Primeras imágenes post-mundial: se sacude fuerte la interna del PJ, ahora con carpetazos judiciales
El tiempo de descuento después del fútbol, ya comenzó con movidas de ajedrez. El uñaquismo cortraactaca, con base en Chimbas. Aparecen viejos expedientes encajonados. Mientras, se desvela la margarita del sistema electoral en San Juan.
Comienza la era post mundial y se extingue automáticamente la tregua que la política se autoimpuso para frenar definiciones en territorio de escasa atención. Comenzó a correr entonces el tiempo de descuento para la campaña de posicionamiento, paso previo a una campaña de recta final.
Larga la clasificación para conocer qué coches estarán en la carrera final, con epicentro en algunas definiciones que ya se habían cocinado al rescoldo en este tiempo de atención dispersa. La primera, una que ya se venía olfateando: que ambos oficialismos realmente existentes -el nacional y el provincial- tienen todo a punto caramelo para llegar a buen puerto de un acuerdo político. El segundo nace al amparo del primero: que habiendo acuerdo político, falta ahora definir la modalidad electoral que lo contenga. Y el tercero, cómo se mueven los jugadores alrededor de esa nueva realidad.
En el peronismo sanjuanino también parecen no haber perdido tiempo en dilaciones, en estas semanas de supuesto silencio. Y ya se acomodan las fichas para entrar a recta final, al menos conociendo quién es quién.
Lo que ha cuajado es un par de ideas que ya venían asomando la baraja. La primera, que el nombre excluyente de la escuadra es el senador Sergio Uñac, cuyo lanzamiento a nivel nacional para presidente puede leerse cada vez más como una estrategia para pegar arriba para negociar abajo. La segunda, que la nueva grieta del espacio ya dejó definitivamente de ser la clásica Uñac vs. Gioja para redefinirse como Uñac vs el eje RCH. Para llamarle de alguna manera a la territorialidad Rawson-Chimbas que orbita tras los hombres fuertes de esos departamentos, Carlos Munisaga y Fabián Gramajo.
Vamos por la primera. Uñac nunca hasta ahora consiguió instalar su nombre en los aprontes presidenciales. Son muy contados con los dedos los analistas que lo incluyen en el ferviente forcejeo opositor, monopolizado por Kicillof y Cristina pero con protagonistas de reparto variados que rara vez designan al sanjuanino. Como sí lo hacen con Massa, Pichetto, Moreno, Gebel, hasta el banquero Brito.
Está bien dicho hasta ahora, en atención a lo que ocurrió en los dos últimos turnos presidenciales, cuando dos tapados atravesaron en los últimos meses las previsiones de cualquier buen observador. Así llegaron a la presidencia Alberto y Milei, sin aparecer en la foto hasta la atropellada final. Y así podría cómodamente volver a ocurrir, en un país absolutamente imprevisible a nivel político. O por dedazo, o por deflagración, o por lo que sea.
Pero si no ocurre, no significará que resulte todo a pérdida para Uñac. Interpretando sus pasos, parecería darse por satisfecho al menos si consigue acomodar el paño para que sea su dedo índice el que ordene el descalabro peronista local. Es lo que ha empezado a hacer hace tiempo, y profundizado hace poco.
Luego aparecerá el conflicto más grueso para su lógica, el que no pudo resolver eficientemente hace cuatro años. ¿Se señalará a sí mismo con ese dedo, o pensará en pasar el testimonio a alguien de su confianza? Y si es esto último, ¿dónde hay un medidor de confianza, o un diccionario que lo defina?
Sin el obstáculo constitucional que lo sacó de carrera en 2023, para ser él mismo deberá atravesar la valla de las chaces reales de las que dispone en el electorado local. Que por ahora no le son del todo florecientes. Entregar el testimonio lo obliga a otro ejercicio: cuanto de afinidad y confianza entregar, para obtener mayores chances. El caso de 2023 es gráfico sobre eso: su hermano Rubén era claramente el depositario de confianza en estado puro al 100%, mientras que con Cristian Andino se diluía en ese marcador al mismo tiempo que ganaba chances de coronar. Eligió a Rubén.
Ahora Andino ha venido dando señales de pertenencia al círculo duro uñaquista, aunque siendo para ellos un dirigente al que ven gelatinoso y sobre quien piensan que no los interpretará al pie de la letra. Hacen bien, Andino dispone de vida propia, aunque tampoco parece alguien que olvide los compromisos gruesos. Aparece en el radar un par de intendente más afines a Uñac, el pocitano Aballay o la caucetera Rosas. Especial atención sobre el primero de ellos, el silencio y un rango de aceptación más amplio que el de su líder. Se verá en estos meses como resuenan las experiencias y los acomodamientos de 3 años atrás.
Justamente Andino es la pieza que permite zambullirse al segundo punto, el del nuevo surco entre la órbita uñaquista y la de dos dirigentes de recambio para se plantaron enfrente, los del eje RCH. Con el sanmartiniano, la historia pone rumbo a Chimbas porque es donde parece sangrar el eje que desafía a Uñac. El propósito, entonces, es evitar que cauterice.
