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Diariochaco 12/07/2026 03:17 8 min de lectura

El corazón de la Selección y la lección eterna de René Favaloro

¿Puede un país jugar con el corazón sin olvidar lo que eso representa? Mientras la Selección busca otro triunfo en el Mundial 2026, el aniversario del nacim

El corazón de la Selección y la lección eterna de René Favaloro
Foto: Diariochaco

Mientras Argentina disputa el Mundial de 2026, el calendario vuelve a reunir al país con una de sus figuras más trascendentes: René Favaloro, llegado al mundo el 12 de julio de 1923. Es decir que este domingo recordamos los 103 años de su natalicio. Como esas piruetas raras que nos muestra la realidad, la Asociación del Futbol Argentino (AFA) compartió un video que aquí mismo se puede observar en el cual se invocó el corazón como órgano y como símbolo de identidad. Lo que sostiene la vida también puede representar una manera de entender el deporte, sobre todo el fútbol que tantas pasiones genera en nuestro pueblo. Eso sí, el amor por la Patria, la solidaridad y el compromiso colectivo que tanto enseñó don René Favaloro, no parecen tener muchos puntos de contacto con el modelo de vida que representa el presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia.

Estas líneas se escribieron y publicaron un par de horas antes de la realización del partido entre Argentina y Suiza por la instancia de cuartos de final del Mundial 2026. Aclarado esto nos permitimos, en medio de la euforia futbolera, esta reflexión semanal sobre lo que significa vivir en este punto del planeta. Así que avancemos.

Cada Mundial ofrece una oportunidad para mirar a la Argentina desde un lugar diferente. Durante unas semanas el país parece encontrar un idioma común. Las diferencias se suspenden, las discusiones cotidianas pierden intensidad y una camiseta consigue lo que casi ningún otro factor logra: reunir generaciones, clases sociales, credos e historias personales bajo un mismo sentimiento.

Sobre todo, después de los últimos resultados, se habló mucho del "corazón" del equipo para describir su entrega. Se dice que nuestros futbolistas "juegan con el corazón". Se celebra que un grupo "tiene corazón". La metáfora aparece una y otra vez porque, en definitiva, el corazón representa aquello que impulsa la vida y también aquello que expresa los valores más profundos de una comunidad.

El amor por la Patria, la solidaridad y el compromiso colectivo que tanto enseñó don René Favaloro, no parecen tener muchos puntos de contacto con el modelo que representa el presidente de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia.

EL CORAZÓN DE RENÉ

Favaloro fue un médico que revolucionó la cirugía cardiovascular mediante la invención y la difusión del bypass coronario. Así convirtió al corazón en objeto de ciencia, pero también de reflexión ética. Habló de arterias, ventrículos y circulación sanguínea, aunque casi siempre terminaba hablando de personas, de justicia social y de la Argentina más profunda, la que él conoció con sus años ejerciendo como médico rural.

Favaloro nunca aceptó que la medicina pudiera reducirse a un intercambio comercial donde el paciente pagara por la consulta al profesional que en sus propias palabras- "tuvo el privilegio de formarse en una universidad" . Para él, el conocimiento sólo adquiría sentido cuando estaba al servicio del otro. "La medicina sin humanismo médico no merece ser ejercida", repetía en conferencias y entrevistas. Esa frase resume una concepción del trabajo que excede ampliamente a los hospitales. El talento, sostenía implícitamente, pierde valor cuando se separa del compromiso con la sociedad.

PUENTES HISTÓRICOS

Quizá por eso el fútbol ofrece un puente inesperado con su pensamiento. Una selección nacional nunca se explica únicamente por la capacidad técnica de sus futbolistas. También necesita solidaridad, confianza mutua, sacrificio y sentido colectivo. Ningún campeón se construye desde el individualismo absoluto. Del mismo modo que un corazón depende del funcionamiento coordinado de millones de células, un equipo necesita comprender que ninguna figura puede sobrevivir aislada del resto.

La gente de la AFA lo entendió y armó el video que dio pie a este texto. Pero sería muy irresponsable de nuestra parte de quedarnos contentos únicamente con la "buena idea" de la analogía planteada en poco más de un minuto del audiviosual que anda circulando en redes sociales. Sobre todo, porque la Argentina de 2026 muestra cotidianamente actitudes que nada tienen que ver con un sentimiento colectivo. El "sálvese quien pueda" impuesto como moda en este país durante la década de 90 se ha manifestado acrecentado en esta mitad de la década del 20, ya en el Siglo XXI. Para colmo, acrecentado por las manifestaciones de odio e intolerancia con cualquier atisbo de diversidad en el pensamiento en donde brillan por su protagonismo los principales dirigentes políticos actuales. El modelo de los insultos cruzados tiene muchos jugadores antes y después de cada Copa Mundial de futbol, que viene a ser como una "pausa para hidratación".

