¿Argentina racista? El debate que reabrió el Mundial, a 210 años de la Independencia
Los reclamos de Egipto y cuentas de redes europeas y norteamericanas reflotaron un artículo del Washington Post que durante Qatar 2022 se preguntaba por qué la Scaloneta "no tiene jugadores negros".Una antropóloga que estudió pueblos originarios, un
El 8 de diciembre de 2022, mientras la Selección de Messi y Scaloni estaba esperando la épica batalla de octavos de final contra Países Bajos, el Washington Post publicaba un artículo que iba a recuperar un antiguo enigma académico: ¿Por qué Argentina no tiene más jugadores negros en el Mundial?.
La piedra en el aire amplificó un debate que, como todo, pasó del campo historiográfico y biológico a Twitter, Instagram, al Chiringuito y a los Polémica in the Pub ingleses, franceses o norteamericanos de turno. Hoy, a 210 años de nuestra Independencia, tras horas febriles de llantos futbolísticos del entrenador de Egipto, peleas entre Mbappé y una legisladora paraguaya xenófoba y aires imperiales del anfitrión mundialista Trump, esa antigua discusión hierve de nuevo.
¿Argentina es un país racista? ¿La población afro fue exterminada en las guerras de la Independecia? ¿El virreinato primero y nuestros próceres después, fueron supremacistas? ¿Venimos de los barcos?
De dónde vienen tus amigos
La antropóloga Ayelén Di Biase propone un desafío: "Preguntale a tu grupo de amigos de dónde son sus padres o abuelos". Hecho.
La respuesta sorprende. Nico dice abuelas correntina y paraguaya. Nacho, una ensalada: Corrientes, Chaco, Paraguay, Entre Ríos, Alemania e Italia. Iván, "full paraguayos, italianos y españoles". Pablo tiene jujeños de Palpalá y Gonzalito, cordobeses de Mina Clavero.
"El Conurbano tiene una primera ola migratoria post segunda Guerra Mundial. Después empieza a nutrirse de una migración interna", dice Di Biase, profesora en Ciencias Antropológicas de la UBA y autora de la tesis doctoral de CONICET titulada Nosotros somos los verdaderos originarios.
Las primeras olas, divulga Magdalena Candioti en su libro Una historia de la emancipación negra, tienen más de un 75% de españoles e italianos, y el restante 25% de otras partes de Europa, sirio libaneses y un 2% de países limítrofes.
"Los analistas norteamericanos o europeos son extremadamente etnocentristas. ¿Qué significa esto? No pueden ver el mundo de otra forma que como lo ven ellos", dice Di Biase. En criollo: no entienden por qué no ven a personas afro en la Selección. Imaginan que eso significa que no existen en nuestro territorio.
"No es que no seamos racistas los pueblos argentinos: pero eso no tiene nada que ver con el proceso de selección de nuestros futbolistas. De hecho muchos son sacados de contextos marginales, que salvo pocos casos, no son de grupos sociales privilegiados", agrega.
Pienso en el Burrito Ortega. En Pulga Rodríguez o, más vigente, Cuti Romero. De ahí la pregunta en el chat con tus amigos. ¿Cuántos de los ancestros correntinos, santiagueños o tucumanos, pampeanos o bonaerenses, podrían tener genes de pueblos originarios y no lo sabemos?
"Hay un proceso de invisibilización de los primeros dueños de nuestros territorios, que fueron postergados en todo el relato histórico argentino. El Estado Nación argentino sí ha sido racista. Las Campañas del Desierto y la Campaña de Gran Chaco abastecieron a los gobiernos de territorios, mataron a líderes indígenas y generaron una idea de que 'el indio no existe más'", profundiza Di Biase.
Y cuenta que a muchos líderes indígenas los encerraron en la Isla Martín García. Otros aparecieron en el Museo de La Plata. "A muchos varones que sobreviven a la campaña del Desierto los redireccionan a ingenios azucareros al Norte. A los varones los tiran en Buenos Aires y, a las mujeres y niños, los ponen como mano de obra baratas en casas de familias acomodadas de Capital Federal", agrega.
