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AIM Digital hace 2 horas 3 min de lectura

El 92 por ciento de los animales marinos analizados a 2.000 metros de profundidad contenía partículas sintéticas

El 92 por ciento de los animales marinos analizados a 2.000 metros de profundidad contenía partículas sintéticas
Foto: AIM Digital

Los océanos esconden secretos fascinantes y, lamentablemente, también pruebas irrefutables de las consecuencias más nocivas del comportamiento humano. Un impactante hallazgo científico reveló que la contaminación global alcanzó uno de los rincones más inaccesibles del planeta. La prestigiosa revista científica Water Research publicó un estudio del Korea Research Institute of Bioscience and Biotechnology que demuestra cómo los residuos plásticos colonizaron los fondos marinos más remotos.

La investigación se concentró en analizar la fauna que habita en los ecosistemas de fuentes hidrotermales, auténticos oasis biológicos situados a unos 2.000 metros de profundidad. Los científicos recolectaron ejemplares de caracoles provánidos y mejillones modiólidos en la cordillera central del océano Índico y en la cuenca de la fosa de Fiji del Norte, en el océano Pacífico.

Luego de los análisis correspondientes, el equipo descubrió que el 92 por ciento de estos animales marinos albergaba micropartículas sintéticas en su interior, una cifra alarmante que evidencia la magnitud de la crisis ecológica.

Hallazgos en el abismo marino

Los resultados del análisis revelaron un promedio de 3,4 partículas por espécimen. Aunque esta cantidad es inferior a la que suele registrarse en especies que habitan zonas costeras, el hecho de que 11 de los 12 individuos estudiados estuvieran contaminados confirma que ningún ecosistema terrestre se encuentra a salvo de esta problemática.

El estudio destaca que más de la mitad de los materiales detectados, concretamente el 56 por ciento, correspondía a poliestireno, un componente ampliamente utilizado en embalajes baratos y vasos descartables.

Este dato contrasta con la composición de la basura que flota en la superficie del agua, donde predomina el polietileno o el polipropileno. El tamaño de los fragmentos recuperados en el abismo oscilaba entre los 81 m y los 1,2 mm.

En el caso de los caracoles, las partículas dañinas se localizaron principalmente en el aparato digestivo. En los mejillones, que obtienen su alimento mediante filtración, los microplásticos se distribuyeron de manera uniforme por todo su organismo.

Diferencias geográficas alarmantes

La distribución de estos residuos no fue homogénea en las áreas analizadas por los expertos. Las muestras recogidas en el océano Índico presentaron una concentración de partículas notablemente superior a las del océano Pacífico, con 1,9 veces más elementos por espécimen y entre tres y 15 veces más por gramo de peso corporal.

Esta diferencia se debe principalmente a los patrones de circulación de las corrientes marinas, que acumulan los desechos en puntos muy específicos de la geografía subacuática.

Hasta hace poco tiempo, la comunidad científica mantenía la esperanza de que las grandes profundidades del océano permanecieran protegidas de esta degradación, debido a que la mayoría de los plásticos tiende a flotar en la superficie.

Sin embargo, este nuevo trabajo de campo descarta esa hipótesis y demuestra que los residuos terminan descendiendo inevitablemente hasta depositarse en las fosas más oscuras y alejadas de la civilización humana.

Un futuro sistema de vigilancia

El hallazgo de estos componentes artificiales en un entorno tan hostil y remoto abre una nueva instancia de debate sobre la gestión de residuos a nivel global.

La contaminación por plásticos se ha extendido incluso a los ecosistemas de fuentes hidrotermales de aguas profundas, que antes se consideraban entre los entornos más aislados de la Tierra, explicó el investigador Se-Joo Kim mediante un comunicado oficial para alertar sobre la preocupante situación de estos ecosistemas vulnerables.

La detección de esta agresión ambiental en especies tan singulares servirá para diseñar nuevas estrategias de protección internacional.

Nuestros hallazgos proporcionan evidencia científica importante para establecer futuros sistemas de monitorización ambiental de aguas profundas y políticas de conservación, concluyó el experto del prestigioso instituto asiático.

El desafío consiste ahora en desarrollar herramientas eficaces que permitan monitorear la salud de estas áreas marinas protegidas frente a una amenaza silenciosa que parece no tener límites geográficos.

Fuente: National Geographic

AIM Digital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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