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Opinión
Clarin 14/07/2026 09:27 3 min de lectura

Los debates que la política se pierde

El futuro económico depende menos del mercado y más de las decisiones políticas que se tomen. El impacto de la Inteligencia Artificial, el colapso del conocimiento y la baja natalidad, bajo la mirada de uno de los economistas más disruptivos.

Los debates que la política se pierde
Foto: Clarin

Pocos economistas van contra tantos lugares comunes como el turco-estadounidense Daron Acemoglu. Investigador del MIT y premio Nobel en 2024, se hizo famoso por el libro Por qué fracasan los países, donde reivindicó el papel de las instituciones en el desarrollo económico.

En los últimos años, Acemoglu empezó a cuestionar varias de las certezas sobre la Inteligencia Artificial, el conocimiento y hasta la caída de la natalidad.

Aunque los temas parecen distintos, todos responden a la misma idea: que la tecnología y la economía no tienen un destino prefijado. Sus efectos dependen de las decisiones que toman las empresas, los incentivos que crean las instituciones y las políticas públicas que adoptan los gobiernos.

Sus últimos trabajos

Esa idea atraviesa el paper que publicó el año pasado junto con David Autor y Simon Johnson, en el que cuestionó la premisa de que la IA inevitablemente va a reemplazar a trabajadores.

Para Acemoglu, eso no es una ley tecnológica sino una decisión económica. Si las empresas solo buscan reducir costos y maximizar ganancias, la IA tenderá a hacerlo. Pero también puede diseñarse de otro modo. Depende de los incentivos.

Este año llevó la discusión un paso más allá. En otro paper, que escribió con Dingwen Kong y Asuman Ozdaglar, advirtió sobre un posible colapso del conocimiento humano colectivo por la IA.

El riesgo, sostiene, no es que las máquinas se vuelvan más inteligentes que las personas, sino que las personas dejen de ejercitar las capacidades intelectuales que hicieron posible el progreso científico y tecnológico.

La lógica es que, si delegamos cada vez más tareas cognitivas en la IA, produciremos menos conocimiento original, los modelos se entrenarán con una base cada vez más pobre y se generará un círculo vicioso en el que tanto las personas como la IA perderán capacidad para producir ideas nuevas.

Hace unas semanas volvió a patear el tablero, esta vez con el tema de la demografía. En un nuevo estudio escrito junto a David Autor, Keelan Beirne y Andrew Scott sostiene que la caída de la natalidad no conduce necesariamente a un menor crecimiento económico.

Acemoglu demuestra que, con menos trabajadores, las empresas tienen más incentivos para invertir en tecnología y automatización, lo que eleva la productividad. Al mismo tiempo, el capital disponible se reparte entre menos personas, lo que puede traducirse en mayores inversiones por trabajador y mejores salarios.

Bien leídos, los trabajos de Acemoglu podrían ser útiles para diseñar políticas públicas en Argentina. Por ejemplo, cómo lograr instituciones más inclusivas, cómo usar la IA para aumentar la productividad o cómo encarar el debate sobre la baja de natalidad.

Claro que, para eso, la dirigencia política debería distraerse un poco de sus preocupaciones más urgentes, como la eliminación de las PASO, el regreso de las listas colectoras o quién va a ser el próximo candidato en la provincia de Buenos Aires.

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