¿Qué tiene que ver esto con Cuti Romero y Lisandro Martínez? Que entre el edulcorado slogan crisol de razas para referirse al mestizaje entre europeos y originarios y nuestros antepasados hubo "más de cien años de genocidio y etnocidio de culturas". Muchos podemos tener sangre guaraní, quechua o mapuche y no saberlo, porque "la historia sembró la idea del indio como algo malo, siniestro, ignorante, y las comunidades dejaron de transmitir su comida, su música o religión".
En síntesis (o no), para Di Biase: "Los Estados Unidos siguen sosteniendo una política tremenda de Apartheid. Hasta la década de 1960 ocurrió que Rosa Park se negó a dar el asiento en un colectivo y generó un tole tole tremendo. Y hay mil ejemplos actuales, como el de George Floyd".
El senegalés que abrazó el Conurbano
Hace poco volví a ver El Padrino 2. Un niñato Vito Andolini llega a Norteamérica en barco, sin hablar una palabra en inglés, huérfano por culpa de la mafia siciliana y empieza a convertirse en el mito de Robert De Niro: Corleone, como su pueblo; de la miseria absoluta a la familia real de la Cossa Nostra neoyorquina.
La historia de Mame Massamda Ndiaye, apodado Mario por unos remiseros de la calle Zuviría de José C. Paz, es similar. Dicen los buenos historiadores que los libros narran grandes proezas de hombres de bronce, pero poco sabemos de los artesanos de la Revolución de Mayo, de los mulatos de Encarnación Ezcurra o de cada correntino que murió en las Malvinas.
Mario te la resume así nomás. "Al principio se burlaban de mi nombre. Me decían 'Mamame La Samba'. Pero son los únicos que me enseñaron español", cuenta.
"De chiquito en Dakar, capital senegalesa, siempre veía una postal de Copacabana que tenía mi tío, y soñaba con conocer ese lugar", relata en castellano pausado el vendedor de 45 años. "Así que en el Mundial 2014 viajé de Senegal a Brasil".
Junto a otros 30 compatriotas, pagó un pasaje en avión a Quito y le encomendó 850 dólares a una ecuatoriana que le garantizaba el cruce ilegal, siempre de noche y a través de selvas y ríos, de Ecuador a Perú y de Perú a Brasil. "De día nos escondían en departamentos, de noche nos movíamos a pie por pantanos, árboles, siempre a escondidas de las linternas de policías", recuerda.
El 9 de enero de 2014 estuvo en un campo de refugiados de Brasil, donde el Gobierno les daba techo, comida y otorgaba ciudadanía. "En Brasil sufrí racismo, en Argentina no", dice Mario. En un viaje en colectivo, un blanco limpió el asiento que él había usado antes de sentarse. "Algo así acá no me pasó jamás".
Mario vino a conocer Argentina y cruzó a El Dorado (Misiones). En Buenos Aires tomó el San Martín y bajó en José C. Paz. Durmió la primera noche en la plaza, le dieron comida en la iglesia y otros compatriotas lo ayudaron a vender sus primeros cintos y billeteras.
"Conocía al dueño de una remisería que me dio una mesita y me ofreció vender en su vereda, no quiso recibir ni un peso. Su esposa me lavaba la ropa. Hoy para mí son mis padres, le hago un regalo cada día del padre", dice.
Por supuesto: no todos los Mario tuvieron su mecenas remisero. "Tuve suerte pero me dediqué al trabajo. De a poco fui a Once, compré más mercadería. Alquilábamos un cuarto entre 7 senegaleses, después me mudé solo a un departamento arriba de Checho".
Checho es un local de sandwiches de miga frente a la vía muerta del Urquiza Cargas, en el centro comercial de José C. Paz. Arriba vive Mario, que se enamoró y tuvo dos hijas argentinas, de 1 año y de 4. "Quiero que puedan conocer Senegal y elegir la vida que quieran", dice.
