El crédito en pesos sigue frenado y enfría la recuperación del consumo - Informe Digital
La mora récord y las tasas altas traban los préstamos a familias y empresas, pese a señales de mejora en la liquidez.
El crédito en pesos al sector privado sigue sin despegar y eso le pone un techo a la recuperación del consumo y de la actividad. La combinación de mora récord, tasas altas y salarios debilitados dejó a bancos y familias en una posición más defensiva, según el análisis de consultoras citadas por Infobae.
Desde mediados de 2025, la demanda y la oferta de préstamos vienen golpeadas por la aceleración inflacionaria, la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento del financiamiento. El resultado es un mercado más chico, más selectivo y con menos margen para sostener un rebote del consumo interno.
La mora bancaria casi se cuadruplicó en un año y llegó al 12,7% de los créditos de las familias a fines de mayo, el último dato oficial disponible. Ese deterioro de la capacidad de pago achica todavía más el acceso al crédito y empuja a las entidades a endurecer condiciones para prestar.
La situación se complejiza por el deterioro de la capacidad de pago de los hogares
A partir de junio de 2025, el costo del dinero para los particulares subió en paralelo a la inflación. Aunque la suba de precios empezó a moderarse en el segundo trimestre de 2026, los bancos siguen cautos frente al aumento de los incumplimientos y priorizan recuperar cartera antes que expandirse.
El impacto ya se ve en los principales indicadores del crédito al consumo: tanto los préstamos personales como las tarjetas muestran caídas interanuales y una contracción acumulada en los últimos ocho meses. Las entidades exigen más requisitos para aprobar operaciones y eso termina cerrando aún más la canilla para las familias.
La morosidad alcanzó en mayo su nivel más alto en casi 25 años. Ese salto obliga a los bancos a sostener tasas activas elevadas para cubrir el mayor riesgo de incobrabilidad, aun cuando el Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestra una mejora en la liquidez y una baja en la inflación esperada.
Según Invecq Consultores, la expansión del crédito entre comienzos de 2024 y mediados de 2025 fue clave para explicar el rebote económico, sobre todo en sectores ligados al consumo. Ese ciclo se cortó con el desarme de las LEFI y la tensión preelectoral de julio de 2025, que elevó la volatilidad de las tasas y, junto con el endurecimiento de los encajes, empujó un salto en las tasas activas.
Las entidades financieras priorizan la recuperación de la cartera en mora y exigen condiciones más estrictas para aprobar nuevas operaciones
La normalización de encajes entre febrero y abril de 2026 ayudó a bajar la volatilidad y permitió que algunas tasas pasivas retrocedieran del 50% al 20% de TNA. Pero las tasas activas siguen en niveles muy altos: alrededor del 65% en préstamos personales y del 85% en tarjetas, frente a una inflación esperada inferior al 30% interanual.
Ese desfasaje explica por qué el crédito no termina de recomponerse. La mora pasó de 2,7% en enero de 2025 a 12,1% en abril de 2026, según el BCRA, y en mayo volvió a subir levemente, de acuerdo con la consultora.
Un informe de Qualy ubicó el financiamiento bancario total a las familias en $43,1 billones al cierre de junio, con una caída mensual del 1,9% y un retroceso interanual del 4,4%. Frente a agosto de 2025, la baja acumulada llega al 8,8%, con un ajuste más fuerte en tarjetas de crédito y préstamos personales.
La firma sostiene que la retracción no responde solo al costo financiero y a la cautela bancaria, sino también a la falta de tracción de la demanda, con presupuestos familiares deprimidos y menor capacidad de repago. En ese marco, los hogares priorizan gastos esenciales y postergan obligaciones, lo que alimenta el círculo de mora y restricción crediticia.
La restricción presupuestaria obliga a las familias a priorizar gastos esenciales y postergar el cumplimiento de obligaciones financieras (Qualy)
PWC, por su parte, advierte que la mora en la cartera de préstamos al sector privado tocó un pico en el primer cuatrimestre de 2026 y que volver al promedio de largo plazo puede llevar entre siete y doce meses. Mientras tanto, los bancos mantienen criterios restrictivos y el crédito en pesos sigue sin recuperar dinamismo.
First Capital Group detectó en junio un leve repunte real del crédito en pesos al sector privado, impulsado por operaciones comerciales. Guillermo Barbero, socio de la consultora, señaló que fue el primer mes positivo en términos reales después de cinco de retroceso, aunque aclaró que el avance sigue siendo modesto y que las carteras vinculadas a particulares continúan rezagadas.
El saldo de préstamos personales llegó a $21,2 billones, con una suba nominal del 0,9% mensual y del 30% anual. Ajustado por inflación, eso implica una baja del 1% en el mes y del 2,9% interanual, con nueve meses seguidos de caída real.
Los acuerdos paritarios cerrados sobre la base de registros inflacionarios más altos comenzarían a generar ganancias reales de poder adquisitivo (PWC)
Hacia adelante, el salario real puede mover parcialmente la aguja. PWC plantea que, si la desaceleración inflacionaria se sostiene, los acuerdos paritarios firmados con referencia a precios más altos podrían empezar a dejar mejoras reales en el poder adquisitivo y empujar algo más de demanda de pesos y financiamiento.
El Banco Central proyecta en su Informe de Estabilidad Financiera que la intermediación en pesos retomará crecimiento en los próximos meses, acompañada por una mejora de la actividad y una baja en las expectativas de inflación. Invecq, en cambio, advierte que aun con una moderación de los incumplimientos, las tasas actuales hacen difícil esperar un repunte fuerte del consumo.
Aunque el ritmo de incumplimientos comenzó a moderarse, los actuales niveles de tasas de interés hacen poco probable un repunte fuerte del consumo interno (Invecq)
En síntesis, la recuperación del crédito sigue atada a tres variables que todavía no terminan de alinearse: la morosidad, el salario real y la respuesta de los bancos. Mientras eso no cambie, el financiamiento al sector privado seguirá lejos de convertirse en motor de la economía.