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» Jackemate
Fecha: 29/03/2025 19:40
Comparte este Articulo... Por Ricardo Marconi (*) Desde hace un quinquenio un grupo de fiscales trata de encontrar desde su base de operaciones en Alemania y por todo el planeta a criminales de guerra que asesinaron despiadadamente durante el Tercer Reich y siguen con vida, a lo que se debe agregar que puedan ser enjuiciados. Entre los países que han sido investigados está Argentina. Los investigadores, en 2017 conformaron la Oficina Central para la indagación de los crímenes del nacional socialismo y el despacho se encuentra instalado en el edificio penitenciario ubicado en la ciudad barroca de Ludwigsburg, en las afueras de Stuttgart y cerca de la Selva Negra, en el sudoeste de Alemania. El espacio había sido usado por los nazis como un centro de detención y actualmente la dependencia investigadora posee seis departamentos que rastrillan el orbe buscando a miembros de la cúpula alemana asesina. Las búsquedas de información implican para los fiscales los ex campos de concentración de Alemania y Europa Oriental para determinar y obtener pruebas que faciliten acusaciones. La oficina cuenta con presupuesto con el que ya se realizaron veinte viajes –al menos- a América del Sur para hallar nazis vivos que aún ni siquiera han sido acusados. Incluso se efectuó un viaje a la ciudad de Moscú para evaluar archivos donde figuren perpetradores del campo nazi de Sachsenhausen, ubicado en las cercanías de Berlín desde 1936 hasta 1945. Además, se evaluaron los registros de Auschwitz y Ravenbruck para detectar los nombres que no hubiesen sido verificados por sus predecesores. Investigación en otro campo de terror Otro fiscal también realizó una inspección en el campo nazi de Buchenwald, así como en el campo de Stutthot, según el periódico inglés The Guardian, mientras que otro componente de la fiscalía debió ir al campo de Mauthausen, localizado en Austria donde durante el conflicto bélico que culminó en 1945, fueron asesinados 95.000 prisioneros. Los fiscales, cabe dejarlo claro, investigan en el aludido organismo a alrededor de 30 criminales de guerra nazis por año y luego de cotejar datos entregan los mismos a fiscales regionales para que decidan si los llevan, o no, a juicio. Hay que advertir que los sospechados tienen más de 90 años y, en su mayoría, fueron funcionarios de bajo rango, esto es cocineros, guardias, médicos y operadores telefónicos que suelen morir durante el proceso judicial, siendo por lo tanto ínfimas las posibilidades de lograr condenas firmes, las que los críticos de las investigaciones que nos ocupan, estiman que resultan un “sin sentido” para los que se enteran de lo antes explicitado, en función de las chances reales de éxito. La opinión pública alemana se muestra contraria a continuar las investigaciones y el presente año (2025) ha sido considerado como fecha tope de los procesos. Una bóveda custodiada En una bóveda ubicada en el sótano de una vieja prisión de Ludwigsburg se encuentra un archivo en continua expansión con fichas de registro de masacres, batallas, campos de concentración, víctimas testigos y perpetradores. Es el inventario más exhaustivo del mundo de los crímenes nazis y de los intentos de posguerra por llevar a los responsables ante la justicia. Existe sólo una sola copia de los archivos microfilmados, la que está oculta en una localidad sobre la que no se proporcionan datos. El tratado fundamental El Tratado de Versalles sentó las bases para el enjuiciamiento de los criminales de la Segunda Guerra Mundial y gracias a ello se inició mucho antes de lo esperado el proceso muchos antes de que los nazis capitularan ante las fuerzas aliadas el 7 de mayo de 1945. Una semana antes de la rendición alemana, Hitler había sido imputado por la Comisión de Crímenes de Guerra de las Naciones Unidas, habiendo sido conformada en 1943 para investigar los delitos de las potencias del Eje. También se presentaron cargos contra 36.000 alemanes y japoneses, de los cuales -al menos-, 1000 fueron juzgados en aproximadamente 2000 procesos durante cinco años. Ente 1945 y 1949 los tribunales de Alemania Occidental emitieron 4.600 condenas por crímenes del nazismo, pero tras la creación de la República Federal, en 1949, el deseo de olvidar lo ocurrido se impuso, y en razón de ello se cerró la Comisión de Crímenes de guerra de la ONU y los registros fueron clasificados debido a la Guerra Fría. Así se pasó al nazismo del olvido para renacer como el enemigo del comunismo. Muchos de los nazis condenados en los 50 fueron liberados con leyes aprobadas por el Parlamento de Alemania Occidental y restablecieron las jubilaciones a soldados nazis y dieron la libertad condicional a miles de soldados nazis encarcelados por los que se dieron en denominar “delitos contra la vida”. Según el historiador alemán Norbert Frei, las leyes de amnistía favorecieron a 800.000 alemanes y, a fines de la década del 50, miles de nazis fueron liberados y rehabilitados públicamente para ocupar cargos en la administración del Estado. La política de amnistía nunca fue modificada en Alemania Occidental., por lo que la Oficina Central antes mencionada, carecía de atribuciones para procesar a nazis. A partir de 1969, el trabajo de dicha Oficina quedó reducida a perseguir a pocos oficiales nazis, cuyos actos criminales estaban registrados