Mario, o Mame Massamda, está tramitando el documento argentino. Domingo por medio, el cura José Luis de la Parroquia San José Obrero les presta la iglesia a él y a sus compatriotas para rezar. Sigue siendo musulmán, pero los sacerdotes de la ciudad, bajo la línea eclesiástica del Papa Francisco, "son de los que reciben a todos, saben que no hacemos lío, no tomamos alcohol, nos dejan conservar nuestra cultura".
Mapas, colonización y Malvinas
¿Somos racistas? ¿Más o menos que los estadounidenses? ¿Hay más horizontalidad en nuestra sociedad? ¿Los ingleses y norteamericanos están ocupando la Patagonia? Los periodistas y los científicos llegamos a conclusiones resbaladizas cuando las respuestas son ambiguas.
Agustín Cardozo Cabrera, estudiante de Relaciones Internacionales de 23 años, es fundador de Mapeo Argentino, una comunidad "dedicada a la producción y difusión de material cartográfico histórico de la Argentina con fines educativos". Es malvinero y le acerca sus estudios a embajadores, cancilleres y diplomáticos con afán de instalar en el mundo argumentos de nuestra soberanía.
Entre otros trabajos, desarrollaron un mapa del Virreinato del Río de la Plata "para entender el contexto en que se hizo nuestra revolución", explican en su cuenta de X. El mapa exhibe que el Virreinato no sólo abarcaba las tierras de lo que actualmente es Argentina, sino también Uruguay, Paraguay, Bolivia, pequeños territorios del actual Chile, partes de Brasil, las Malvinas e incluso dos islas en África.
"El Virreinato del Río de la Plata se fundó en 1776, por orden del rey español Carlos III, y su primer virrey fue don Pedro de Cevallos. La capital se estableció en Buenos Aires, y contaba con múltiples subdivisiones", detallan. Su proyecto deja en evidencia que el territorio español ya incluía las actuales provincias patagónicas de nuestro país (con las Malvinas adentro), contra lo que pregonan los europeos que se refieren a la nación Argentina como "colonizadora" por las campañas sobre territorios indígenas.
Es compleja y extensa, la abolición de la esclavitud en nuestro país. Fue la Asamblea de 1813, promovida por el Segundo Triunvirato y apadrinada por San Martín, la que decretó la Libertad de Vientres. Todos los hijos de esclavas nacidos a partir del 31 de enero serían libres.
Claro que había matices: pasó mucho tiempo hasta que se extinguió efectivamente. En primer lugar, porque Buenos Aires era puerto clave para la trata de personas. En segundo, porque los bebés de las esclavas serían, a partir de entonces, parte de un "protectorado" a cargo de los patrones de sus madres, que podían seguir alquilándolos para trabajos en casas o campos; o incluso vender a mulatas embarazadas para no cargar con el peso de un futuro liberto.
¿Otras formas de conseguir la libertad? Un esclavo podía ahorrar y pagar por ella (ja); o ir a la guerra y, al terminar su servicio militar (en el remoto caso de que siguiera vivo), independizarse de sus patrones.
Si por esto critican los europeos o los EE.UU la ausencia de delanteros mulatos en la Scaloneta, Cardozo Cabrera, el joven referente de la cartografía argentina, destaca la "hipocresía" del caso de Haití, por ejemplo. "Después de la Revolución Francesa, que declaró la libertad e igualdad de derechos de los hombres, colonias como Haití siguieron teniendo esclavos", dice.
Y agrega la antropóloga Di Biase: "Hay reels que suelen venir de España que dicen que su país no tuvo un proceso de colonización porque se mestizaron: que los yanquis no se mestizaron, por eso tienen políticas estatales racistas de larguísima data; en cambio ellos son 'progresistas'. ¿Hubo un proceso de mestizaje? Sí, pero eso no implica que no existiese un proceso colonial. A los pueblos originarios los sometieron a un genocidio y a explotación de mano de obra igual que a los afrodescendientes".
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