Volviendo al médico platense, encontramos una frase que adquiere un significado especial mientras millones de argentinos siguen el Mundial. "Proceder con honestidad en aras de la ética es cumplir con un deber." No era una consigna abstracta. Era una norma de vida. La ética, para Favaloro, no era un discurso para ocasiones solemnes sino una práctica cotidiana. Significaba rechazar privilegios indebidos, sostener la palabra dada y comprender que la responsabilidad profesional tenía consecuencias concretas sobre la vida de las personas. Los hinchas desde las tribunas suelen resumirlo con una expresión sencilla: "dejar todo". Favaloro probablemente habría preferido otra formulación, pero difícilmente hubiera discutido el fondo del concepto.

El modelo de los insultos cruzados en redes sociales, tiene muchos jugadores en nuestro país, antes y después de cada Copa Mundial de futbol, la cual viene a ser como una "pausa para hidratación".

AMOR DECLARADO

Lo que el Mundial hace gritar a millones, incluso a quienes no suelen ser fanáticos del futbol en otros momentos, es "Te amo Argentina" . Ahora bien, si tenemos que ver gestos concretos de amor por el país debemos volver a René Favaloro. Él pudo haberse quedado definitivamente en los Estados Unidos, donde era reconocido como uno de los principales cirujanos cardiovasculares del mundo y por su patente del by pass tenía regalías automáticas de dos millones de dólares anuales. Sin embargo, eligió regresar para construir en la Argentina un centro de excelencia médica. Aquella decisión sintetizó toda una filosofía. "Debemos más de lo que creemos a quienes nos dieron la posibilidad de llegar hasta aquí", refería como un mandato cívico.

Esa convicción explica por qué nunca separó la medicina de la educación ni la ciencia del desarrollo nacional. "La lucha debe ser permanente y cotidiana", insistía cuando hablaba de transformar la realidad argentina. No concebía ciudadanos resignados. Tampoco aceptaba la indiferencia como respuesta frente a las injusticias. Para él, el conocimiento implicaba una obligación moral. Tal vez allí aparezca un punto de encuentro con el trabajo en equipo de esta selección argentina de fútbol, que exhibe además un cuerpo técnico tan admirable por sus logros como por las formas de trabajar en silencio y de manera mancomunada.

Pero, como Favaloro, deberíamos apuntar mucho más arriba. Los grandes equipos no solamente representan un resultado deportivo. También funcionan como espacios donde una sociedad proyecta sus aspiraciones. Cuando un futbolista corre para recuperar una pelota perdida o cuando un compañero sacrifica protagonismo para beneficiar al grupo, miles de personas creen ver reflejados valores que desearían encontrar también en otros ámbitos de la vida pública.

También Favaloro dejó una advertencia que el tiempo convirtió en una de sus frases más citadas: "Es imposible disociar lo profesional de lo humano." En esa afirmación conviven el médico, el docente, el investigador y el ciudadano con el oficio que cualquiera pueda imaginar. "Ninguna profesión puede desligarse de las consecuencias sociales de sus actos", sostenía con claridad meridiana. Cada quien sabrá mirarse al espejo de sus actos.

Cuando un futbolista corre para recuperar una pelota perdida o cuando un compañero sacrifica protagonismo para beneficiar al grupo, miles de personas creen ver reflejados valores que desearían encontrar también en otros ámbitos de la vida pública.

¿CUÁNDO TERMINA EL JUEGO?

Tal vez haya que advertir que un seleccionado nacional termina representando, al menos en el fútbol, mucho más que noventa minutos de competencia. Se transforma en un espejo emocional donde un país busca reconocerse. La metáfora termina cerrándose casi naturalmente. Un corazón sano necesita circulación constante para mantener con vida a todo el organismo. Una sociedad también requiere que circulen valores como la solidaridad, la honestidad, la educación y el compromiso. Favaloro trabajó toda su vida para que esa circulación nunca se interrumpiera. La Selección, cuando logra expresar el esfuerzo colectivo, recuerda que ningún triunfo importante nace únicamente del talento.

Finalmente, aunque los peores ejemplos se vean multiplicados en las redes sociales, somos de los que creemos que existen muchísimos corazones argentinos que laten (antes, durante y después de que suene el silbato en un partido de futbol) al influjo de ejemplos como los de René Favaloro. Él es símbolo, pero los ejemplos de solidaridad, de compromiso social y amor al prójimo siguen sosteniendo lo mejor de la sociedad en la que vivimos.

Jamás podríamos exponer, además, la idea que el impulso del país hacia un tiempo mejor esté sostenido únicamente por sus condiciones económicas. La ética, el respeto a la diversidad, el reconocimiento del esfuerzo ajeno, la igualdad de oportunidades y el amor por la patria son esenciales e inherentes a nuestra condición humana. Al menos esa es la Argentina a la que queremos alentar cada día, haya o no una Copa Mundial en disputa.

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