptaban a los cambios globales, y otros con alto potencial si lograban encadenarse a los sectores de recursos naturales. Pero advirtió: “El desempeño fue muy dispar. Tomada como un todo, la industria tuvo luces amarillas o anaranjadas en este contexto de apertura y atraso cambiario”. A continuación, el diálogo completo con Daniel Schteingart: -¿Cómo analizaste la caída de la pobreza en el primer año de gestión de Javier Milei y qué factores consideraste que incidieron en esa mejora? -DS: La caída de la pobreza en el primer año de Milei fue un dato positivo, pero con ciertos matices que era importante tener en cuenta. Si bien hubo una mejora en la medición de la pobreza, hubo factores que pudieron haber magnificado esta baja. El principal de ellos tuvo que ver con la forma en que se calculó la pobreza a través de la Encuesta Permanente de Hogares. La medición comparó los ingresos de los hogares con el valor de la canasta básica en el mes en que se realizó la encuesta. Sin embargo, cuando hubo altas tasas de inflación, como las que vivimos a fines de 2023 y principios de 2024, el ingreso de los hogares tendió a ser subestimado, lo que generó un desfase temporal entre los ingresos reportados y el valor real de la canasta básica. Este desfase fue clave: cuando hubo inflación acelerada, el ingreso de las personas en el mes previo no reflejó adecuadamente la pérdida de poder adquisitivo del mes siguiente, lo que pudo haber generado un sesgo que bajó artificialmente el índice de pobreza. Es decir, la baja de la pobreza podría haber sido inflada por este desfase metodológico. Este es un sesgo que se activó en momentos de variaciones rápidas de la inflación, y en 2023-2024 tuvimos unos picos de inflación muy altos. La comparación entre los ingresos y la canasta básica pudo haber dado como resultado una disminución de la pobreza que no reflejó completamente la situación real de los hogares. Que se sostenga esa tendencia dependía de que no haya una devaluación que vuelva a disparar la inflación, aunque en la nominalidad actual el traslado a precios de un salto en el tipo de cambio puede ser menor. -Entonces, ¿qué otros factores, además de la inflación, pudieron haber influido en estos números? -DS: Otro factor importante que influyó fue el subreporte de ingresos. En contextos de alta inflación, la gente tendió a no declarar correctamente sus ingresos por inseguridad, confusión o falta de precisión, lo que afectó el cálculo de la pobreza. Si una persona ganaba, por ejemplo, 2 millones de pesos al mes, pudo haber reportado menos debido a la incertidumbre sobre cuánto estaba ganando realmente, sobre todo si su salario se ajustaba frecuentemente a medida que subía la inflación. Esto también distorsionó la medición de la pobreza, porque los hogares no declararon con exactitud sus ingresos reales. Lo que sucedió en el segundo semestre de 2024 fue que este subreporte de ingresos disminuyó considerablemente. Hubo una mayor transparencia en las encuestas, y esto permitió reflejar de manera más precisa la realidad económica de los hogares. Por eso, si comparamos los datos de pobreza entre el segundo semestre de 2023 y 2024, el impacto de estos dos factores –el desfase de inflación y el subreporte de ingresos– hizo que la caída de la pobreza pareciera más pronunciada de lo que realmente fue. -En cuanto al comportamiento del consumo, ¿cómo explicas las disparidades en su recuperación, como mencionaste anteriormente? -DS: El consumo privado se recuperó, pero de manera desigual. El consumo de bienes durables, como autos, motos y electrodomésticos, tuvo una recuperación mucho más rápida, ya que estos productos fueron muy caros en 2023 debido a la alta inflación y la brecha cambiaria. Ahora que la inflación se estabilizó y las condiciones crediticias mejoraron, el acceso a estos bienes se facilitó y el consumo de estos productos repuntó. Sin embargo, el consumo masivo, que depende más de los productos básicos y de primera necesidad, como alimentos y productos de higiene, fue mucho más lento en su recuperación. Esto se debió a que, aunque la pobreza haya disminuido, los ingresos reales de las personas aún no mejoraron lo suficiente como para que pudieran acceder a estos bienes en la misma medida. De hecho, la recuperación en el consumo masivo estuvo muy vinculada a la evolución de los ingresos reales, y estos no se recuperaron de manera homogénea entre todos los sectores de la población. La brecha entre el consumo de bienes durables y el consumo masivo siguió siendo amplia. “Vaca Muerta fue resultado de una política de Estado que arrancó en 2012 con la estatización de YPF y que fue sostenida por todos los gobiernos", dijo Schteingart -¿Qué perspectivas tenes sobre el futuro de sectores clave como Vaca Muerta y la minería para la economía argentina? -DS: Vaca Muerta fue un sector que ya está en pleno desarrollo y generó divisas para el país, aunque su capacidad de generar ingresos no será infinita ni en el corto plazo. Es un ejemplo de política de estado exitosa, pero hay que tener en cuenta que la apreciación cambiaria limita el impacto de esos dólares en la economía argentina. Aunque la producción de gas y petróleo se incrementó, la mayor parte de esos dólares se consumieron rápidamente en otros sectores, como el turismo al exterior y las importaciones. La minería, por su parte, tiene un gran potencial, especialmente con el litio, pero está muy condicionada por la falta de estabilidad macroeconómica y los marcos regulatorios. A pesar de que se habla mucho de la minería, la inversión extranjera aún es limitada y depende mucho del contexto económico global. Por ejemplo, si los precios de los minerales caen, como ocurrió en los últimos años, los proyectos mineros pueden verse frenados. Se necesitó una estabilidad más robusta para que la minería realmente despegara. -¿Cómo ves la situación de la industria argentina bajo el actual modelo económico? -DS: La industria argentina tiene en una situación heterogénea. Algunos sectores, como el de la alimentación, tendrán un buen desempeño gracias a la salida exportadora, pero otros, como el textil, el calzado y los juguetes, que dependen en gran medida del mercado interno, serán los más golpeados por la apertura de importaciones y la apreciación cambiaria. Estos sectores, en el pasado estuvieron protegidos por políticas de sustitución de importaciones, se verán ahora más vulnerables. La industria automotriz es un caso intermedio. Tiene una salida importante hacia el exterior, especialmente a Brasil, pero enfrenta desafíos derivados de la globalización y los cambios en el mercado mundial. Los avances de China en la industria automotriz y el autos eléctricos pueden ser una amenaza a largo plazo si Argentina no se adaptaba rápidamente. El modelo de desarrollo industrial necesitó evolucionar con las nuevas tendencias globales. -En este contexto, ¿cuál será el principal desafío para la industria argentina? -DS: El principal desafío es la incertidumbre macroeconómica, que afectó la confianza de los inversores. El gobierno deberá lograr consolidar la estabilidad cambiaria y la baja inflación para que la industria pudiera encontrar un espacio para crecer. Si no se lograron estos equilibrios, el proceso de reindustrialización será difícil de sostener. La industria argentina necesita condiciones más estables y políticas públicas que favorecieran tanto a las empresas exportadoras como a las que dependen del mercado interno.

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