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Opinión
TN hace 4 horas 6 min de lectura

El Mundial, la despedida de Messi y el valor de salir segundo

El subcampeonato dejó algo más que una medalla: ahora, hay una mirada diferente sobre la importancia de los procesos. La emoción del máximo referente de la Selección recordó que incluso las historias más grandes tienen un cierre.

El Mundial, la despedida de Messi y el valor de salir segundo
Foto: TN

La palabra segundez no existe. Es un neologismo que acabamos de inventar. Existe una palabra parecida que es muy peyorativa, que es segundón. Tiene una connotación horrible de ser segundo. Cuando vamos a hablar de segundez, vamos a inventar esta palabra para elogiarla. Para elogiar la condición de salir segundos.

Tiene mala prensa la segundez: la condición de ser segundos. Y en Argentina, tiene una prensa malísima. Es el que no tuvo coraje, el que no tuvo decisión, el que tiene como único destino el olvido. La crítica primero y luego tu camino alfombrado, el olvido. Los que salen segundos.

Argentina fue tradicionalmente impiadosa con sus deportistas -o con todos los rubros- que han salido segundos. Y creo que algo viene cambiando. Digo que viene cambiando porque me parece que estamos reconciliándonos -y esto es una adultización social- con la idea de poder salir segundos y entender que esto es un proceso, una construcción. Que los ciclos deportivos, como en la vida, tardan y hay que sostenerlos. Y todo lo que vale salir segundo entre, a lo mejor, 48 países.

Tiempo atrás, esto era supercriticado. Recuerden que a Reutemann se lo admiró, pero se lo criticaba. También a Gaby Sabatini. Y que Carlos Salvador Bilardo, con sus grandes frases, había dicho: ¿Quién llegó primero a América? Colón. ¿Quién llegó segundo a América? Nadie lo recuerda. Nadie recuerda a los segundos. Esa frase irónica sintetizaba, durante larguísimos periodos y años, esta idea de que el olvido es el destino final de los que salen segundos.

Una celebración distinta

¿Y qué tiene que ver esto con lo que estamos planteando? Uno ve un escenario completamente diferente. Una celebración de la segundez en el obelisco, llena de agradecimiento, de gratitud, de reconocimiento. Y reconocer a quien sale segundo es también ya haber dejado esa adolescencia social en donde los fanáticos lo somos porque los ídolos nos tienen que dar lo que nosotros nos merecemos, que es la felicidad. Y si no me das la felicidad, te paso por la máquina de picar carne y dejás de ser ídolo. Y si lo sos, sos un ídolo con objeciones, despreciado, el segundón. Sí, era muy bueno, pero salió segundo.

Me parece que hay una valoración distinta y un reconocimiento a todo el proceso Scaloni: lo que representó todos estos años, trabajo, constancia. El éxito se consigue con talento, suerte y perseverancia. Y si no, no hay nada que hacer. Y me parece que todos empezamos a entender que, si hay que ordenar estos tres elementos, lo primero es la perseverancia. Perseverancia es no arrojar por la borda un proyecto, sostenerlo, sostener el fracaso, sostener la frustración, dejar de lado el exitismo y bancar y dar oportunidades hasta que un equipo o un proceso tienen una maduración.

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Hay periodos de maduración. Este equipo hizo todo un largo proceso de maduración que dio copas América, un Campeonato del Mundo y ahora se le reconoce este segundo puesto. Me parece que hay ahí algo en donde Scaloni ganó, el equipo ganó y todos ganamos en este crecimiento y en este entendimiento social de lo que representa este neologismo llamado segundez.

La lágrima de Messi

Ahora quiero pasar a la imagen del domingo, a la jugada final de Messi. Messi nos conmovió a todos. Me voy a poner poético: Dios le encargó a Messi darnos momentos conmovedores. El domingo tuvimos un momento final y conmovedor. No es con la zurda, no es la pierna izquierda, es el ojo derecho. Es la lágrima del ojo derecho que todas las cámaras toman, quizás para 1.500 millones de espectadores, en donde Messi nos muestra algo a través de esa lágrima: empieza un proceso de duelo. Empieza a despedirse Messi.

Y él lo sabe y llora y se despide, como nos despedimos todos, no de una Copa del Mundo, sino que nos empezamos a despedir -y esto es más doloroso, me parece, porque otras copas del Mundo va a haber- de Messi. Quizás pueda jugar. Tiene dos años más en el Inter. Quizás pueda intentar o ensayar la Copa América. Pero nadie se engañe acá: corrido el Mundial, lo tenemos encima. Y es que la carrera de Messi, despacito y con todo dolor, y él lo sabe, empieza a terminar. Y empezamos a despedir a un ídolo.

De la mejor manera, porque es un gran jugador, está en un estado físico -el abdomen de Messi, los reflejos, la velocidad en algunos momentos puntuales del partido- que no tiene nada que ver con lo que eran los jugadores de 39 años de hace 10 o 20 años. Eso es real. Pero empieza a ser doloroso y nos mete en un proceso de duelo. Ver que así como a Maradona en el 94 una enfermera lo saca de la cancha, ahora viene el tiempo y lo saca. Es el reloj, como aquella enfermera del 94, quien lo agarra a Messi suavemente del brazo y lo corre de la cancha. Y este es un proceso que se abre en incómodas cuotas.

Todavía Messi no dijo lo que iba a hacer o lo que no iba a hacer, pero todos sabemos que este fue su último Mundial. Esa lágrima del ojo derecho fue su última gran jugada, quizás, dentro de una cancha en un campeonato de fútbol. Y el último Mundial de la historia.

El segundo Maradona

Todo el agradecimiento de saber que estamos despidiendo un ídolo. Tuvimos otro segundo Maradona. Lo tuvimos quizás y lo disfrutamos cuando se terminó de consagrar -esto es una injusticia lo que estoy diciendo, de Maradona-

Hasta que no ganó el Mundial 2022 en Qatar, en esta injusticia despiadada del fanatismo y del hincha, se le reconocía a Messi su trayectoria, el Barcelona y las copas Américas. Pero faltaba para ser Maradona una cosa: un Campeonato del Mundo. Una narración. Un héroe y un villano, que era Francia. Estaba construido el mito. Y entonces Messi sí fue Maradona.

Y ahora vemos que este Maradona nos dura cuatro años y se empieza a despedir. A lo mejor nace otro, pero puede tardar 30 años en nacer. Este tipo de artistas, de jugadores de fútbol o de deportistas nacen cada 30, cada 20, cada 40 años.

Un liderazgo nuevo

El reconocimiento final es para un modo de liderar que también es un espejo lindo para la Argentina. Es el liderazgo, por supuesto, de Messi. Pero además de Scaloni: el tipo con la palabra justa, el tipo que en momentos de polarización maneja la hornalla y baja el fuego cuando todo el mundo lo invita y lo estimula a subir.

El medido tiene la osadía de la mesura. La osadía de tener la serenidad, de reconocimiento al grupo, de generosidad, de no colocarse él delante de los campeones que fueron en Qatar. Poco narcisista, poco egocéntrico y muy generoso. Y nunca olvidando los orígenes. Esto es un liderazgo nuevo, revitalizante para la Argentina. Ojalá que tenga claves de imitación en otros ámbitos.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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