y miles de personas, que sirvieron al engranaje nazi, no rindieron cuentas de ser responsables de sus crímenes de lesa humanidad. Recién a partir de 2007 fue sentenciado por un tribunal, a prisión, Mounir el Mattas que había transferido dinero obtenido por un secuestro de aviones realizado por un grupo terrorista. Se lo condenó a un año de prisión por cada uno de los pasajeros que se hallaban a bordo de los cuatro aviones secuestrados el 11 de setiembre y esa decisión tuvo cruciales implicancias para el enjuiciamiento de los nazis. Si Motassa Deq podía ser culpado de colaborar con la Comisión de los Asesinatos, entonces también podían serlo personas como John Demjanjuk, acusado de ser una exguardia del campo de exterminio de Sobibor. En 201, a los 91 años, Demjanjuk fue condenado como cómplice de asesinato de 28.060 prisioneros durante 1943. Pero el caso fue apelado y el victimario murió en un asilo de Bavaria sin ser encarcelado. La “Lista” Auschwitz En 2013 la Oficina Central preparó la “Lista” Auschwitz, con los nombres de 30 miembros del personal para su enjuiciamiento, pero sólo cinco llegaron a pararse ante un juez de Instrucción. El resto murió o fue declarado inhábil para enfrentar el proceso. El expediente criminal del contador En 2016 fueron enviados a los fiscales 30 casos de criminales de guerra. Ese año Oscar Groening, contador del campo de concentración referido, pasó a ser el primero del listado en ser condenado por el antecedente de Motassa Deq y, así y todo, ninguna potencia aliada proveyó a la Oficina Central alguna copia de las 36.000 acusaciones procesadas por la Comisión. Recién alguna, de manera esporádica, fue proveída digitalmente en 1980. El contador “clasificaba las pertenencias de los reclusos, confiscaba su dinero y hasta escuchaba, por la cercanía de su oficina, los gritos que provenían de la cámara de gas”, según dijo al ser interrogado. Eso sí. Se declaró inocente aprovechando que se había bajado el umbral de culpabilidad de los nazis. Sin embargo, se consideró posible su condena y terminó preso por cuatro años, ya que tenía 20 años cuando se sumó a la SS. Confusión en Buenos Aires Manuela Zeller y Michael Ofte, fiscales de la Oficina –según The Guardian-, estuvieron en Argentina para completar una base de datos de nazis que escaparon a la Argentina después de haber perdido la guerra. Ya había, previamente, hecho veinte expediciones de búsqueda en Brasil, Chile, Paraguay y Argentina. En Paraguay Zeller y Ofte fueron “parados en seco” cuando le dijeron de frente: “Aquí no tenemos nazis”. En Argentina, en el Hotel de los Inmigrante de Buenos Aires, habilitado en 1911- hoy un museo-, se convirtió una habitación en archivo y oficina de trabajo de Migraciones, donde están reunidos y exhibidos los manifiestos de las naves europeas desde 1939 a 1968, con el registro de todos los individuos que llegaron al puerto de Buenos Aires en su búsqueda de asilo o “de un lugar donde esconderse”. Un archivo con datos terminantes En el archivo hay un registro de llegada del austroalemán, en 1949, como Helmut Gregor, el nombre falso con el que se registró Otto Adolf Eichmann, nada menos que la mente logística detrás del holocausto y responsable directo de la denominada “Solución final”. Llegó al hotel en 1950, donde se anotó como pasajero bajo el nombre de Ricardo Klement, nacido el 19 de marzo de 1906, en Solingen, Alemania, falleció el 1º de junio de 1962, en la prisión de Ayalón, Ramla, Israel, donde su cuerpo fue cremado. Su esposa fue Verónika Lieblová (1935-1962) y sus hijos fueron Klaus, Ricardo, Dieter Helmut y Horst Adolf, mientras que sus hermanos fueron identificados como Irmgard Müller, Robert Eichmann, Emil Rudolf y Friedrich. Existe la presunción de la Oficina Central que los oficiales nazis de medio y bajo rango de Alemania no esperaban ser perseguidos por sus crímenes y, por lo tanto, no se preocupaban por modificar sus identidades al desembarcar en América del Sur. Los fiscales Zeller y Ofte estuvieron dos semanas recorriendo listados de pasajeros de 1959 a 1962 para detectar nazis vivos, tanto hombres como mujeres nacidas entre 1918 y 1931, ya que la edad mínima de imputabilidad en Alemania era de 14 años y al arribar a Buenos Aires los buscados tendrían entre 28 y 44 años. Más de 1.000 criminales de guerra Los fiscales, en sus búsquedas, lograron reunir más de 1.000 nombres de criminales de guerra nazi, los que tuvieron que ser entrecruzados con los que figuran en el archivo de Ludwisburg y, si surgían coincidencias se abriría una investigación para detectar nazis vivos, sobre los que se podría investigar. Cuando esas informaciones hayan sido publicadas, el Instituto de Investigaciones y el Archivo Federal –con el que ya comparten el edificio y el espacio físico-, buscan que la escena del crimen sea cerrada y se proceda a condenar a los criminales para que todo llegue a su fin, lo que es un mecanismo de lucha contra el negacionismo del holocausto. “Todavía hay información que reunir”, según aseveró uno de los fiscales. Ante de hacer un nuevo viaje a uno de los excampos de concentración para indagar y pone blanco sobre negro acerca de las actuaciones criminales de los nazis en distintos países, entre los que se encuentra Argentina. (Jackemate.com) (*) Licenciado en Periodismo – Postítulo en Comunicación Política
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