En Chimbas sobreviven a los tumbos la intendenta Daniela Rodríguez y el ex (intendente) Fabián Gramajo. Hubo capítulos furiosos en esa compulsa porque opera además el factor nada menor de que ambos fueron marido y mujer. Pasaron por episodios de alta tensión. Hasta ahora, que parecía calmado el panorama, ante un supuesto acuerdo entre ambos. Más que las familiares, las distancias que parecían resueltas eran las políticas.
Parecían. Porque bastó una declaración descolocada de Munisaga (¿atropello o error no forzado?) subiendo a Fabián al ring de la sucesión de Daniela, para que el uñaquismo le saltara al cuello. Y lo hizo empleando su carta más potente, la figura de Cristian Andino. Fotos y declaraciones de amistad eterna, hasta se escuchó en voz alta a animadores de micrófono uñaquista postulando a tambor batiente la fómula Andino-Daniela.
Le sirvió al campamento uñaquista para revivir las llagas chimberas que son el talón de Aquiles del emprendimiento RCH que hoy disputa terreno a Uñac con cartas fuertes: nada menos que los dos departamentos más populosos en manos del peronismo, cuyos otros 11 intendentes reportan sin disimulo del lado de enfrente.
No queda claro si a Munisaga y Gramajo (¿con apoyo táctico del giojismo?) le alcanzará para terciar en la disputa de lo más preciado que estará en juego en estos meses: una candidatura a gobernador con potencialidad para ganar, y candidaturas en los departamentos con claras chaces de coronar. Sí está claro que disponen de poder de fuego, al menos, para hacerlos perder. ¿Alguien se imagina al peronismo competitivo con los dos departamentos populares más grandes a la retranca?
Pero si Chimbas les sangra, será un problema para ellos. Y Chimbas parece que sangra, una pax entre Daniela y Fabián o era una ensoñación, o era un asunto pateado para un más adelante que llegó. La intendenta parece dispuesta a que no se las lleven por delante, así lo hace saber.
Mientras el duelo chimbero recobra intensidad, aparecen otros fuegos que levantan temperatura. Y hay uno que hizo centro en Rawson, donde opera la comandancia de Carlos Munisaga, un uñaquista original al que la escuadra del senador parece recelarle su toma distancia.
Es el episodio judicial que investiga un presunto desvío en una compra de 150 computadoras realizadas por la Policía, cuando estaba en manos del jefe del último tramo de la gestión uñaquista, Luis Martínez. Ocurre que a pesar de que hace centro en la administración del ex gobernador, Martínez siempre fue un funcionario de extrema confianza del entonces secretario de seguridad. Es decir, de Carlos Munisaga.
Para comprender a fondo el caso, es decir cómo puede ser que una bomba de corrupción como esa afecte más al superior inmediato que al propio gobernador de entonces, hay que profundizar en las aguas temblorosas de la relación entre las cúpulas policiales y las fuerzas políticas a las que subordinan.
Son siempre límites vidriosos teniendo en cuenta el terreno escarpado que operan: la delincuencia, la relación con los datos de inteligencia, los casos policiales que se exhiben y los que se guardan, las protecciones que se adjudican. En ese tablero, la confianza es el insumo más demandado, excluyente. Y es la clase de relación que había trabado Munizaga no sólo con Martínez sino con la jefatura en pleno, la camina la calle.
Que no sólo pudo haber dejado tranquilo a Munisaga por tener las espaldas cubiertas de lo que pasa en el terreno de juego, la calle, sino también a Uñac. Pero por esas piruetas de los alineamientos políticos, siempre tuvo más preocupado que a nadie a Munisaga cuando dejó la Secretaría para ser intendente rawsino. Temor a que esa causa apareciera reverdecida como por arte de magia años después como un latigazo atado a la evolución de la política. Y ocurrió.
Munisaga sabía más que nadie de la vinculación de Uñac con el terreno judicial de San Juan. Designó no sólo a los 5 cortistas con gente de su propia intimidad, sino también a una catarata de funcionarios aguas abajo. Y entre los fiscales, que son los que ahora disponen sobre los expedientes, tuvo campo despejado para las designaciones con el fallecido fiscal Jimmy Quatroppani, quien fungió como consejero judicial y político del ex mandatario.
Era natural entonces que para las artes que se manejan en la administración de las causas con eje en la política, se produjera alguna resonante reaparición en algún Tribunal si fallar la válvula partidaria. Munisaga siempre tuvo temor a que alguna desobediencia suya en términos de política tuviera como coletazo la reaparición de la causa de las computadoras, sobre la que las sospechas recaen en su gente de confianza. Ambas cosas ocurrieron en secuencia.
El expediente de las computadoras destila misterio por los tiempos que demandó la investigación: tres años para reparar en lo básico. Se compró de un modo particular, a un proveedor relacionado con la administración anterior (sin que quede claro de que sector interno), y nunca se entregó.
También, por el modo de denuncia. La presentó un ex tesorero de la policía, Oscar Vanetti, también condenado por desvíos. Atravesó instancia administrativa y luego saltó a causa judicial en el más estricto de los silencios. Hasta que tres años después, salta a la superficie en boca de un fiscal que acaba de encontrar la punta del ovillo y parece disfrutar de los flashes.
Si fue una devolución de gentilezas ante las desavenencias políticas, habrá sido gastada una importante bala de la cartuchera. ¿La última? ¿O habrá más secretos no contados, tramiten en Tribunales o no?