Significativa reivindicación | La Arena - Noticias de La Pampa y el país
De acuerdo a lo que teorizan algunos psicólogos, las masas suelen verse influidas por acontecimientos aparentemente alejados de la actividad política, pero que ...
Significativa reivindicación
De acuerdo a lo que teorizan algunos psicólogos, las masas suelen verse influidas por acontecimientos aparentemente alejados de la actividad política, pero que obran como motivadores de una suerte de inconsciente colectivo que reacciona y se traslada a los intereses de esos grupos populares. Se diría que la afirmación es perfectamente válida para el suceder actual en nuestro país.
El acontecimiento central ha sido -más allá de las discusiones de detalle- el brillante desempeño de la selección nacional en el campeonato mundial de fútbol, al que llegó con la condición de campeona, para llegar hasta la final como representante del estilo de fútbol sudamericano, opuesto al europeo y a la significación que conlleva. Pero a la actuación meramente deportiva, sobresaliente, se unió un hecho protagonizado por los jugadores de la selección, tan inesperado como digno y valedero: tras triunfar en un partido fundamental, el despliegue de un cartel reivindicatorio de la soberanía argentina sobre Malvinas. El hecho repercutió de inmediato en todo el mundo, tanto por haber pasado por la explícita prohibición de la FIFA en cuanto a manifestaciones políticas (entidad que nada ha dicho sobre la grosera intromisión al respecto del presidente norteamericano) como por el expreso patriotismo de los jugadores, ratificado después en entrevistas personales. Una de ellas, acaso la más significativa, fue la efectuada a Lionel Messi (el mejor jugador de la historia futbolera, según coincidencia del periodismo) en la que expresó que así le daban una alegría a un pueblo que vive mal, obviamente por la acción del gobierno.
Esas y otras declaraciones provocaron la ira del presidente Milei, que en una balbuceante comunicación personal calificó al hecho como una acción patriotera. El tema Malvinas golpeó muy duramente al mandatario, quien -al margen de su condición de expreso admirador de Margaret Thatcher- nunca se había pronunciado con claridad en la cuestión, incurriendo en declaraciones y concepciones francamente antinacionales, tanto propias como de alguno de sus funcionarios, con el caso emblemático del canciller que, excedido de copas, firmó un convenio abiertamente desfavorable para el país. Acaso intuyendo la motivación que pueda desatar el hecho en la masa popular para con su desastrosa política económica y social, tal cual se señalara al comienzo de este comentario, Milei ya había esbozado un distanciamiento en cuanto a cualquier celebración.
Frente a la trascendencia de los hechos, de nada sirvieron las torpes aclaraciones del vocero presidencial, apoyadas en falsedades. Para más, en medio de la conmoción, uno de los grandes diarios ingleses planteó la evidencia de que su país no podrá tener una actitud colonialista por siempre y que, tarde o temprano, deberá negociar con Argentina. Una expresión pública que no se había alcanzado en años de acción diplomática.
Se diría que la situación aparece como completamente opuesta a la actitud mileísta, pero hay más: según las agencias noticiosas, a través de las declaraciones de un alto funcionario de Donald Trump, y horas más tarde ratificadas por el propio presidente norteamericano, el gobierno de los Estados Unidos remarcó el derecho de los jugadores argentinos a exhibir la bandera con la inscripción Las Malvinas son argentinas. Y remachó: La Primera Enmienda de la constitución del país protege la libertad de expresión.