Festejar sí, pero sin poner en riesgo a los demás
La clasificación de la Selección Argentina a las semifinales del Mundial volvió a demostrar que el fútbol tiene una capacidad única para reunir a miles de personas. Plaza Ramírez fue, una vez más, el punto de encuentro elegido por familias, jóvenes y
Festejar sí, pero sin poner en riesgo a los demás
La imagen de una plaza colmada de banderas, camisetas y cánticos habla de una sociedad que encuentra en el deporte un motivo para abrazarse y celebrar. Esa postal merece ser destacada.
Sin embargo, la euforia también dejó algunas escenas que invitan a la reflexión. Un deck de un local gastronómico cedió luego de que varios hinchas se subieran a saltar sobre la estructura. Afortunadamente, debajo no había personas y el episodio no terminó en una tragedia. Bastó un golpe de suerte para que la historia no fuera otra.
También se observaron vehículos circulando por sectores peatonales, en medio de una multitud. Aunque existió un importante operativo policial y se dispusieron cortes de tránsito para proteger a quienes participaban de los festejos, hubo situaciones que escaparon al control y que pusieron en riesgo la seguridad de los presentes.
No se trata de cuestionar la celebración. Al contrario, festejar es parte de la esencia del deporte y de la identidad de un pueblo futbolero como el argentino. Pero celebrar no debería significar ignorar las normas básicas de convivencia ni exponer la integridad propia o la de terceros.
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Cada triunfo de la Selección debería dejar únicamente recuerdos felices. Para que eso ocurra, la pasión tiene que ir de la mano de la responsabilidad. Cuidar los espacios públicos, respetar las indicaciones de las autoridades y pensar en quienes están alrededor también forma parte del festejo.
Porque un campeonato se puede volver a jugar. Una vida, no.